Resulta curioso que tras realizar la mayor venta en la historia del fútbol, aunque contra su voluntad, en Barcelona haya preocupación por el déficit económico que provocó el mercado en la presente temporada. Es que a los 222 millones de euros ingresados por la salida de Neymar rumbo al PSG apenas se le sumaron otros 4 millones por la venta de Cristian Tello al Betis.
En contrapartida, el club culéhizo un gasto de 323,8 millones de euros en fichajes, sin contar las variables que deberá pagar a futuro. En detalle, gastó 120 en Coutinho, 105 en Dembélé, 40 en Paulinho, 30 en Semedo, 12 en Deulofeu, 11,8 en Yerry Mina y 5 en Marlon.
Claro que todavía queda por concretarse la venta de Javier Mascheranoal Hebei Fortune de China, que dejará cerca de 10 millones de euros, y saber si Inter hará uso de la opción de compra estipulada en el reciente contrato de cesión de Rafinha.
Lo cierto es que al día de hoy, el desfase económico del Barcelona es de 97,8 millones de euros, teniendo en cuenta solo los fichajes. Pero el mayor problema de Bartoméu son los salarios multimillonarios que tiene acordados con buena parte de su plantilla, lo que hace el déficit todavía más preocupante.
Así las cosas, al presidente del Barcelona le urge realizar una venta de peso. Y si se tiene en cuenta que ni Messi, ni Suárez, ni Iniesta, ni Busquets, ni Piqué, ni Ter Stegen son transferibles, la posibilidad de obtener una buena tajada de dinero se reduce casi exclusivamente a dos futbolistas: Ivan Rakitic y André Gomes; uno que cuenta con el favor de los aficionados, el otro con la juventud que invita a retenerlo. ¿Y entonces qué?