“Yo sé que siempre elijo el camino más largo. Pero siempre llego”. Hace casi un año y medio que Germán Burgos no tiene la rutina diaria de estar al frente de un equipo. Fue a fines de agosto del 2022 cuando dejó de ser el entrenador del Aris Salónica de Grecia y desde entonces espera una nueva oportunidad. Pero con esa definición, que es casi una frase de cabecera, combate la ansiedad de estar en su casa de Madrid aguardando que se presente la oportunidad que espera para agarrar un equipo “para sacarlo campeón o para salvarlo del descenso, que también es como salir campeón”.

Al Mono le fluyen las ganas de contar cómo le gusta trabajar, cómo quiere que sus equipos transiten por el mediocampo, cómo quiere que sea su camino hasta llegar a ser el técnico de River o del Atlético de Madrid, sus “casas” y sus sueños, sin dudas. Por eso, durante los más de 90 minutos de charla con Bolavip nunca mira el reloj ni apura las preguntas que parecen interminables cuando se abre cada puerta de su trayectoria.

Del arquero debutante que se llevó puesto a Blas Armando Giunta a ser uno de los eslabones de la cadena sucesoria del Loco Gatti. De ser parte del River multicampeón de Ramón Díaz a las chances frustradas de atajar en dos Mundiales. Del rockero al hombre que le ganó al cáncer. De ser mano derecha de Simeone a desandar su propio camino como técnico con ideas distintas a las del Cholo. Todos esos personajes caben en ese grandote que habla tres idiomas (español, italiano e inglés) y hasta se anima con algunas palabras en griego. Ese es Germán Adrián Ramón Burgos.

-¿Cómo estás llevando la ansiedad de no estar en el trabajo diario de un cuerpo técnico?

-Y, mirando cosas, analizando el fútbol… Quizás yo siempre elija el camino más largo. Es común en mí quizás no cortar camino y manejarme con ciertos códigos… No dista mucho de cómo vivís, cómo jugás. Eso lo decía Menotti. Uno juega como vive y vive como juega. Y la verdad no está muy lejos.

-¿Por qué decís que siempre vas por el camino más largo?

-Te voy a contar una experiencia que tuve cuando me inicié como entrenador, que fue en Alcorcón, acá en Madrid. Fui con Oscar Garro, que ahora es director deportivo del Sporting de Gijón. Él me llamó para trabajar y al mes, mes y medio, la cosa no iba, el equipo no lograba mantener una cierta fluidez en triunfos y en destacar dentro de la división. Vino Oscar un día al vestuario, me dijo que se iba y que le había recomendado al presidente que yo me quedara. “Yo vine con vos, me voy con vos”, le respondí. Me insistieron para que me quede, pero yo me mantuve firme en esa idea. Son decisiones que uno toma. Quizás siempre elija la vuelta más larga, pero igualmente sé que llego. Estoy convencido de eso y a veces elijo adónde ir, elijo un proyecto, elijo que los clubes tengan cercanía con lo que pienso futbolísticamente.

-¿Cuál es la idea que buscás que comparta el club que te contrate?

-La idea de juego. El fútbol se gana y se pierde en las áreas. Y para llegar a las áreas hay que pasar por el medio. Mis equipos deben tener la atención de cómo pasar por ese medio para tener un equipo que está luchando el descenso, que se queda a media agua o que está para salir campeón. Ojo, que también salvarlo del descenso es salir campeón, ¿eh? Lo que pasa es que no te dan un título. Si se comparten esas ideas, es mucho mejor que el club ya tenga esa genética o esa cosa de cómo pasar por el medio. Hay cuatro fases: defensa, recuperación de balón, creación de juego y definición. Y las transiciones que se produzcan mediante esas fases. No hay más, muchachos. De ahí te salen los entrenamientos, de ahí te sale todo.

-¿Y cómo te gustaría que tu equipo jugara en el medio?

-Es ahí donde se ven los buenos equipos. Que pase jugando con la pelota. A mí me gusta la defensa adelantada y que aguante en la mitad de la cancha, con el arquero afuera del área. Por ejemplo, Ederson, el arquero del City, no es solamente que juega bien, sino que después, cuando el equipo está atacando, él está fuera del área. ¿Lo descubrió Guardiola o vio lo que hacíamos nosotros? Yo jugaba así. ¿Entendés?

-¿Cómo congeniabas esa idea con la propuesta de Simeone, que no se ajusta a lo que a vos te gusta más?

-Y, porque son diferentes jerarquías. Yo si no puedo llevarte con una idea a un lugar, tampoco me pongo en contra. Son las jerarquías que pueden tener cualquiera en su trabajo. Cuando uno es segundo entrenador es una forma, pero quizás no son las formas en que creo que deben jugar mis equipos. Es eso nada más. Son diferencias futbolísticas. Pero quizá mucha gente no lo ve de esa manera.

Fueron nueve los años en que Burgos acompañó al Cholo casi 24×24. Arrancó a trabajar con él en 2011, en Racing, y luego lo acompañó en el Atlético de Madrid, donde tuvo una gran despedida en tiempo de pandemia, en 2020. Un año más tarde volvió a la Argentina para dirigir a Newell’s y en el 2022 estuvo al frente del Aris Salónica griego.

