Es tendencia:
Bolavip Logo
AGENDA DEPORTIVA

20 leyendas históricas que redefinieron las Copas del Mundo

Hazañas, récords y mística: estos son los referentes absolutos de la gloria mundialista.

Las 20 leyendas históricas de las Copas del Mundo.
© Gemini ImageLas 20 leyendas históricas de las Copas del Mundo.

El Mundial no es solo el torneo más importante de la Tierra, es el escenario donde los futbolistas abandonan su condición de mortales para transformarse en mitos. Cada cuatro años, el planeta se detiene para observar quién es capaz de soportar el peso de una nación sobre sus hombros y quién tiene la templanza necesaria para bordar una estrella sobre el escudo.

En este recorrido, nos proponemos ordenar esa gloria para distinguir a las 20 figuras que marcaron a fuego la historia del certamen. No se trata solo de acumular trofeos o estadísticas frías, sino de capturar el impacto de aquellos que detuvieron el tiempo con jugadas para la historia que cambiaron el destino de un país para siempre. Desde los récords inalcanzables de los pioneros hasta la magia contemporánea que todavía nos hace vibrar. ¡Descúbrelos!

20. Miroslav Klose (Alemania)

(Getty Images)

(Getty Images)

No busquen jugadas imposibles en el manual de Klose, su especialidad era, simplemente, estar en el lugar donde la pelota iba a caer. El alemán construyó un imperio de goles a base de perseverancia y un olfato que parecía sobrenatural, logrando lo que nadie pudo en casi un siglo: gritar 16 goles en cuatro ediciones distintas. Desde sus inicios a puro cabezazo en 2002 hasta su coronación en Brasil 2014, su festejo típico se convirtió en una costumbre que los mundiales extrañan.

Su leyenda terminó de sellarse, curiosamente, en el histórico 7-1 frente a los brasileños, donde le arrebató el récord de máximo goleador al mismísimo Ronaldo en su propia casa. Klose nunca necesitó los flashes de una superestrella porque su legado es el de la constancia pura. Se retiró como el obrero que, en silencio, se sentó en el trono más alto de los artilleros mundiales, demostrando que para ser eterno a veces solo hace falta no rendirse nunca.

19. Lev Yashin (URSS)

(Getty Images)

(Getty Images)

En una época donde el fútbol se miraba en blanco y negro, la silueta de Lev Yashin bajo los tres palos se volvió una figura mitológica difícil de ignorar. La Araña Negra no solo fue el único arquero capaz de ganar un Balón de Oro, sino que en sus cuatro participaciones mundialistas cambió para siempre el rol del portero. No se quedaba esperando el remate: él dominaba el área, cortaba centros con una seguridad imponente y organizaba a su defensa a puro grito y autoridad.

Su punto más alto llegó en Inglaterra 1966, donde sus atajadas imposibles guiaron a la Unión Soviética hasta las semifinales, el mejor registro de su historia. Más allá de los números, Yashin dejó un aura de invencibilidad que intimidaba a los delanteros antes que patearan. Con su clásica gorra y su indumentaria oscura, se convirtió en el primer guardián global, demostrando que un Mundial también se puede ganar —o al menos no perder— desde la solvencia en el arco.

18. Fabio Cannavaro (Italia)

(Getty Images)

(Getty Images)

Es difícil que un defensor central se robe el protagonismo en un torneo diseñado para los delanteros, pero lo que hizo Fabio Cannavaro en Alemania 2006 fue, técnicamente, una obra de arte. Sin ser un gigante de dos metros, el capitán italiano utilizó la anticipación y una lectura de juego perfecta para anular a cada estrella que se le puso enfrente. Durante esos siete partidos, fue un imán para la pelota y el alma de una Azzurra que solo recibió dos goles en todo el certamen.

Aquel torneo fue la cumbre de su carrera, culminando con la imagen eterna de él levantando la copa en Berlín mientras la lluvia de papeles dorados lo confirmaba como el mejor del planeta. Su actuación le valió el Balón de Oro ese mismo año, un reconocimiento casi exclusivo para los goleadores, pero que en sus pies fue totalmente justo. Cannavaro no solo ganó un Mundial, dio una clase magistral de cómo defender con la elegancia de un gladiador moderno.

