Petr Svancara, exjugador y capitán del Zbrojovka Brno de República Checa, lideró la reconstrucción del viejo estadio del equipo, que en 2001 fue inhabilitado por FIFA cayendo en el más angustioso abandono y deterioro.
El Za Luzankami, llamado Luzanky por los aficionados, no es un estadio más. Fundado en 1953 con capacidad para 50 mil espectadores, se alzó como uno de los más imponentes de la antigua Checoslovaquia. Allí, el Zbrojovka ganó su único título de liga, en la temporada 1977/78.
El Zbrojovka Brno fue fundado en 1913, aunque cambió varias veces de nombre a lo largo de su historia.
Posiblemente se tratase de un estadio demasiado grande para la magnitud del humilde equipo, lo que llevó a que no fuera mantenido con los cuidados necesarios y comenzara a deteriorarse con el tiempo, tanto que en 2001 FIFA consideró que no era seguro que se siguiera jugando allí y le quitó la habilitación.
El club debió mudarse entonces a otro de los estadios de la ciudad, el Srbska, con una capacidad casi cinco veces menor, y el viejo Luzanky se sumergió en el más profundo abandono. Y como lo que el hombre olvida lo recupera la naturaleza, con el tiempo el mítico estadio comenzó a llenarse de árboles y arbustos, que sirvieron de hogar para una variedad de aves digna de una reserva. Aves con las que pronto comenzaron a convivir roedores, con los que al tiempo comenzaron a convivir vagabundos en busca de refugio.
Es entonces que Petr Svancara, un veterano delantero que es el fiel estereotipo de un goleador de la Europa Oriental, se convierte en protagonista de la historia. A sus 36 años y ya alejado futbolística aunque no sentimentalmente del Zbrojovka, decidió que el estadio debía ser rescatado para poder disputar allí, al menos, un último juego.
“Cuando volvimos por primera vez tras el abandono, podríamos haber filmado una hermosa película de terror allí”, relató el excapitán recreando una imagen inmejorable del escenario con el que se encontró.

Svancara se topó de inmediato con hinchas de la vieja escuela, con un gran sentido de pertenencia hacia el Luzanky, que no dudaron en colaborar en la reconstrucción. Se realizaron colectas, donaciones y se trabajó en cada segundo disponible. Fueron las propias manos de los aficionados las que devolvieron los colores y las formas al estadio. Fue como volver a nacer, pero habiendo formado parte, esta vez, de la propia concepción.
Conseguido el objetivo inicial, se disputó como reinauguración un partido de leyendas del que participaron los campeones de 1978 y, por supuesto, Petr Svancara. Actualmente, los juveniles del club entrenan allí y el deseo es que pueda hacerlo pronto el primer equipo. Saben que todavía queda mucho por arreglar y que los esfuerzos no serán pocos ni desde lo físico ni desde lo económico; pero estos locos ya se lanzaron a jugar el partido de su vida y no piensan terminarlo antes de tiempo.
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