En la última década la AFA inició un proyecto integral para las juveniles de la Selección Argentina, que poco a poco comenzaron a tener éxito. Uno de los primeros casos fue en la categoría 2002, que se consagró campeón del Sudamericano Sub 15 en 2017, y dos años después, del Sub 17 en 2019.
Luciano Vera, quien se desempeñaba en las divisiones inferiores de River y fue el lateral izquierdo de esa camada, habló con Bolavip e hizo un repaso de su carrera, desde su formación en el Millonario hasta la tragedia por la que quiso dejar todo y su actualidad en el KF Tirana, el club más importante de Albania.
La llegada a River
-¿A qué edad se dio tu llegada a River?
-Yo llegué a los 14 años a River. Se dio porque fueron a hacer una prueba en Posadas. Yo soy de Wanda, Misiones y en la capital fueron a hacer una prueba. En ese tiempo jugaba en Guaraní y justo llegó River a hacer una prueba. Las pruebas generales, 200 millones de personas y es muchísimo que te vean. Yo tengo un hermano mellizo y jugaba con él. Nos dijeron que los dos podíamos ir a probar. Una persona de Wanda nos consiguió una prueba y después nos fuimos a Buenos Aires.
-¿Cómo fueron las pruebas?
-Juntamos todos los gastos con mi familia y dijimos de ir ya con la mente de que no íbamos a quedar, sino que íbamos a hacer una experiencia. Se nos dio en julio. Fuimos y no sabes la cantidad de chicos que era. Dijimos dónde vinimos a meter acá, que jugábamos y volvíamos a casa tranquilos, que era la primera vez que íbamos a Buenos Aires. Jugamos con mi hermano, nos mandamos una jugada que terminó en gol. Terminó el partido y nos dicen que nos iban a llamar. Volvimos a mi casa y llegando a noviembre nos llamaron. En ese momento se habían comunicado con el señor de Wanda y les dijo que para tal fecha de noviembre teníamos que estar otra vez y nosotros quedamos re contentos. Fuimos otra vez, jugamos un amistoso y les gustó y nos quedamos. El primer año nos tuvimos que bancar todo nosotros en departamento.
-¿A los 14 años vivían solos con tu hermano?
-Vivíamos solos porque mi mamá y mi papá tenían que trabajar para mantenernos y nos arreglábamos. La verdad, nos independizamos muy rápido. Fue una linda experiencia que uno nunca se va olvidar. Hubo veces que no teníamos para comer, así que íbamos al club y les decíamos que no podíamos comer y el club nos daba la comida. Después de tres meses, pudimos empezar a ir a comer a la pensión. El sacrificio fue lindo porque gracias a eso vimos cómo hay que valorar las cosas. Todo el esfuerzo que hacía mi papá, mi mamá estando lejos, algo que nunca hubiésemos imaginado. Hasta ahora no lo imaginamos.
-¿En qué momento entraste a la pensión de River?
-Pasó un año y mi hermano se tuvo que ir, le dijeron que le iban a ceder a Chacarita y me dijeron que me iban a meter en pensión. Cuando me dijeron que iban a ceder a mi hermano, yo nunca me había separado de él y les dije que no, que yo me iba también, que yo no quería quedarme en River, que era muy fuerte para mí quedarme solo y que me iba a mi pueblo con mi hermano, que no pasaba nada. Desde River me dijeron que no, que mi hermano podía venir a veces a quedarse en la pensión. Ahí ya me cambió un poco más. Se portaron muy bien conmigo.
El salto a Reserva y los entrenamientos con Primera
-¿Llegaste a entrenar con Primera?
-Sí. Yo debuté en reserva, jugué creo que cuatro o cinco partidos y subí a Primera. Estaba entrenando con primera y bajaba a jugar a Reserva. Fue una locura, yo iba a sumar experiencia porque sabía que era muy difícil jugar en ese momento, ya que River estaba muy bien. Estaba tranquilo y ahí cuando estaba en mi mejor momento en River llegó la pandemia.
