Cuando el árbitro marcó el final del partido entre Boca y Palmeiras en el Allianz Arena, los hinchas de los dos clubes más grandes de la Argentina supieron que sus vidas nunca más volverían a ser las mismas.

Como si la Copa Libertadores estuviera dirigida por Martin Scorsese, la última edición de esta con final a doble partido será disputada por los equipos protagonistas del clásico más importante del mundo.

La noticia llegó rápido al viejo continente. Allí, aprovecharán el horario vespertino para disfrutar, de forma neutral, el Barcelona – Real Madrid tercermundista que ellos nunca pudieron tener en una final de Champions League.

Se intentó bajar el dramatismo, es cierto, pero al poner en contexto, es difícil no apodar a este Boca – River como la ‘final del mundo’.

Clarín ya lo nombra como “la final del mundo”.

Ejerciendo un macabro juego de palabras, para el derrotado no habrá más que vacío existencial hasta que pueda -o no- sacarse la espina más grande de su historia.

La Bombonera rebalsará mañana para recibir al equipo de Guillermo Barros Schelotto. Al siempre cuestionado Mellizole tocó apostar a todo o nada. La pesada mochila que carga por las derrotas en copas internacionales ante River en el ciclo Arruabarrena y la caída en Mendoza por la Supercopa lo pone entre la espada o la pared: Chapita pondrá en juego su idolatría para intentar un all in que, parece ser, será el fin de su ciclo sea vencedor o no el 24 de noviembre.

Guillermo abraza a Axel Werner en el 4 a 2, uno de los mejores partidos de su ciclo.

Una derrota en el partido más importante de la historia podría condenar a Boca a prolongar aún más su agonía.Deberán soportar la risa socarrona de Gallardo, esta vez, repetida en loop durante días, semanas, meses, años. Deberán apagar la televisión para no ver las lágrimas de emoción del Muñecodando la vuelta olímpica junto a su gente, mientras el plantel xeneize aplaude derrotado una vez más.

Boca no es el favorito porque en estos 4 años en la vereda de enfrente igualaron la historia con una serie de 3 partidos decisivos en los que venció con supremacía, pero negar la mística y la grandezabosteraes ignorar la historia de uno de losclubes más grande de América, que enfrentará el sábado 24 el duelo para el que se preparó toda su historia: 11 contra todos en El Monumental, con la oportunidad de dar una vuelta olímpica en silencio y entre llantos y enojos, sabiendo que en Brandsen 805 esperará su gente, sedienta por ver a los héroes que trajeron otra vez la Copa a casa en su expedición más complicada.

Boca festeja en Belo Horizonte la clasificación a la final.

River se encuentra ante la oportunidad más grande de su vida: dejar en ridículo a Boca por cuarta vez consecutiva y sentir que ya no hay nada que los haga sentir menos que su eterno rival.

Ni el descenso, ni la paternidad, ni las intercontinentales: el 24 de noviembre será la pura verdad. Y en Núñez, si bien nunca olvidarán a quien es el mejor técnico de su historia, temen que el cariño y el prestigio ganado por Gallardo se vea ensuciado por una eventual derrota en su cancha ante Boca.

¿Lo peor? No podrá estar en la banda acompañando a sus dirigidos a causa de la suspensión que le impuso la Conmebolpor violar las normas tras haber ingresado tarde al segundo tiempo como local ante Gremio.

La influencia que tiene sobre sus futbolistas es enorme, pero su “segundo” no se queda atrás. Su lugar será ocupado por MatíasBiscay, el ayudante de campo que, por ejemplo, ejerció como técnico enla final ante Tigres en 2015.

Para ninguno de los dos equipos habrá medias tintas, pero para elMillonario,una caída puede transformarse en undeja vuque borre automáticamentelos cuatro años en los que Riverse encargó de Boca en todos los duelos ‘mano a mano’.

Cuanto más alto subes, más dura será la caída, y River escaló tanto que ya no le teme al cielo y se olvidó de los fantasmas que lo acecharon en épocas negras. Boca irá ‘a lo Boca’, contra el mundo y sabiendo que, en el partido más adverso de su historia,pueden poner el grito en alto y dejarotra vezlas cosas en su lugar.