A fines de la década de los ’80, Diego Latorre irrumpió en el mundo del fútbol profesional desde un lugar poco común: Gambeta salió de un torneo Intercountry y saltó directamente a Boca, donde luego comenzó a ganarse su lugar en el Xeneize y en el balompié en general. Al protagonista de esta historia le sucedió algo similar.

Es que Jonathan Chmea hizo un paso juvenil por el fútbol entre barrios cerrados y después dio el salto a las inferiores de Boca. Al igual que reveló Latorre en más de una ocasión, Chmea experimentó destratos por su forma de arribar al club y vivió lo que él mismo menciona como “lo menos noble” del deporte.

Entre esos disgustos y una lesión en su rodilla, el delantero que hoy tiene 29 años decidió retirarse hace casi una década, sin siquiera haber debutado en primera división pese a algunas citaciones con el Vasco Arruabarrena como DT de Boca.

Hoy, para ganarse la vida, se dedica al rubro textil en Flores, uno de los barrios comerciales más concurridos de Capital Federal. En diálogo con BOLAVIP, Chmea cuenta su historia.

Jonathan Chmea en inferiores de Boca (@jonychmea en Instagram)

-Elegiste alejarte del fútbol muy joven, ¿A qué te dedicás hoy, Jonathan?

-Hoy estoy en el rubro textil, vendiendo telas. Trabajo por la calle, acá por la zona de la Avenida Avellaneda (Flores). Conseguí este trabajo debido a que tengo muchos amigos y conocidos que laburan por acá.

-¿Hace cuánto empezaste con este trabajo?

-Hace unos cuatro o cinco años. Un poco antes de la pandemia, en 2019 más o menos. Antes de eso, hice de todo, changas de todo tipo. Después del fútbol no quería saber más nada con el deporte, pero tampoco sentía que tuviera las capacidades para seguir; siempre me dolía algo, no podía estar al 100% físicamente.

-Esa última frase me da el pie para hablar de fútbol. ¿Qué era lo que no te gustaba del ambiente en general? O mejor dicho, ¿Qué fue lo que alejó del fútbol?

-Mirá, al principio me copaba todo porque era un mundo nuevo. Mis viejos me dieron una vida buena, nunca me faltó nada digamos, y de repente me encontré con compañeros que venían de realidades muy distintas, familias a las que les faltaba de todo. Me pegó muy mal eso, era un mundo nuevo. Estuve así como seis años, hice todas las inferiores en Boca hasta la Reserva.

-¿Y eso te fue llevando a salir del deporte?

-Lo que pasa es que el mundo del fútbol puede ser muy nocivo y poco noble. Todo el tiempo buscan el error para criticarte. Es un ambiente que te entrena para armarte un caparazón contra los proyectiles que te tiran constantemente. Yo siempre fui transparente y eso no me gustaba.

-¿Nocivo puertas adentro o en general?

-De todo. Incluso entre compañeros había mala leche; buscaban la manera de cagarte en algo. Si te lesionabas, en lugar de preocuparse, algunos hasta se sonreían porque era un competidor menos. Yo lo supe llevar mientras estaba bien físicamente, pero llega un momento en el que le perdés el gusto y la pasión, y ahí ya no querés saber más nada. Eso me pasó a mi.

-¿Cuándo fue el momento exacto en el que dijiste “basta de esto, me retiro”?

-Tuve una lesión de meniscos. Me recuperé, pero ya veía que los ritmos eran otros. Yo estaba acostumbrado a una velocidad de locos y después de la lesión me costaba horrores recuperar el ritmo. Me fui desilusionando. Pasé un año casi sin jugar, era el suplente del suplente y dije: “Ma sí, mando todo al carajo, no estoy para esto”. Tenía 19 o 20 años.

-Y esto sumado a la pérdida de pasión y ganas de seguir…

-Exacto. Cuando perdés la pasión, ya está. Tenía ofertas para irme a otros lados, al Ascenso de acá o de otros países, pero yo era muy fanático de Boca y solo quería jugar ahí. Si me iba a otro lado, sentía que me desarraigaba totalmente y no me motivaba. Podría haber tenido un plan B, pero no tenía ganas de remarla en equipos donde sentía que no iba a llegar a nada. Vi compañeros que se fueron a lugares como Chipre o Indonesia y después volvieron y estaban en la misma.

-¿Cómo te pegó anímicamente la decisión del retiro?

-Fue un golpe duro. Cerrar una etapa de seis años fue difícil, pero siempre tuve mentalidad para superarme. Si me va mal en algo, cambio de rubro. Hoy para ser futbolista tenés que vivir para eso, entrenar triple turno, y yo ya no tenía ganas ni de ir a entrenar. Le perdí la pasión.

-Mencionaste que hubo mucha “mala leche” en inferiores de Boca. ¿A qué te referías específicamente?

