PACIENCIA
Por Darío Sanhueza
Del empate ante la UC se derivaron varias conclusiones. La primera, y más importante, por supuesto, es que el equipo se veía obligado a ganarle a Curicó como local para poder ser campeones, no siendo suficiente el empate ante los torteros. Y por otro lado, mantener un invicto como local que ha sido esencial en tenernos ad portas de alzar la copa -y una de las grandes fallas del 2021 es que perdimos demasiados puntos en casa-.
Es cierto que ante Curicó estaba todo el contexto armado para una fiesta, ciego sería negarlo. Y pensar en ganarlo era una aspiración más que razonable, considerando el ya referido invicto en el Monumental, y sobre todo el laborioso triunfo en La Granja en la primera rueda.
Pero varias cosas conspiraron para, finalmente, no lograr ganar el partido y postergar el festejo. Lo primero, que el Cacique no está teniendo un cierre de año con un gran nivel físico ni futbolístico. Un jugador importantísimo como Gil, clave en la fluidez del juego del equipo, está en un bajo momento, físicamente no se le ve al 100% y tampoco anda bien en la toma de decisiones; Costa se las arregla para ser relevante en los números -sólo nueve jugadores extranjeros han hecho más goles que él en toda la historia de Colo Colo-, y hay que tener carácter para patear un penal en estas instancias, pero tampoco logra trascender en el juego. Sabemos que Quinteros es de quienes cree que hay que respaldar con minutos en cancha a los jugadores que no andan bien, pero también sabemos que eso aplica sólo con algunos.

Igual, no descubrimos la pólvora: el rival también juega, y lo hizo bien, por algo están donde están y con un plantel bastante corto. Se le podrá quizás criticar que sólo el triunfo los mantenía en cierta carrera por el título, pero están consiguiendo un hito en su historia y es difícil juzgarlos. De todas formas, desde la perspectiva positiva, si un equipo sale vivo del Monumental, la figura del partido tiene que ser su arquero, y así fue.
Más allá de las polémicas –pudo ser expulsado Opazo, también Leiva por ellos, quizás el más que interesante Coelho también pudo ver la roja y había metido la mano en el primer tiempo, el penal a Bolados estuvo al límite-, y que el equipo no hizo un gran partido, si Colo Colo no ganó no fue por “cagón” o porque Curicó fue “ratón”, fue porque hubo un arquero y una defensa rival que han tenido un excelente torneo, y también por impericia de cara al arco rival. Los análisis que únicamente conocen el “cagón” o “ratón” como adjetivos calificativos son demasiado simplistas e histéricos para describir noventa minutos, y con mayor razón una campaña completa.
La paciencia es una virtud que no se nos da mucho a los colocolinos, cuyo segundo deporte favorito es el autoflagelo, al borde de la crueldad. Pero hay que cultivarla. Y no es la primera vez en que el Cacique desperdicia una oportunidad de ser campeones en casa. Pero difícilmente alguien en su sano juicio podría pensar que era “cagón” el Colo Colo ’91, que empató en el Monumental con Palestino antes de viajar a Japón a jugar con Estrella Roja la verdadera final del mundo –ya que ahora con tanta liviandad le llaman “final del mundo” a partidos entre equipos de pelean la permanencia–, o el del ’93, que no pudo batir a un iluminado Enrique Berríos en el arco de Cobreloa. Pero ayuda bastante a la paciencia pensar que, si a principios de año nos aseguraban que en la fecha 27 íbamos a estar 9 puntos arriba y clasificados a fase de grupos de la Libertadores, no sé si alguien hubiese dejado de ir a la notaría. Paciencia, ya se va a dar.