-¿Cómo viviste la pandemia?
-Me fui a mi casa y me quedé seis meses. Allá trabajé cinco meses por ahí porque yo estaba acostumbrado a tener mis cosas porque a veces River me daba viáticos. Una vez que fui para allá, para Wanda en la pandemia, tuve que trabajar de mozo para tener lo mío.
-¿Desde River les mandaron un plan de entrenamientos?
Sí, yo creo que duré dos semanas entrenando porque no me gustaba. Hacíamos Zoom a la mañana, y me mandaban a entrenar con mi categoría y no me gustaba entrenar así. Y yo tampoco tenía en mi casa un espacio que me permitiera hacer muchas cosas. Después de eso no entré nunca más. Ellos me llamaban y decían que tenía que conectarme. Yo salía a correr y le mandaba la foto. Además jugué muchos torneos de Pickleball por plata y ganaba, así que con eso me mantenía.
El salto a Eslovaquia
-¿Cómo se dio la llegada a Eslovaquia?
-Del trabajo volvía muy tarde a mi casa y empecé a agarrarle el gustito de la joda, ya no era profesional y le dije a mi representante que me busque algo, que yo me quería ir otra vez ya que no quería meterme en lo que me estaba por meter. De la nada un día me llamaron allá de Eslovaquia, llamaron a mi representante y ahí pegué el salto. River no me quería dejar ir primero, les dije que me quería quedar, pero que me aseguraran jugar en Reserva. Me dijeron no, que máximo me podían ofrecer la Cuarta y sin contrato, solo con viáticos. Yo le dije que no. Y ahí salí por la patria potestad, y el club de Eslovaquia tuvo que pagar el derecho de formación.
-¿Te adaptaste rápido a Eslovaquia?
-Cuando me dijeron yo ni conocía el país, imagínate mi ignorancia. Y le dije al representante, no me importa, vamos. Firmé mi primer contrato, me pusieron a entrenar con el preparador físico de la primera aparte para agarrar un ritmo. Después me pusieron a jugar con el segundo equipo y en el primer partido metí cuatro asistencias, y a la semana siguiente me subieron al primer equipo.
-¿Cómo fue tu experiencia allá?
-Arranqué muy bien, debuté allá contra Partizan de Serbia por Europa League. Me fue muy bien en los dos partidos. Perdimos, quedamos afuera, pero me fue muy bien. Después arrancando la Liga, jugué los primeros 12 partidos hasta que cambiaron de técnico. Ahí trajo a sus jugadores y me dejó sin minutos.
La tragedia familiar y el mal momento en Mendoza
-¿Qué te llevó a volver a Argentina para jugar en Maipú?
-Desde el club de Eslovaquia no me querían dejar ir. Tuve justo una tragedia, ya que falleció mi papá y estaba muy deprimido. A mitad de la temporada, en diciembre falleció mi papá y yo volví en enero después para hacer pretemporada. Y ahí cuando volví, donde fue que cambiaron de técnico, vino un portugués, que trajo todos sus jugadores y me llamaba para volver, pero pedí que me den 20 días más para hacer luto y no querían. Ahí viajé derecho a Turquía en la pretemporada y me quedé seis meses, en los que la pasé muy mal.
-¿Cómo viviste esos meses, estuviste acompañado por alguien?
–El 5 de enero de 2022 me casé. Pero yo me tendría que haber casado en diciembre, pero pasó lo de mi papá. Después del casamiento me fui para Turquía a la pretemporada. Volvimos a Eslovaquia, estuve dos meses y ahí viajó mi señora. No me quiero ni acordar porque la pasé mal. Llegó Celeste, mi mujer, y la verdad que me ayudó bastante. Pero yo ya tenía en la cabeza que quería volver a Argentina para estar cerca de mi familia porque no me iba a poder recuperar mentalmente. Me volví sin tener nada, hablé con mi representante y salió lo de Maipú. Casi ni jugué ahí, pero me sirvió para recuperarme mentalmente. Me habían llevado para jugar, llegué allá y me encontré con otra cosa. Puro bla bla bla y no jugué casi.
