Ni los jugadores, ni los entrenadores, ni los árbitros: los grandes protagonistas del arranque de la Copa de la Liga fueron los campos de juego. A las dificultades históricas de ver lindos partidos después de una pretemporada de verano, se le sumó el mal -pésimo en algunos casos- estado del césped en varias canchas. Tal es así que los propios jugadores se quejaron.

Rosario Central, campeón del fútbol argentino, dio la nota cuando abrió el Gigante de Arroyito para recibir a Banfield. El suelo estaba como hace mucho tiempo no se veía en un partido de Primera División, con arena, tierra y un césped muy irregular debido a los trabajos que está realizando el club. No llegaron con los tiempos y ese fue el resultado: un 0 a 0 plagado de imprecisiones y, de milagro, sin lesionados.

Racing y Vélez también quedaron lejos de mostrar la mejor versión de su terreno, que estaba muy desmejorado y también atentó contra el espectáculo. El Néstor Díaz Pérez, de Lanús y de Barracas (lo utilizará durante el verano), también despertó quejas.

Boca y Huracán tampoco llegaban a presentar un campo de juego en condiciones por diferentes motivos (elecciones para el Xeneize y recitales en el Ducó), pero optaron por la alternativa más prudente: cambiar de estadio. Los de Diego Martínez jugarán en San Lorenzo y el Globo hizo de local en Argentinos Juniors.

River, que en la previa parecía el más complicado por lo que se habló durante la pretemporada y por como había quedado su césped por los recitales, zafó. Pudo jugar en el Monumental, aunque lejos del impecable estado que tanto se disfrutó en el último tiempo y que hasta fue elogiado por la Selección Argentina. Sin ir más lejos, Esequiel Barco asustó a todos cuando se le trabó la rodilla en el segundo tiempo.

¿Por qué están tan mal los campos de juego del fútbol argentino?

Curiosamente, todos los equipos tienen razones distintas para explicar lo que pasó en sus respectivas canchas. En Boca explican que la demora en las elecciones cambió todos los tiempos; en River, Racing y Huracán, los recitales; en Lanús y Rosario Central evidentemente no dieron los tiempos con las tareas de resembrado y/o mantenimiento. El calendario, que termina cada vez más tarde y arranca cada vez más temprano, tampoco ayuda.

Lo cierto es que la pelota sigue rodando y tanto los jugadores como los hinchas del fútbol esperan mejoras en este aspecto. Como dijeron alguna vez en las oficinas de Viamonte: “Hay que cuidar el producto”.