En la previa de la Copa América, hace casi ya un mes, Lionel Messi fue contundente en la rueda de prensa del día anterior al juego contra Chile, que sería el primero de los siete pasos para llegar a la consagración. “Este es el momento de dar un golpe, y tiene que ser esta Copa“, decía el mejor jugador del mundo a principios de junio.
Como capitán y referente con su edad y experiencia en la Selección, Messi fue contundente con esas palabras para motivar al resto. Los demás coincidieron: era éste el momento.
El primer duelo dejaba dudas, el empate 1 a1 contra Chile luego de dos empates seguidos en las Eliminatorias días atrás no aseguraba a ningún hincha ferviente de la Selección que el camino sería correcto e invitaba a prejuzgar a los que no confiaban. La única certeza que dejaba era una, que Lionel Messi arrancaba afilado, arrancando la Copacon su gol de tiro libre.
Luego vino Uruguay, donde debía darse el golpe más fuerte de la fase de grupos. No fue el más fuerte pero sí el más inesperado, ya que el 1 a 0 logrado llegó de la cabeza de Guido Rodríguez, obvio que luego de un centro de Messi.
Paraguay fue el siguente escalón y el resultado se repitió, garantizandole a la Selección de Scaloni que al rival más difícil, Brasil, lo podría cruzar únicamente en la final. Los condimentos para el gran golpe se iban gestando cada vez más y más.
La goleada contra Bolivia no hizo más que avanzar al casillero del primer puesto del grupo y gozar de ese privilegio que lo tendrían Argentina y Brasil. Los cuartos, con lacomplicada Ecuador del viejo conocido Gustavo Alfaro fue un escalón que se superó fácil. Había dicho el entrenador en la previa que a Argentina no había que temerle, pero se comió tres goles con la participación estelar de Messi hasta el momento en la Copa, convirtiendo un gol de tiro libre sobre el final y dando dos asistencias.
Pasado ese peldaño, tocaba un duelo mucho más fuerte. Un mano a mano contra un equipo comparable en lo que venía siendo la Copa América para Argentina: Colombia. Los cafeteros fueron con el cuchillo entre los dientes, pero nuevamente con la convicción Messianica de dar el golpe, Argentina lo sobrellevó y se impuso por los penales. Factor clave fue la psicología de Emiliano Martínez, dando cátedra de como meterse en la cabeza del rival y logrando dar el golpe que dejaría al resto al borde del knock out. El ring listo para el showime final.
Y llegó. En un escenario ideal. Argentina contra Brasil. En el Maracaná. En busca del batacazo que tanto anhelaba Messi, la Selección y Argentina entera. Y se dio, de la mano de un Ángel. O en realidad dos. Un Ángel en la cancha, Di María, y otro que los veía desde arriba, con la 10 en la espalda admirando y alentando para que el 10 terrenal tenga su primera copa. Di María puso el 1 a 0 definitivo en el resultado pero el partido fue de todos. El round final fue de todos, y el golpe fue de todos. El knock out definitivo, de visitante, en la tierra que para el rival es sagrada.
Messi lo logró. Argentina lo logró. Todos los fantasmas se alejaron para siempre. Sin un De Paul, sin un Dibu Martínez, sin un Cuti Romero, sin un Otamendi, sin un Lautaro, sin un Kun colega, sin un Papu Gómez, sin un Paredes o un Lo Celso, sin un Scaloni y sobre todo, sin un equipo unido y una nación que apoyaba, el golpe no se podía hacer.
Lionel Andrés Messi Cuccittini. Pasó del dicho al hecho y realizó lo que tanto esperaba. Levantar una copa con la nación que él eligió. Acompañado por un gran grupo en la cancha y fuera de ella. Argentina grita campeón después de 28 años, dando uno de los golpes más grandes en su historia.