17. Mario Kempes (Argentina)

(Redes Sociales)

(Redes Sociales)

Para que Argentina validara su papel de potencia mundialista, hubo un hombre de pelo largo y medias caídas que se cargó la ilusión de todo un país en 1978. Mario Alberto Kempes fue el Matador en todo el sentido de la palabra: un delantero potente que no vivía en área, sino que bajaba a pelear la pelota desde el mediocampo con una prepotencia ganadora. Fue el máximo goleador y la figura indiscutida de un torneo donde su figura creció a medida que la presión aumentaba.

La final contra Países Bajos fue su consagración definitiva, anotando dos goles que mezclaron técnica con un empuje rústico inolvidable para que la primera estrella se bordara en la camiseta albiceleste. Verlo correr entre los miles de papelitos blancos que cubrían el césped del Estadio Monumental es una de las postales más icónicas del fútbol sudamericano. Kempes fue el primer gran héroe de la argentina mundialista.

16. Garrincha (Brasil)

(Redes Sociales)

(Redes Sociales)

Considerado por muchos como el mejor regateador de todos los tiempos, Manuel Francisco dos Santos, o simplemente Garrincha, fue el encargado de demostrar que el fútbol también es una forma de arte y alegría. Su momento cumbre ocurrió en Chile 1962: ante la temprana lesión de Pelé, él se puso la verdeamarela al hombro y guió a Brasil hacia el bicampeonato. Terminó como máximo goleador de esa edición con 4 tantos y fue elegido el mejor jugador del torneo.

La leyenda de Garrincha se nutre de esa picardía única; era el Ángel de las Piernas Chuecas que se divertía humillando rivales una y otra vez por la banda derecha. Su legado en las Copas del Mundo quedó sellado con dos títulos (1958 y 1962) y la certeza de que nadie, absolutamente nadie, volvió a bailar sobre la línea de cal con tanta libertad como él.

15. Michel Platini (Francia)

(Getty Images)

(Getty Images)

Antes de que Francia fuera una potencia con dos estrellas en el pecho, Michel Platini fue el encargado de enseñarles a ganar y a soñar en grande. En los Mundiales de 1982 y 1986, El Rey lideró una generación de oro basada en el Cuadrado Mágico del mediocampo, alcanzando dos semifinales consecutivas. Platini no era solo un pasador exquisito, era un goleador implacable disfrazado de armador, capaz de decidir partidos con un tiro libre quirúrgico o una llegada por sorpresa al área.

Su actuación en México 1986 fue épica, porque a pesar de jugar con molestias físicas, anotó goles cruciales contra Italia en Octavos y contra Brasil en un duelo de Cuartos de final que todavía se recuerda como una de las mejores odiseas futbolísticas de la historia. Aunque la gloria máxima se le escapó frente a la Alemania de los 80, Platini se despidió de las Copas del Mundo con 5 goles en 14 partidos y la distinción de haber sido el cerebro de un equipo que enamoró al mundo por su lírica y elegancia.

14. Andrés Iniesta (España)

(Getty Images)

(Getty Images)

Si el fútbol español tuviera que elegir un solo segundo de su historia para guardar, sería aquel remate cruzado de Iniesta en el Soccer City de Johannesburgo. El Cerebro fue el arquitecto del juego de la España campeona en Sudáfrica 2010, un equipo que dominó el mundo a través del pase y la posesión. Su gol en el minuto 116 de la prórroga contra los Países Bajos no solo valió un trofeo, sino que puso fin a décadas de frustraciones para su país.

Más allá de aquel grito sagrado, Iniesta fue el símbolo de la elegancia y la inteligencia táctica en tres ediciones mundialistas. Siempre parecía tener un segundo extra antes de recibir la pelota, encontrando espacios donde otros solo veían piernas rivales. Elegido el Jugador del Partido en la final de 2010, Andrés se retiró de los Mundiales como el hombre que transformó la timidez en jerarquía.