-¿Adónde te gustaría llegar ahora? ¿Cuál es el lugar que estás esperando?

-Mirá, he tenido conversaciones con clubes, estamos a la espera, porque en esto hay que tener paciencia. Hay tiempo, muchachos. Por ahí tardaré un poco más, pero sé que llego.

El sueño de dirigir a River y los clubes que nunca agarraría

-¿A River vas a llegar?

River es mi casa, como el Atlético de Madrid, o sea, es algo que siempre está en la cabeza. Pero bueno, uno tiene que saber que son momentos y hay que demostrar que podés estar también ahí. Y en eso estoy, eso tengo en la cabeza: agarrar un equipo y llevarlo a ser campeón, como si te toca a otro que tenés que salvarlo del descenso. Pero mucho más fácil es cuando el objetivo es salir a ganar. Hay veces que podés plasmar tus ideas y hay veces que no sale. En el paso mío por Newell’s, por ejemplo, quizás yo no pude expresar todo lo que tenía dentro. Hice un sistema de 3-4-1-2 y quizás ese sistema no congeniaba bien con el club, con su genética porque estaba acostumbrado a jugar 4-3-3 o 4-2-3-1.

-¿Creés que fue el sistema lo que no funcionó?

-Todo tuvo que ver. También perdimos el clásico, había época de elecciones y eso adentro se vive de forma diferente. Después se suspendieron las elecciones, estaba el COVID… No son excusas, yo tenía que proponer otra cosa. Yo elegí ese sistema y chocaba con los mismos jugadores, porque la esencia no era esa. Pero yo no podía repetir el 4-3-3 o el 4-2-3-1, porque después de analizar no podía jugar de la misma manera. Les dije a los jugadores que íbamos a terminar jugando 4-2-3-1, como pasó contra Palestino.

-Cuando se fue Gallardo de River te habías ilusionado. ¿Fue solo ilusión o tuviste algún contacto, algún indicio de que podía ser?

-Siempre estoy pendiente de lo que pasa en lo que es mi casa. Después se dará o no según lo que haga uno como profesional. Por eso dije antes que uno tiene que demostrar. Eso es lo que lleva a los dirigentes a tomar decisiones.

-¿Hay clubes que no dirigirías?

-Seguro: Boca y Real Madrid. Y Central. Me pasa una cosa con Newell’s que es maravillosa. Debuté a los 19 años contra Newell’s, el año que salvamos a Ferro del descenso. Y en esa misma cancha debuté como primer entrenador. Entonces, a Newell’s siempre lo voy a llevar en mi corazón.

Así como hay códigos para el Mono también hay colores que respetar. Y el rojo y blanco lo apasiona. Por eso, por ejemplo, no comprende la decisión que tomó el Diablito Echeverri: “Yo lo escuché y yo no lo podía creer porque River es Europa, ¿me entendés? River tiene todo, tiene jardín, tiene facultad, o sea, es un pueblo, un pueblo dentro del estadio. Cada uno elige lo que quiere y lo que necesita, pero es River”, le sale del corazón como cuando le tuvo que contestar al Tanque Rojas -goleador de Boca en la década 60 que también pasó por River- porque le había dicho que era un arquero ideal para defender la camiseta azul y amarilla: “’No puedo -le respondí-. Mi viejo me mata y yo soy hincha de River’. ‘Yo juegué en los dos lados’, me insistió. ‘Pero no te quiere nadie’, le dije. A mí me hicieron más de River mis amigos de Boca, que no me dejaban jugar la camiseta de River. Los odiaba. Ellos me hicieron más hincha, pero me metieron a Gatti”.

-¿Cómo se dio esa identificación con Gatti?

-A los 15 años fui con Ferro a La Candela y estaba la Primera de Boca ahí. Yo sabía de Gatti por lo que me habían dicho, pero nunca lo había visto más allá de algunos flashes, que había pocos en esa época. Ese día no hice la entrada en calor porque me acerqué a verlo: estaba arrodillado en la mitad de la cancha y todo el plantel en una fila, con pelota. No entendía qué iba a hacer. Le empezaron a patear a diez metros de distancia y la sacaba con el pecho, con la cabeza… ¡Los pelotazos que le metían! Mirá que acá abajo no tenés una falda romana que te cubre las partes. Hay que tener una valentía para que te pegue la pelota… Ahí fue el enamoramiento.

-Después de Gatti hubo discípulos como Navarro Montoya, Comizzo y vos. ¿Se cortó ese estilo de arquero?

-Es una cuestión táctica. Yo lo hacía intentando favorecer el adelantamiento de la defensa. Y con respecto a los arqueros de ahora, han cambiado de los físicos también. Ya es raro encontrar arquero de 1.80, 1.83. Ahora son de 1.90 para arriba y al cambiar la altura cambian los pies también. Entonces la traslación no es la misma, tenés que ser rápido, tenés que ser un jugador.

-¿Qué arqueros te gustan?

