Cuando correr se transforma en obsesión

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Cuando correr se transforma en obsesión

Correr puede ser disfrute, pero también puede transformarse en algo que pone en riesgo la salud. Qué se debe tener en cuenta.

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Correr un día, dos, tres. Toda la semana. Todo el mes. Doble turno, sin descansar. Correr todas las carreras que aparecen. Las endorfinas se apoderan del cuerpo y producen una sensación de satisfacción. Y eso, está claro, puede generar adicción: querer cada vez más, sin medir las consecuencias. ¿Cuál es el límite?

Correr puede resultar una actividad sana, beneficiosa a nivel mental y físico, también puede ser importante para sociabilizar y generar mucho disfrute. El problema aparece cuando se convierte en una obligación, en algo que hay que hacer sin importar nada y cuando comienza a ponerse en riesgo la salud, porque la obsesión no permite escuchar al propio cuerpo cuando necesita un descanso.

Los adictos al running no se permiten estar un sólo día sin entrenarse. Es su actividad principal por sobre cualquier otra, dejando de lado otras responsabilidades. Además, suman cada vez más kilómetros porque nunca les parece suficiente. La actividad les termina generando una dependencia y se hacen esclavos de correr. 

Para convertirse en una verdadera adicción se deben contemplar ciertas etapas, comenzando por el enamoramiento inicial con la actividad, cuando se descubren sus beneficios, lo bien que se siente hacerlo, la sensación de bienestar, y la facilidad con la que se ven las mejoras. En los primeros tiempos todo parece fácil. 

A medida que pasa el tiempo, la vida comienza a girar en torno a la actividad. Horarios, relaciones sociales, momentos de ocio, trabajo pasa a un segundo plano, porque lo importante es correr. Y la carrera que se viene, querer participar en todas para superarse rápidamente y verlo en los números. También quedan en segundo plano las sensaciones físicas: el cansancio, el dolor, la falta de sueño.

La autoestima también se ve afectada: la mirada hacia uno mismo comienza a depender de la cantidad de kilómetros y carreras realizadas, de los tiempos logrados. No correr un día se siente como una traición. El adicto al running se define a sí mismo a través de lo mucho que corre. 

El adicto al running no se conforma con nada. Ningún tiempo parece ser el buscado, ninguna carrera es la mejor de todas, siempre necesita más y generarse la necesidad de seguir entrenando cada vez más para conseguir objetivos irreales. 

¿Cuál es la consecuencia? Un agotamiento mental y físico, además de una serie de lesiones que vienen de la mano con la necesidad de correr tanto. Irritabilidad, ansiedad, pérdida del disfrute de una actividad que, en un inicio, sólo generaba algo positivo. Habrá que estar atentos a algunos síntomas para que correr realmente sea algo para toda la vida. 

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