La foto es de 2014. En primer plano, las figuras de Real Madrid que arrasaron con los premios de la FIFA. Detrás de ellos, una persona aplaude y sonríe. 

El fútbol es una disputa por el tiempo y el espacio, con un objeto precioso. A diferencia de otras manifestaciones deportivas, no alcanza con una virtud. No gana el que llega más rápido, no gana el que demuestra más fuerza. Tal vez, la belleza del juego tenga que ver con que cada pregunta tiene respuestas diferentes. Ese hombre que está solo y espera se llama Karim Benzema y parece ser dueño de las claves para destrabar cada misterio.

“Yo juego para la gente que le gusta y sabe mucho de fútbol”, disparó el crack francés alguna vez. Acaso como respuesta a sus detractores. Nunca hay que confiar en lo que el autor nos cuenta que quiso decir. Su definición abre otros campos de interpretación: cuantas más dimensiones del juego conocemos y valoramos, más posibilidades tenemos de deleitarnos con lo que el delantero de Real Madrid hace adentro de la cancha. Cuando el análisis se divide en facetas específicas, nos perdemos de ver su totalidad. Porque Karim Benzema es un jugador de fútbol total.

Presiona. Piensa. Gambetea. Espera. Remata. Genera. Sirve. Cabecea. Casi no hay verbo asociado a este deporte que no se pueda pensar a partir de él. Es un tenedor libre con un menú variado y de calidad premium. Es contracultural: un futbolista anti-resumen al que el editado no le hace honor. Lo reduce a lo mismo que las estadísticas puras y duras. Benzema es un jugador irreductible.

Tomemos, por caso, el gol que abre el triunfo de Real Madrid en Londres contra Chelsea por los 4tos de final de la Champions. El presidente Kross tiene la pelota en el círculo central. El 9 se tira atrás para arrastrar la marca del central y generar el espacio libre. Recibe de espaldas, pero no la frena, la rebota y devuelve al alemán. ¿Un pase inservible? No, hay circulación y su compañero está de frente. Thiago Silva regresa a la línea de cuatro y ese es su peor pecado: el Gato se acerca libre a Vinicius abierto sobre la izquierda. Arma la pared con un pase de primera con cara externa. Pone a correr a su compañero y no se queda mirando. Se compromete con el ataque. La diagonal le permite ir al espacio vacío y acercarse al objetivo. El tercer toque será de cabeza y terminará en el fondo del arco de Mendy. Tuvo solo tres intervenciones. Todas de primera. Una para atrás, una bien vertical y una para finalizar. Es el maestro que marca el compás.

La clave que dota de equilibrio su juego está en otra cualidad a contramano de estos tiempos: su paciencia. La que le permite decidir mejor dentro de la cancha y en toda su carrera deportiva.

EL SALÓN OVAL DE LA CASA BLANCA

En julio de 2009 posó por primera vez con los colores de Real Madrid. Con tan solo 21 años ya ostentaba cuatro títulos de Ligue 1 con Lyon, una edición como goleador del torneo y también como MVP. Sin embargo, su llegada no fue la que más esperanzas generó entre los hinchas del club porque unos días antes había sido presentado como refuerzo Ricardo dos Santos Leite, mejor conocido como Kaká. La gestión de Florentino Pérez había gastado 65 millones de euros en el Balón de Oro de 2007, casi el doble que los 35 que puso por la estrella de Francia.

“Hice 27 goles, Cristiano metió 26, y al año siguiente trajeron a Kaká y Benzema”, recordó hace poco Gonzalo Higuaín. En ese contexto new galáctico llegó Karim a la Casa Blanca. No ganó las elecciones, no ocupaba un cargo ejecutivo: era un funcionario de segundo orden. La primera fue su temporada con menor cantidad de partidos jugados, menor cantidad de goles (9, única vez con un solo dígito) y menor cantidad de pases gol. Debió luchar para hacerse un mayor lugar con Mourinho: "Si no tienes un perro para ir a cazar y tienes un gato, pues vas con el gato", expresó su entonces DT en una conferencia de prensa, en relación a la ausencia de Pipita por lesión y la alternativa Benzema. "Yo soy un jugador de fútbol, tú eres mi entrenador. Yo te respeto, así que respétame tú a mí como futbolista", lo increpó el delantero. Tomar un término usado de forma despectiva y hacerlo propio cambiando el sentido es una enorme manifestación de poder e inteligencia emocional.

De a poco, Benzema se fue convirtiendo en uno de los mejores actores de reparto del mundo fútbol. Superaba en nivel y en logros a muchos top, pero la estrella de la película era siempre Cristiano Ronaldo. El diferente. Incluso hasta en la denominación del trío que devolvió la gloria europea a Madrid. En las siglas de la BBC, la distinta es la del portugués.

