Los líderes de la barrabrava de Boca se arrimaron a Casa Amarilla para tener una conversación con algunos jugadores del plantel en la previa del Superclásico.
La cordialidad de la amenaza marcó el clima de la última mañana antes de un partido clave para los dirigidos por Rodolfo Arruabarrena. Como si se tratase de los auténticos dueños del club, un grupo de alrededor de 25 miembros de la Doce se desplazan a gusto por Casa Amarilla hasta confluir con los jugadores del plantel.
Aliadas las tres facciones de la barra de Boca, hacen falta mayores recursos para satisfacer a todos.
Llevan sonrisas de amistad, pero sueltan palabras que aumentan la tensión de la jornada: “A ver si ponemos huevos que si no ganamos estamos al horno”. La charla se dio en privado, pero quedó registrada por las cámaras de seguridad, dejando expuestos a los participantes y a los directivos que abrieron, otra vez, las puertas a los violentos.
No se salvó ni el juvenil Bentancur, que con apenas 18 años fue requerido por los barras y cobardemente llamado por líderes que deberían protegerlo antes que exponerlo: “No pasó nada, cualquiera puede cometer un error. Pero tratá de que no se repita, y menos contra River”. Las palabras tienen que haber causado conmoción en el uruguayo que, antes que futbolista profesional, todavía es un chico que no merece mezclarse con las miserias del fútbol nuestro de cada día.
Hay olor a vergüenza por todas partes. En la retirada, varios barras se despiden al grito de “a ganar que esto es Boca”. Y la rutina sigue su curso en Casa Amarilla. Con total normalidad porque, eso es Boca y a eso se han acostumbrado sus jugadores.
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