13. Eusébio (Portugal)

(Redes Sociales)

(Redes Sociales)

Antes de que Portugal fuera una fija en las grandes citas, un hombre nacido en Mozambique puso a la nación lusa en el mapa mundial: Eusébio, la Pantera Negra. En el Mundial de Inglaterra 1966, dio una exhibición de potencia física y técnica que todavía se recuerda en las islas británicas. Marcó la impresionante cifra de 9 goles en 6 partidos, lo que le valió la Bota de Oro del torneo y llevó a su selección hasta un histórico tercer puesto, su mejor posición hasta el momento.

El partido que lo elevó al Olimpo fue el encuentro de Cuartos de final contra Corea del Norte, donde Portugal perdía 3-0 y él, casi por su cuenta, anotó cuatro goles seguidos para una remontada épica de 5-3. Eusébio no solo era un atleta formidable, sino un definidor letal que combinaba velocidad y un remate de derecha que parecía un latigazo. Su imagen llorando tras caer en semifinales ante el anfitrión mostró el alma de un competidor que sentía la Copa del Mundo.

12. Bobby Moore (Inglaterra)

(Getty Images)

(Getty Images)

Pelé alguna vez dijo que Bobby Moore fue el defensor más limpio y difícil que enfrentó en toda su carrera, una frase que resume a la perfección lo que significó el capitán inglés para la historia del fútbol. Como líder absoluto de la Inglaterra campeona de 1966, personificó la clase defensiva: nunca parecía despeinarse ni necesitar de una falta violenta para recuperar la pelota. Siempre llegaba un segundo antes que el delantero.

Su legado se inmortalizó en la final de Wembley contra Alemania Occidental, donde dio dos asistencias clave, incluida la que selló el 4-2 definitivo en el tiempo extra. Cuatro años después, en México 70, protagonizó ante Pelé la que muchos consideran la mejor barrida técnica de la historia de los Mundiales, una jugada que hoy se sigue enseñando en las escuelas de fútbol. Moore se convirtió en el estándar de oro de lo que debe ser un capitán y un caballero dentro de la cancha.

11. Just Fontaine (Francia)

(Getty Images)

(Getty Images)

Hay récords que parecen estar escritos y el de Just Fontaine es, sin duda, el más sagrado de ellos. En el Mundial de Suecia 1958, el delantero francés logró una hazaña que roza lo imposible: anotó 13 goles en apenas seis partidos. Lo más curioso es que Fontaine ni siquiera iba a ser titular y terminó usando botines prestados, pero nada de eso impidió que castigara a cada defensa que se le puso enfrente, incluyendo un póker de goles a Alemania en el partido por el tercer puesto.

Aquella cifra de 13 tantos sigue siendo la mayor cantidad de goles convertidos por un solo jugador en una misma edición de la Copa del Mundo. Aunque las lesiones cortaron su carrera prematuramente y no pudo volver a jugar otro Mundial, su promedio de gol y su efectividad en Suecia lo sitúan como un mito viviente del área. Fontaine se convirtió en el estándar de eficiencia contra el cual se miden todos los delanteros de la historia.

10. Gerd Müller (Alemania)

(Getty Images)

(Getty Images)

Apodado el Torpedo, para habar de Müller hay que señalar a ese delantero bajito y de piernas potentes que fue el terror de los arqueros en los años 70, logrando una cifra impresionante de 14 goles en solo dos Mundiales. En México 70 se llevó la Bota de Oro al marcar 10 tantos, incluyendo dos hattricks consecutivos, pero su momento de gloria absoluta llegaría cuatro años más tarde en su propia casa.

En la final de Alemania 1974 contra la poderosa Naranja Mecánica de Cruyff, Müller anotó el gol decisivo que le dio a Alemania Federal su segunda corona mundial. No era un jugador de jugadas vistosas, su arte consistía en estar en el lugar exacto en el momento justo para empujar la pelota. Müller se retiró de la selección tras ganar esa final, dejando un legado de frialdad y contundencia que lo mantuvo como el máximo goleador histórico de los Mundiales durante más de tres décadas.

9. Romário (Brasil)

(Getty Images)

(Getty Images)

En 1994, Brasil llegó a Estados Unidos con una presión asfixiante tras 24 años sin títulos, y un solo hombre se encargó de llevar esa carga con una confianza casi insolente: Romário. El Chapulín fue el alma de aquel equipo, anotando 5 goles fundamentales a lo largo del torneo y siendo elegido el Balón de Oro de la edición. Un maestro de los espacios cortos que podía definir con la punta del botín o dejar desparramado a un arquero con un amague mínimo.