En agosto de 2017, una noticia sacudió el mercado: PSG pagaba la cláusula de rescisión de Neymar de 222 millones de euros. El brasileño creía que su destino era liderar futbolísticamente a un equipo, y en España era imposible lograrlo junto a Messi. En ese momento, la sociedad Barcelona-Leo parecía irrompible, por lo que la respuesta debía buscarla en otro lado. En la vereda de enfrente, Benzema recibía la enésima oferta para irse a otros clubes que le ofrecían hacerlo bandera. Pero la elección fue siempre permanecer. El tiempo (esperado) le dio la razón: llegó la tercera Champions League al hilo y la despedida que abría un nuevo episodio en su historia. Cristiano Ronaldo se iba a Juventus.

El Gato había estado demasiado tiempo enjaulado y, una vez desatado, demostró ser un tigre. Las cuatro temporadas que siguieron fue el líder futbolístico indiscutido del equipo, con un promedio superior a 0,5 goles por partido. En la actual temporada oscila en 1. Un verdadero delirio que tuvo sus episodios más brillantes en las series contra PSG y Chelsea por Champions League con tres y cuatro goles, respectivamente. A esta altura, es el extranjero con más partidos en Real Madrid, es el tercer goleador histórico (pronto pasará a Raúl) y es el que más pases gol brindó.

 

Benzema supo esperar. Demostró su valía cuando debió amoldar su juego a otra figura y también cuando pudo darle forma a su propio estrellato. Es una pieza maestra capaz de completar cualquier rompecabezas. ¿Pero qué pasa si la imagen ya está formada?

FRANCIA Y EL DESAFÍO DE QUE MÁS SEA MÁS

La imagen de la Selección Francesa es un póster colgado en una pieza. Es el equipo campeón del mundo por segunda vez en la historia de ese país. Y ahí no está Karim Benzema. En 2021 fue condenado por chantaje a su ex compañero del combinado nacional Mathieu Valbuena. Los hechos son de 2015 y le valieron la exclusión del equipo que comanda Deschamps. Incluso su cabeza fue ofrecida como ofrenda de los sectores más radicalizados de la derecha francesa, con Marine Le Pen a la cabeza.

“No tendría siquiera que haber entrado en la selección", disparó la candidata a la presidencia que perdió el balotaje contra Emmanuel Macron el último fin de semana. “Que se vaya a jugar con su país”, expresó Marion Le Pen, sobrina de Marine, nieta de Jean-Marie. ¿A qué se refería? Los padres de Benzema llegaron a Francia desde Argelia, en un recorrido similar al de la familia Zidane. En 1998, el entonces presidente Jacques Chirac había puesto al equipo campeón del mundo como un ejemplo de multiculturalidad. Lilian Thuram, defensor en aquel equipo, corrigió esa expresión: es más un deseo que una realidad fuera del mundo del fútbol. Sin la victoria, los fragmentos estallan.

Veinte años después del primer título llegó el segundo, con otro hijo de inmigrantes como figura como Kylian Mbappé (de ascendencia camerunesa, pero también argelina). Su principal compañero de ataque, más allá de la libertad con la que se moviera Antoine Griezmann, fue Oliver Giroud. El delantero “sin gol”. No sumó gritos en todo el campeonato, lo que no quiere decir que no hubiera hecho un gran aporte en distintas facetas del juego. Él debía embarrarse para que otros tuvieran brillo.

Para la Eurocopa 2020, realizada el año pasado, llegó el indulto para Benzema. Más allá de los años transcurridos desde el Mundial de Rusia y de la dificultad que vienen mostrando todos los campeones defensores para hacer un buen papel en la edición siguiente, el juego de la suma de material disponible aumentaba el poderío francés. No hay dudas de que Mbappé y Benzema están entre los cinco mejores delanteros del mundo en este momento. Sin embargo, el equipo favorito cayó en 8vos de final ante Suiza, tras tener dos goles de ventaja. El fútbol, afortunadamente, no es matemática.

¿Cuál es el rol que tiene el delantero de Real Madrid de cara a Qatar? ¿Es un socio? ¿Un partenaire? ¿Un complemento de Mbappé? ¿El líder futbolístico del equipo? En la administración de esos roles estará uno de los principales desafíos para Didier Deschamps. ¿Volverá a aceptar Karim un especio menor en la marquesina? En la administración de sus expectativas estará uno de los principales desafíos para Benzema.

El hombre que entiende el valor de la paciencia está ante sus últimas oportunidades. El hombre está solo y espera. Espera que el mundo del fútbol lo premie con un Balón de Oro. Espera que el mundo del fútbol se rinda a sus pies en la máxima cita en Qatar.