No pasaron desapercibidas durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Annika Schleu y Kim Raisner se ganaron el repudio masivo, tras ser descalificadas de la prueba de pentatlón moderno por maltrato animal. Saint Boy, el caballo con el que Annika Schleu estaba en plena competencia se negó a saltar uno de los obstáculos, frenó en seco y tiró a la amazona al suelo. Ante la negativa del equino, la entrenadora Kim Raisner le infligió un puñetazo delante de todos, competidores, jueces, voluntarios y público televisivo.

Hasta allí, Schleu lideraba la prueba y era las principales candidatas a ganar la medalla de oro antes. Pero la prueba de hípica la dejó sin nada y con lágrimas brotando de sus ojos. Los antecedentes la imponían así: fue medalla de oro de pentatlón moderno en los Campeonatos del Mundo de 2012 y Campeonatos del Mundo de 2017. “Lo intenté pero él no quiso ir. Empecé a llorar. No esperaba que se marchara y esa era la razón por la que lloraba... sentí que al caballo le faltaba confianza, pero hice lo mejor que pude”, se justificó Schleu.

Ahora, la fiscalía de Potsdam está investigando una denuncia contra la pentatleta alemana y su entrenadora. Según informó Sport1, los cargos penales fueron presentados por Deutscher Tierschutzbund, la Federación Alemana de Bienestar Animal, y fueron trasladados por la fiscalía. Así, Schleu está acusada de crueldad con los animales (le dio varios golpes al lomo) y Raisner de contribuir a esa crueldad.

Tras el incidente, con flagrante agresión, que fue captado por las cámaras durante la competición, Raisner fue enviada de regreso a su país. En septiembre último, un Comité Disciplinario de la Unión Internacional de Pentatlón Moderno (UIPM) la declaró culpable de violar la Regla 4.6.8 dado que si “pentatleta o equipo será descalificado por golpear a un caballo o cualquier otro caso de crueldad y/o maltrato de un animal”.

Por su parte, la entrenadora deberá asistir a un “seminario de educación de entrenadores” que contiene un módulo de “trato humano a los animales” antes de regresar a cualquier competición de la UIPM.

Lo que sucedió con Saint Boy, el caballo agredido, no hizo más que exponer que la crueldad ya no se perdona. Y, en lo deportivo, poner en revisión el sorteo del caballo para cada atleta que compite en esta disciplina.