Este 1 de mayo se cumplen diez años del primero de los 403 goles que marcó Lionel Messi con la camiseta de Barcelona. Fue en un partido ante Albacete, tras asistencia de su amigo y maestro, Ronaldinho.
Puede creerse o no en el destino, pero aquella tarde en el Camp Nou la historia del joven Messi pareció estar escrita con cuidados especiales. Nada se eligió al azar, todo debía ser perfecto. Por eso hasta el calendario fue cómplice, y un mes de revoluciones y conquistas sociales le abrió las puertas a un muchachito predestinado a cambiar el fútbol, de una vez y para siempre.
Aquella temporada 2004/05 Barcelona se consagraría campeón después del peor lustro de su historia.
Faltaban menos de tres minutos para que se cumpliera el tiempo de juego reglamentario. Barcelona derrotaba 1-0 al Albacete con gol de Samuel Eto’o y se encaminaba a un triunfo tranquilo. Rijkaard sintió que era el momento. Tres minutos y monedas. Para cualquiera, una falta de respeto. Para él, una oportunidad, quizás, dos.
Quien hasta el momento era el goleador de la jornada se retiró ovacionado, protagonista. En el reparto, Lionel Messi pisaba el césped sin hacer demasiado ruido. Hubo un primer contacto visual, mágico, cómplice. Ronaldinho, su maestro, iba a hacer que tres minutos fueran suficientes.
Raúl Valbuena, portero que sufrió el primer gol de Messi, aún conserva el balón de aquel partido.
El brasileño, que atravesaba el mejor momento de su carrera, apenas recibió el balón puso sus ojos en la Pulga, tuvo que juntar cuatro hombres antes de que se provocara la diagonal que rompió la defensa, y en el momento preciso soltó el pase a medida para que el argentino definiera por encima del arquero. ¡Fuera de juego! Un guión perfecto siempre tiene un villano.
Puede creerse o no en el destino, pero aquella tarde en el Camp Nou la historia del joven Messi pareció estar escrita con cuidados especiales. Nada se eligió al azat, todo debía ser perfecto. Apenas habían pasado cincuenta segundos desde el grito ahogado. Ronaldinho recibió, otra vez. De nuevo a tirar la diagonal. El pase artesanal del brasileño superó la versión anterior y Lionel Messi repitió definición, para calcar aquel gol que no pudo ser y convertirlo en el primero de sus 403 con la camiseta blaugrana. Podrá olvidar muchos, el primero jamás.
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