Que se lesionen los tres delanteros del plantel durante la pretemporada tiene su cuota de mala suerte, eso está claro. Sin embargo, que Boca empiece el año de manera oficial con Lucas Janson de 9 no es cuestión de fortuna, sino de mala gestión.
A 20 de enero, Boca no tiene refuerzos confirmados; se le cayó de manera insólita —no pagar lo que pidieron— el pase de Marino Hinestroza y no tiene altas de jerarquía confirmadas para los días que quedan del mercado de pases. Un plantel que en 2025 no pudo ganar el Torneo Clausura es la solución que planifica Juan Román Riquelme para pelear por la Copa Libertadores 2026.
El presidente de Boca se equivoca cuando afirma que hoy el club tiene un gran plantel. El plantel está desequilibrado y no tiene la jerarquía suficiente para pelear todos los frentes que busca ganar el Xeneize este año. Distinto es el 11 inicial, que sí tiene potencial para ser bueno, pero el plantel tiene diversas falencias.
Ya son tres temporadas enteras sin títulos y las últimas dos sin Libertadores. Encarar una campaña en la que se vuelve al certamen más importante del continente sin refuerzos es un error que, posteriormente, Riquelme puede pagar carísimo.
El descontento de los hinchas de Boca con la gestión no es nuevo, y tampoco es ilógico. Más allá de la nulidad de refuerzos, Román tampoco anunció la continuidad de Claudio Úbeda como entrenador —cuando el público xeneize pedía un cambio de DT incluso— y ha realizado renovaciones de contrato llamativas como la de Javier García.
Otra cuestión no menor es la poca, o incluso nula, participación de los juveniles de Boca Predio en el primer equipo. Es cierto que en el 11 titular dispuesto por Úbeda hay cuatro jugadores de inferiores (Di Lollo, Delgado Paredes, y Zeballos), pero no hay lugar a nuevos nombres del semillero.
Dylan Gorosito, Santiago Zampieri, Tomás Aranda, Facundo Herrera y otros tantos más piden pista para ser recambio, y ni siquiera fueron parte de la pretemporada con el plantel profesional. Poco de los juveniles, teniendo en cuenta que las inferiores y los pibes resultan una de las banderas de la gestión de Riquelme.
A cinco días del inicio oficial de la temporada, la realidad de Boca resulta poco ilusionante para los hinchas. Se necesitaban refuerzos y no llegaron; se necesitaba una limpieza de varios jugadores, y no fue lo suficientemente profunda. Se necesitaba un golpe en el timón con un entrenador de mayor fuste, y no se dio. Y para colmo, se le suma el plus de la mala suerte con las lesiones en pretemporada. Ojo Román, la mala gestión y la mala suerte se unen en un cóctel que puede ser explosivo para Boca en 2026.