-¿En alguno de estos momentos llegaste a pensar en largar todo?
–Sí, se me pasó cuando falleció mi papá no quise volver nunca más. Yo decía, me quedo a trabajar acá tranquilo. Me acuerdo que mi mamá me lloraba para que vuelva y yo estaba en mi casa y decía que no iba a jugar más fútbol, que por culpa de esto no pude despedir a mi papá y lo vine a encontrar muerto. Ahí llamé a mi representante y le dije ‘no quiero saber nada de fútbol, no voy a volver nunca más. Discúlpenme por todos los gastos que hicieron’. Y ahí se me pasó por no jugar más. Fue difícil. Mi mamá era la que más me hinchaba las pelotas en decirme, vas a poder, anda. Ahí le hice caso y volví.
La revancha en Europa
-Después del paso por Maipú pudiste tener revancha en Europa…
-Me había ido a Posadas, mi hermano estaba en Guaraní, llamé al club de Eslovaquia tenía mi pase y pedí jugar el Regional. No sabés cómo me sacaron cagando, ja. Pensé que hasta el director deportivo me iba a venir a buscar. Al tiempo me llamaron del DAC y me dijeron, que me querían en un equipo de la segunda división de Hungría. Había un técnico español que me quería. Averigüé todo y me fui porque esa era la única oportunidad de volver a Europa.
-Además volviste con la cabeza renovada…
-Ahí ya estaba mucho más tranquilo y ellos me habían dicho que mi mujer podía viajar conmigo. Ahí me fue bastante bien, jugué casi todos los partidos y ascendimos.
-¿Personalmente fue una revancha para vos?
S-í. Yo en Maipú perdí esa mentalidad. Yo decía que no iba a jugar nunca más y por eso me quería quedar en Guaraní para cumplir el sueño que tenía de jugar con mi hermano y otro porque decía que era el único en el que iba a poder jugar porque quién me iba querer a mí si no jugaba en Maipú. Me mató la cabeza futbolísticamente, pero me ayudó a recuperarme mentalmente porque tenía mi familia cerca. Y cuando me llegó lo de Hungría, la verdad que el chip se me cambió automáticamente y estaba más fuerte que nunca de la cabeza. Estuve mucho tiempo con un psicólogo que me ayudó bastante y me puso muchísimo más fuerte de la cabeza.
–¿Cómo fue tu festejo el día del ascenso?
-Me acuerdo que fue muy tranquilo. Uno porque viajaba al otro día para Argentina. Y otro porque justo yo hice una promesa a Dios que no iba a ser ningún quilombo si llegábamos a ascender. Estaba tranquilo con mi señora y volvimos a mi casa muy temprano también.
La actualidad en Albania
-¿Por qué te fuiste de Hungría?
-Me pasó lo mismo que en el DAC, porque ahí jugué los primeros seis meses. Creo que había jugado los primeros 10 o 12 partidos, pero llegó toda una directiva nueva y me limpiaron. Pero ahí yo estaba tranquilo porque ya era conocido, ya tenía mucho contacto. Cuando me llegó la oferta de acá de Albania, yo llamé al presidente del club de Hungría, me preguntaron si me quería ir. Ustedes no me quieren, les dije y ahí arreglé la salida. Me hubiese gustado irme de otra manera.
¿Cómo es la vida en Albania?
-Mirá, no sé si me vas a creer, pero acá la vida es como en Buenos Aires, un quilombo. Acá en la capital hay tráfico, tenés que salir temprano. Pero lo que sí es el país más seguro en el que estuve. Antes de venir, lo primero que me dijeron y lo que averigüé era que era el país más seguro. No te pasa nada. La vida es muy buena. La verdad es uno de los países que más me acerca a Argentina, encuentro todo lo que hay en Argentina.