-Era un reflejo del hambre que hay en el país. Pibes que vienen de familias necesitadas y sienten toda la presión de sus padres para triunfar. De golpe ven a alguien que quizás tuvo un poco más de suerte o que vive en un country, como era mi caso, y te quieren correr. Me pasó con amigos que fueron a probarse a otros clubes y los pibes de ahí los amenazaban a la salida diciéndoles “te vas o te mato”. En Primera ya no pasa, son profesionales, pero en inferiores es muy complicado.

Chmea en un Superclásico de inferiores (@jonychmea en Instagram)

-Vos justamente llegaste a Boca desde un Intercountry, ¿cómo fue ese cambio?

-Yo jugaba en Miraflores (NdR: Barrio Cerrado ubicado en Escobar, en la Zona Norte del GBA). Por un problema con un tío, que nos estafó, perdimos la casa y ya no podía jugar en el country porque tenías que ser propietario. Tenía 14 años y me puse a llorar porque no podía jugar más. Ahí me ofrecieron ir a probarme a un club profesional. Fui a Boca, metí varios goles en las primeras prácticas y quedé. Entré en Séptima.

-¿Cómo fueron esos primeros momentos en el club?

-Fue increíble. Entré justo cuando cambiaba la dirigencia deportiva de inferiores. Pasé de estar con Jorge Griffa a estar con Coqui Raffo. Hubo mucha incertidumbre porque estaban echando pibes que ya estaban adentro y yo recién llegaba, pero me terminé quedando, salimos campeones con la Quinta, metí cuatro goles en el partido definitorio. Me sentía en un sueño.

-No llegaste a debutar en Primera, pero el Vasco Arruabarrena te citó para un partido con Gimnasia saltándote la Reserva. ¿Cómo fue ese llamado?

-Estaba en Quinta incluso cuando llegó ese llamado. De hecho, en ese momento ya estaba en Reserva, pero era el suplente del suplente. El técnico era Saturno y no me ponía nunca; es más, nunca hice un gol en Reserva. En inferiores hacía goles siempre, pero en Reserva no me llegaba la pelota, no me quedaba un mano a mano nunca. Tenía mucha mala suerte.

-¿Y qué pasó ese fin de semana que te citaron, entonces?

-Ese fin de semana ni siquiera estaba citado para el partido de Reserva. Como tenía edad de inferiores, Saturno me mandó a jugar con mi categoría, la Quinta, para no perder ritmo. Si ganábamos ese partido, salíamos campeones. Jugué ese sábado, hice cuatro goles, salimos campeones y salí en la tapa del diario. Una locura.

-Claro, figura y campeón, te podía llegar el llamado de Primera

Sí. Al lunes siguiente llego al entrenamiento y Saturno me mira distinto, me felicita por el campeonato. No llega a arrancar la práctica que me avisan que me llaman de Primera. El Vasco me pidió. Entrené toda la semana con el plantel profesional; iba a entrenar con ellos y volvía a Reserva solo para bañarme y cambiarme. Fue una semana de ensueño hasta que el jueves confirmaron que concentraba para el partido contra Gimnasia en la Bombonera. Yo estaba como loco, era el sueño del pibe.

El Boca – Gimnasia de diciembre del 2014, el único partido de Chmea en el banco de Primera

-Dentro de ese plantel, ¿Quién era el que más te sorprendía viéndolo jugar de cerca?

Gigliotti me sorprendía mucho. Tenía muy buenos movimientos y, como yo también era nueve, lo observaba todo el tiempo. Fue una lástima lo que le pasó después en el club porque era un jugadorazo. También estaban Calleri, Erbes, Cata Díaz, Orión… Eran todos jugadores de primer nivel. Yo estuve solo una semana, probablemente ni se acuerden de quién soy, pero para mí fue increíble. Hasta me querían rapar en el bautismo, pero me terminé rapando todo después del partido.

-¿Cómo sigue tu paso por Boca en ese momento?

-Al año siguiente hice la pretemporada en Tandil, pero con la Reserva. El preparador físico de Primera me había dado a entender que quizás iba con ellos, pero no se confirmó. Yo estaba de vacaciones en Punta del Este cuando veo que me agregan a un grupo de WhatsApp. Empiezo a ver los nombres: Cata Díaz, Orión, Gigliotti, Calleri, Erbes… No lo podía creer, estaba en el grupo de los jugadores de Primera. Pero bueno, ese verano trajeron a Osvaldo y a otros refuerzos más, y quedó todo en la nada.

-¿Eso influyó también a que se empezara a apagar la llama de la pasión por el fútbol?

-Sí, después de esa pretemporada bajé de Reserva a Cuarta. En el medio me lesioné, desaparecí del radar de Primera y, como te conté, poco a poco fui perdiendo el gusto hasta que decidí retirarme a los 20 años.

-¿Cómo es tu relación con Boca hoy?

-Sigo siendo muy hincha, lo sigo a todos lados. El sentimiento no cambió. Sé cómo es el día a día ahí adentro y, aunque hoy el contexto del club es difícil, el fanatismo sigue intacto.