En el último torneo largo que se disputó en México, el futbol nacional vivió episodios que solamente podían ocurrir en la liga mexicana. Para dar paso a los torneos cortos, el adiós de las campañas largas fue con´peculiares situaciones futbolísticas que no se han vuelto a repetir.

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Surrealista, disparatado y curioso, como siempre ha sido, el campeonato mexicano ofreció en la temporada 1995-96 la anécdota de que un equipo descendido clasificara a la liguilla y aspirara a ser campeón pese a perder la categoría. Tigres fue ese club que tuvo la posibilidad de ganar el título de primera división al mismo tiempo de irse a la segunda división. Cayó contra Necaxa 1-2 global en Cuartos de final.

En esa liguilla también sucedió que el líder general, Cruz Azul, decidió jugar el partido de ida como local y el de vuelta como visitante. Pagó caro esa inédita postura; América le anotó tres en el primer juego, suficientes para que no pudiera remontar en el segundo, recordado gracias a la increíble (y legendaria) falla de Kalusha con la portería vacía en el último minuto. ¡Pudo haberse metido caminando con todo y balón!

Fue precisamente América un protagonista especial de aquel torneo por brindar partidos inverosímiles en el Estadio Azteca. El equipo era capaz de remontar un 1-4 en contra para terminar con empate a cuatro goles frente a Necaxa, o estar 3-0 arriba al minuto 25 para culminar con empate a tres contra Atlante.

De igual manera, fiel a las directrices de aquellos años, el americanismo iniciaba el campeonato con un técnico y lo finalizaba con alguien distinto. Así ocurrió en 1996 con el cese de Marcelo Bielsa antes de la fase de reclasificación; Jorge Castelli lo sustituyó.

Previo a su despido, en otro de los enfrentamientos cargados de inverosimilitud en el Azteca, el Loco estuvo en el banco águila en el clásico frente a Chivas, que a su vez tenía a Leo Beenhakker como entrenador y que había llegado para hacer olvidar el mal paso de Osvaldo Ardiles.

En esa semana se habló sobre un Clásico de altísimo nivel debido a los planteles y técnicos que ambos clubes tenían. Bielsa y Beenhakker estaban precedidos de un palmarés que contaba con detalles para valorar que no se trataba de un partido más, sabían cuál era el significado redondo de una rivalidad. Uno lo había vivido con Newell´s Old Boys en contra de Rosario Central, el otro con Real Madrid frente a Barcelona.

Los futbolistas, por su parte, tenían el mismo sentir. Todos sabían que era una confrontación que iba más allá de salir a la cancha para cumplir con un simple compromiso deportivo. 

Y el Clásico no decepcionó. América propuso un juego ofensivo poniéndose 2-0 arriba ante una defensa rojiblanca que no dejaba de cometer deslices, pero Beenhakker asumió el riesgo de plantar a sus hombres al ataque. Dándole igual si recibía un tercero o no, el holandés arriesgó para frenar la presión rival. 

Le surtió efecto a Chivas. Con estadio lleno, Guadalajara le dio la vuelta al marcador para ganar 3-2 aprovechándose de los desaciertos en que cayó la defensa del América al no saber cómo contener al Rebaño, que tuvo en Ramón Ramírez a su mejor hombre moviéndose por todas las zonas del campo. La multifuncionalidad de Ramón fue la clave de Beenhakker.

Bielsa vs. Beenhakker, las mentes del espectáculo que fue el último Clásico de los torneos largos.