Siendo consciente del tétrico 2025 diseñado, de las múltiples exigencias que se perfilan para este 2026 y de que el margen de error quedó reducido a cenizas, River arrancó el mercado de pases moviéndose de manera acertada y contundente. Así fue como el Millonario cerró a jugadores de jerarquía como Fausto Vera, Aníbal Moreno y Matías Viña.

La nueva dirigencia, encabezada por Stefano Di Carlo, puso manos a la obra y empezó a complacer los pedidos del cuerpo técnico de Marcelo Gallardo. River se reforzó con dos mediocampistas de nivel que venían desempeñándose en el fútbol brasileño y también con un lateral izquierdo que había quedado relegado en Flamengo.

Sin embargo, a partir de ahí, todo fue cuesta abajo. Se reforzó la idea de finiquitar los desembarcos de un defensor central y dos jugadores de características ofensivas. Por ende, se trabajó de manera sostenida pero peligrosamente exagerada en Jhohan Romaña, Santino Andino y Maher Carrizo. Ninguno de ellos terminó llegando.

Por diferencias económicas e incluso negativas de los propios futbolistas, todas y cada una de esas opciones quedaron descartadas. Por ello, también se reflotó la chance de otros anhelos del Muñeco como Gianluca Prestianni y Sebastián Villa. En ambos casos, las posturas de Benfica e Independiente Rivadavia, respectivamente, fueron complejas.

Matías Viña, flamante refuerzo de River. (Foto: Getty)

En definitiva, ya transitando la segunda quincena de enero, a menos de una semana del debut en el Torneo Apertura de la Copa de la Liga Profesional y con el cierre del mercado de pases a la vuelta de la esquina, River se encuentra totalmente estancado y el panorama ya comienza a lucir desolador teniendo en cuenta las necesidades del plantel.

En la zaga central, River solo cuenta con Lucas Martínez Quarta y Lautaro Rivero. A Germán Pezzella todavía le queda un tramo considerable de recuperación luego de su severa lesión, mientras que Paulo Díaz dejó de ser tenido en cuenta por Gallardo. Después, asoman algunos juveniles sin demasiado rodaje en la Primera.

Al mismo tiempo, el ataque, luego de la salida de Miguel Borja, se quedó sin un centrodelantero bien marcado. Además, Facundo Colidio cuenta con chances importantes de cambiar de aires, mientras que Sebastián Driussi no viene exponiendo los mejores rendimientos y Maximiliano Salas no rinde en esa zona del campo. Ian Subiabre y Agustín Ruberto son perlas que vienen corriendo desde atrás.

Esta realidad, entonces, atenta contra la necesidad imperiosa de River de enderezar el rumbo y sumar por lo menos un título después de una temporada caracterizada por la sequía extrema. El Millonario no puede volver a flaquear en el ámbito doméstico y cuenta con la obligación de pisar fuerte en un torneo continental de segundo orden como la Copa Sudamericana.

En ese contexto, el camino del conformismo no llevará a ningún lado. Si River se queda con lo que tiene, volverá a arrepentirse, tal como hizo en campañas pasadas en las que no se reforzó en las zonas más sensibles o lo hizo con nombres propios que no estaban a la altura de las circunstancias y de la grandeza del club.