-¿Hacés asado allá?
–Sí, casi siempre. Ahora en el frío, no tanto, pero en el verano no todos los días. En el comienzo de esta temporada justo vino un técnico italiano y lo primero que habló conmigo fue si sabía hacer asados. Me extraña, le dije. El club se encargó de comprar todo y en un entrenamiento le hice asado al plantel.
-Siendo el único argentino en el plantel, ¿metiste costumbres argentinas en el vestuario?
.El mate es infaltable. Todo el día llevo y casi todos toman conmigo. La verdad es que acá me siento muy cerca de Argentina.
-¿Cómo es tu actualidad futbolística?
La verdad es el equipo en donde estoy con más ritmo, es donde me adapté al equipo más rápido. Me adapté y también el primer técnico que tuve me metió de una al equipo. No me esperó y me adaptó rapidísimo. En el primer partido yo había llegado un jueves y jugábamos sábado y me pusieron a jugar el sábado la mitad del segundo tiempo, hice una asistencia y al siguiente partido fui titular.
-¿Cuáles son tus objetivos a futuro?
-Estamos últimos en la tabla. El club nos planteó este año quiere ganar la Copa, ya que pasamos a cuartos y quiere salvarse de descender. Entonces mi objetivo como jugador es eso, ayudar al equipo. Primero en no descender, que no me gustaría descender a mí. Y ese es mi objetivo y acá la vidriera del club es grandísima. La idea en junio es poder salir, me gustaría ir a Italia. Como está muy cerca me gustaría agarrar la segunda Italia que es muy buena. Empezar a escalar de nuevo. También quiero ver cómo me va en Sudamérica, que nunca tuve la posibilidad de jugar.
El paso por la Selección Argentina y los títulos en juveniles
-¿En qué categoría inició tu recorrido en la Selección?
-Yo arranqué en el Sub 15, cuando apenas se hizo esa selección. porque era la primera vez que se iba a jugarse el Sudamericano. Yo estaba en River y no sabía que había una selección Sub 15. Yo estaba tranquilo, nunca me imaginé, era mi segundo año en River. Empezaron a llamar, llamar y llamar a compañeros. Yo estaba muy tranquilo, jugaba de lateral izquierdo y un día viene el director deportivo de las inferiores, que llegó el viernes ante un partido y dice, ‘bueno ahora vamos a decir los nombres que tienen que ir de lunes a miércoles a la Selección’. Yo estaba tranquilo porque sabía que no tenía chance, era derecho, jugaba lateral izquierdo, no usaba mi zurda, era todo nuevo, ja. Y dice el coordinador ‘a que no se imaginan quién va’. Los chicos tiraban cada nombre, menos el mío. Yo también. ‘La semana que viene va solo Luciano’, dijo. Y yo cuando miré así, me largué a llorar, era una locura. Lo primero que hice fue salir del entrenamiento y llamar a mi mamá y a mi papá.
-¿Cómo eran Placente y Aimar como entrenadores?
-Sabían mucho de fútbol los dos. Me enseñaron cómo ser profesional y estoy agradecido con los dos. Con Placente sigo en contacto y cada dos por tres nos mensajeamos.
-¿Qué te dejaron esas experiencias?
-Fue una locura, un muy linda una experiencia que nunca voy a olvidar, ya que quedamos para la historia también porque salíamos campeones en el Sub 15 y Sub 17. En ese momento no pensaba y no caía en lo que era el vivir día a día, era ver a mi familia feliz, a toda la gente de Wanda viendo tele como nunca.
-Encima pudiste ser sparring de la Selección mayor…
-Por suerte no tuve que marcar a Messi pero marqué a Di María que no corría, volaba, ja. Tenía más cagazo que otra cosa. Yo tenía miedo de todo porque veía a Scaloni y a todos los jugadores de la Selección que los veía por tele. Fue una locura.
