Para millones de chicos alrededor del mundo, el tenis es una pasión y llegar a ser tenista profesional un sueño, para Todd Ley fue un calvario. Nació en Australia en 1988 y se crio en una familia sumamente exigente, con padres que no lo dejaron elegir. De muy chico fue seleccionado por un ojeador y se fue a una de las academias de tenis más prestigiosas del mundo: la de Nick Bollettieri en Estados Unidos. Allí compartió tiempo con Kei Nishikori y vio cómo se desarrollaban Serena Williams, Maria Sharapova y Ana Kournikova, entre otros.
Inicios prometedores
Todd Ley comenzó a jugar al tenis a los tres años y para él no era un hobby, sino una obligación impuesta por sus padres. Fue tal la presión que sintió que nunca se animó siquiera a pensar en otro destino, él tenía que ser tenista. Condiciones tenía y eso lo llevó a la academia de tenis de Nick Bollettieri, probablemente la mejor del mundo.
En una entrevista brindada a Clay, Ley contó: “Me habían ojeado de joven en Australia y me dijeron que fuera a jugar a Eddie Herr, a la Orange Bowl, a esos dos torneos para saber dónde estaba este chico. Fui a verlos, estaba un año fuera de mi grupo de edad en la categoría de 12 años y gané el Eddie Herr en individuales, dobles y dobles mixtos. Todo. Sí, todo. El premio a la deportividad. Luego fui a la Orange Bowl y me fue bastante bien. Perdí en cuartos. E irónicamente, cuatro años después, me expulsaron del mismo torneo Eddie Herr”.
Número 1 del mundo
“Fui el junior número uno del mundo a los 12 años, pasé gran parte de mi vida en IMG en la academia de talentos de Bollettieri. Cuando no estaba allí, básicamente viajaba por todo el mundo jugando torneos, torneos junior, y paré abruptamente hacia los 17, 18 años. Y después me dediqué a ser entrenador, porque no tenía nada más a lo que recurrir”, relató Ley.
“Aunque realmente despreciaba el deporte, quería dejarlo, pero no tenía otra cosa que hacer. Odiaba el tenis, pero era mi bote salvavidas para poder hacer cualquier otra cosa. He entrenado a campeones de Grand Slam, a campeones y he entrenado jugadores del semillero, así que he visto de todo y de todas las maneras posibles”, agregó el australiano.
¿Llegó a jugar de manera profesional?
Antes de afianzarse en el circuito ATP, algo dentro de Todd Ley se rompió para siempre. Si bien se registraron algunos partidos entre 2003 y 2006, la realidad es que nunca pudo competir realmente. Así lo contó: “Jugué el Abierto de Australia a los 16 años. Conseguí una wild card. Después jugué bien, gané como una cosa en Adelaida. Lo hice bien, perdí contra un tipo que estaba entre los 100 primeros, en un partido algo ajustado, pero en sets corridos. Y a partir de ahí, llegué a la final de la fase previa del Abierto de Australia”.
Además, agregó: “Y luego me dieron una wild card aquí para el clasificatorio, perdí ajustadamente. Así que iba por buen camino. Pero más tarde, ese mismo año, fue como si se me cayeran todas las ruedas, fue como la gota que colmó el vaso, fue como si ya hubiera pasado suficiente y algo dentro de mí acabara por romperse“.

Todd Ley en el 2005. (Foto: Getty).
“La única forma de salir de una carrera que no me gustaba era autodestruirme, porque nadie prestaba atención a las señales de alarma. Realmente no importaba lo que hiciera. Era como si me prestaran mucha atención, pero básicamente nadie se fijaba en mí al mismo tiempo. Me miraban como a una cosa, no como a una persona, era un hacer humano, no un ser humano. Así que hacía todo lo que podía para intentar que la gente me prestara atención y nadie me escuchaba, pero me escucharían cuando yo mismo me aniquilara. Disfrutaba mucho destruyendo esta identidad que esta gente había creado, porque lo encontraba muy catártico”, completó el australiano que actualmente tiene 37 años.
Le fue tan difícil a Todd Ley lidiar con la presión familiar que llegó a inventar lesiones: “Intenté decirle a mi padre que no quería seguir jugando, pero sabía que decir ‘no quiero hacerlo’ no me iba a librar de ello. Tuve que fingir una lesión, tuve que fingir que estaba enfermo y lesionado para poder librarme, porque eso iba a ser aceptado. Simplemente no querer hacerlo no era una razón válida. Así que lo siguiente que hice fue tambalearme por la ciudad y de repente me empezó a doler la espalda. Yo ya no sabía lo que era real”.

Todd Ley en el Abierto de Australia 2006. (Foto: Getty).
La difícil relación con sus padres
El padre de Todd Ley no fue jugador de tenis, pero sí quien lo impulsó casi obligatoriamente para que juegue, por lo que en un comienzo tuvo una relación complicada, pero años más tarde pudieron reencontrarse como padre e hijo, aunque lamentablemente fue mediante la bebida, lo que terminó generándole un gran problema a Todd.
“Mi padre y yo nos hicimos amigos porque, una vez que dejé de jugar, nuestras vidas se hundieron. Y teníamos eso en común. Así que volvimos a estrechar lazos y bebimos. Y fue genial. Fue muy, muy bueno. En cierto modo nos convertimos en padre e hijo. A través del alcoholismo“, afirmó Ley y luego agregó: “Para nosotros, era más sano. Era mejor beber que jugar al tenis. Al alcohol casi me mata.. Así que eso me conectó con mi padre. Así que fue genial. Hasta que dejó de serlo. Hasta que literalmente me estaba matando y lo estaba matando a él”.

Todd Ley bebiendo con su padre. (Foto: archivo Todd Ley).
Respecto al vínculo con su madre, Ley afirmó: “Todo está muy bien. Todo el mundo se lo está pasando muy bien aquí, no queremos que los vecinos sepan nada y espero que tu tía no se entere de nada. Solo preocupados por todo como se ven las cosas. Si se ve bien, todos están bien y tú te veías bien… Sí, me veía genial. Y se nos permite ser felices”.
Escribir un libro
A fines de 2024, Todd Ley publicó un libro, el cual se llama “Smashed. Tennis prodiges, parents and parsites”, que traducido al español significa: “Aplastados, prodigios del tenis, padres y parásitos”. En el mismo relata diversas historias que le tocó vivir, algunas de ellas las sufrió en carne propia.

El libro de Todd Ley. (Foto: @tley88).
Al ser consultado por el libro, Ley afirmó: “Escribí el libro para que la gente sepa lo que pasa. No tengo ningún tipo de esperanza, porque no soy optimista, no tengo ninguna esperanza de que algo cambie. Sé lo que es esto. No soy como un activista, ¿sabes? Sólo estoy escribiendo mi historia”.







