En aquel partido de cuartos de final, a Diego Armando Maradona le bastaron 230 segundos para cambiar el repudio del mundo entero por toda la admiración del planeta. Después de perpetrar con un cabezazo ficticio la Mano de Dios, el 10  se lució en la conducción de la pelota para rubricar el Gol del Siglo.

“El segundo gol a Inglaterra fue para que después no dijeran que les había hecho un gol con la mano”, decía con sorna y tambíén picardía el astro del futbol mundial al recordar la obra maestra que ese domingo le abriría las puertas de la inmortalidad. “Fue justo para eso, así no tenían excusas”.

 

Respecto a la génesis del gol hay versiones encontradas incluso entre los propio compañeros del Diego, de acuerdo a la perspectiva que tenían en el campo. Héctor Enrique habló del origen de la jugada desde el lado argentino: “Cuando le di el pase a Diego sabía que iba a terminar en gol”.

Jorge Valdano como jugador de ataque atestiguó el comienzo del milagro maradoniano ubicado ya en la parcela inglesa y vio que el Pelusa “empezó haciendo diabluras en el centro del campo sin que aquello pareciera un proyecto de gol”. Por delante había más de 50 metros que recorrer.

Un gran relato

Lo cierto es que Maradona emprendió sin ninguna duda el camino hacia la portería inglesa para crear, a costa de seis o siete rivales que quedaron sembrados, “la jugada de todos los tiempos”, como la definió en su memorable narración el relator uruguayo Víctor Hugo Morales quien al realizar una crónica digna de un gol monumental entró al olimpo de futbol de la mano del Diego.

“Era la más bella, osada, corajuda e inventiva de las películas que el futbol había producido en toda su historia”, expresó Morales de manera escrita en el prólogo que escribió para el libro que Maradona publicó 30 años después de su genialidad: México 86. Así ganamos la copa: mi Mundial, mi verdad.

Con el dolor de lo sucedido cuatro años antes en la Guerra de las Malvinas donde murieron muchos pibes, Maradona la hizo de vengador y rubricó esa obra que es eterna y breve a la vez: casi 11 segundos muy placenteros transcurrieron desde que el 10 recibió la pelota hasta que la embocó en el arco inglés.

“Fue una carrera atléticamente mediocre y futbolísticamente maravillosa”, apuntó Valdano quien acompañó a Diego en los últimos metros de la jugada con la ilusión de recibir el pase y con el temor de echar a perder la obra maestra si le daban la asistencia. “En el momento en que vi que la pelota entraba, la fui a recoger adentro del arco y la encontré rendida”.