Courtois, Oblak, el mismo Ederson, que yo lo veo y me da reflejos de la escuela de Amadeo, de la escuela de Gatti, de Higuita…

-¿Qué te parece Dibu Martínez?

-Es campeón del mundo. Me quitó el récord de imbatibilidad. Yo tenía el récord de toda la historia del fútbol argentino y estoy feliz de que lo haya superado. Le mandé un mensaje en ese momento. Además, es de Mar del Plata como yo.

-¿Dibu demostró en los penales que tiene ese toque de locura que distingue a los arqueros?

-Seguro. El que tiene más responsabilidad es el pateador y si te ponés al revés, el arco se te hace chiquito. Yo siempre cuento del penal que atajé contra América de Cali, en la final de la Libertadores 96. Veo que tres jugadores lo querían patear. Me acerqué y les dije: “Si tienen alguna duda, lo pateo yo”. Y los hice reír. La discusión de quién pateaba el penal se disipó, pero yo ya sabía que lo iba a agarrar porque con ese simple chiste los descoloqué.

-¿Te parece un arquero que podría atajar en Atlético de Madrid?

-Es arquero para cualquier equipo que quiera salir campeón. No hay dudas. Puede hacerlo tranquilamente.

-¿Qué te generó ver a Argentina campeón del mundo?

-Felicidad por todos, pero principalmente por Messi. Porque lo hemos vivido, lo hemos sufrido acá. Estando él en la cancha, se te inclina. Ver esa velocidad, ver esa cantidad de goles, ver ese sufrimiento contenido de este chico que, en definitiva, le estaba combatiendo el primer lugar a Maradona. Y lo logró.

-¿Le faltaba sentirse líder para consagrarse?

-Fue un líder que enfocó al grupo hacia un objetivo superior que era “vamos a jugar por este muchacho también”. Son esos líderes que necesitan los equipos. Algunos son más contestatarios, como era Diego, un líder que se llevaba todo por delante. Y Messi es un líder tranquilo, pero que cuando tiene que decir algo, lo dice. O cuando tiene que enfrentar a un árbitro, o cuando tiene que exponer todas sus situaciones de juego, lo hace.

-Por ahora sigue, pero Scaloni amagó con dejar la Selección. ¿Quién debería ser el próximo entrenador de Argentina?

-Sin ninguna duda, Marcelo Gallardo. Si no sigue Scaloni, no hay duda.

-¿Por qué Passarella eligió a Roa y Bielsa a Cavallero, y a vos te tocó quedarte en el banco cuando llegó el momento del Mundial de Francia y el de Japón/Corea?

-No lo sé… Esa pregunta no es para mí, habría que preguntárselo a ellos. Habrán tenido sus motivos. Yo me he quedado tranquilo siempre porque lo he dado todo. No hay problema con eso. Yo soy entrenador y a veces tenés que tomar decisiones porque uno debe dirigir al equipo y es así.

La admiración por Bielsa y el respeto a Passarella

“El hombre te va de frente, no te miente”. Así de simple y contundente es la respuesta de Germán Burgos para explicar la admiración y reconocimiento hacia Marcelo Bielsa de parte de la mayoría de sus dirigidos. Pero lo mejor entre el Mono y el Loco llega con una anécdota que recuerda el ahora entrenador: “Un día estábamos haciendo una tanda de tiros libres que para el arquero es horrible porque te ponen esos muñecos que no se mueven y te colocan la pelota por todos lados. Es para que se diviertan un rato tirando tiros libres. Les da confianza a ellos y te quita toda la confianza a vos, salvo que no hagas nada como yo. Pateaban Batistuta, Verón, Gallardo… Si iba para el otro lado, yo lo dejaba, ¿viste? Todos golazos eran. Yo les levantaba el pulgar nomás. ‘Bien, Bati, golazo’, ‘buena, Bruja, excelente’, ‘espectacular, Marce’, les decía sin tirarme ni hacer nada. Y entonces lo veo a Marcelo (Bielsa) al lado del palo que me habla: ‘Germán, ¿le puedo decir una cosita? ¿Por qué no deja de agrandarle el ego a sus compañeros y trata de agarrar alguna?’”.

-¿Era un reto o te lo decía en joda?

-Él lo decía en serio, no sabías si se rió o no. A mí me causó una gracia total. Marcelo tiene esa situación del potrero, de jugar el mano a mano, que lo ha hecho muchísimos equipos y he encontrado a veces fascinación como la mía, de los jugadores, pero no así del periodismo o de gente que no lo entienden porque es simple, es sencillo. No hay una fórmula de Harvard. Hay veces que te encontrás con gente que no lo aprecia, pero, bueno, se lo pierden porque es una parte también de nuestro fútbol.

-¿Passarella perdió ese reconocimiento que tenía como futbolista y como técnico por lo que fue como dirigente?

-Es difícil menoscabar la historia deportiva de cada uno. Mirá que volvió a la cancha de River, entró con el Pato Fillol y nadie lo silbó ni lo insultó. En River se respeta y, en diferencia con los demás equipos, River incluye a todos los ídolos, no excluye. Es una forma que tiene River de abocarse a sus ídolos. Es así.