Aquel Mundial fue, de principio a fin, el Mundial de Romário. Desde su gol clave contra Holanda en Cuartos hasta su frialdad en la tanda de penales de la final ante Italia, demostró que era el mejor definidor de su era. Aunque no volvió a jugar otro Mundial, su actuación en USA 94 quedó grabada como una de las demostraciones de jerarquía individual más dominantes que se hayan visto en una Copa del Mundo.

8. Lothar Matthäus (Alemania)

(Getty Images)

(Getty Images)

Hablar de longevidad y liderazgo en los Mundiales es hablar de Lothar Matthäus. El alemán es un caso único en la historia: participó en cinco ediciones consecutivas (desde 1982 hasta 1998) y ostentó durante décadas el récord de más partidos jugados en el torneo con 25 presencias. Matthäus evolucionó de ser un mediocampista todoterreno a convertirse en el líbero cerebral que levantó la Copa como capitán en Italia 1990.

Su mejor versión se vio justamente en tierras italianas, donde marcó 4 goles y manejó los hilos de una Alemania implacable. Su capacidad para cortar el juego, asistir y llegar al área rival lo definieron como el prototipo del futbolista moderno. Con un título y dos finales disputadas, Matthäus se ganó el respeto del mundo entero, incluido el del propio Diego Maradona, quien lo definió como el rival más difícil al que se enfrentó.

7. Zinedine Zidane (Francia)

(Getty Images)

(Getty Images)

Zidane no jugaba al fútbol, lo coreografiaba. El francés fue el protagonista de dos de las historias más cinematográficas de la Copa del Mundo: la del héroe nacional y la del genio incomprendido. En Francia 1998, se convirtió en leyenda eterna al marcar dos goles de cabeza en la final contra Brasil, dándole a su país la primera estrella de su historia. Su estilo le permitía dominar los tiempos de cualquier partido como si tuviera un control remoto en los pies.

Ocho años después, en Alemania 2006, Zidane salió de su retiro para dar una última clase magistral, llevando a una Francia que no era favorita hasta la final, incluyendo un baile inolvidable a Brasil en Cuartos de final. Aunque terminó con su expulsión y la famosa imagen pasando al lado del trofeo sin poder tocarlo, ni siquiera ese final amargo pudo empañar su legado. Con 5 goles en mundiales y un Balón de Oro bajo el brazo, Zizou quedó grabado como el último gran artista del mediocampo.

6. Johan Cruyff (Países Bajos)

(Getty Images)

(Getty Images)

Es el único jugador de esta lista que no necesitó levantar el trofeo para ser considerado una de las mayores leyendas de la historia. En Alemania 1974, Cruyff lideró a la Naranja Mecánica de los Países Bajos, un equipo que practicaba el fútbol total y que cambió para siempre la forma de entender este deporte. Cruyff era un director de orquesta en la cancha: atacaba, defendía, ordenaba y mareaba a los rivales con cambios de ritmo y giros que hoy llevan su nombre.

A pesar de perder la final ante los locales, su impacto fue tan profundo que aquel equipo es recordado con más fervor que muchos campeones. Cruyff anotó 3 goles en aquel torneo y fue elegido el mejor jugador de la edición, dejando para la posteridad jugadas que parecían adelantadas a su tiempo. Su renuncia a jugar el mundial de 1978 nos privó de verlo más veces en la cita máxima.

5. Franz Beckenbauer (Alemania)

(Getty Images)

(Getty Images)

El Káiser fue la definición perfecta de la autoridad dentro de un campo de juego. Beckenbauer reinventó el puesto de líbero, demostrando que se podía defender con elegancia y salir jugando con la cabeza levantada como si estuviera en un salón de baile. Participó en tres Mundiales y en todos dejó una marca imborrable: fue subcampeón en 1966, tercer puesto en 1970 (jugando las semifinales con el brazo en cabestrillo en un gesto de valentía épico) y, finalmente, capitán campeón en 1974.

Su jerarquía era tal que no solo dominó el torneo como jugador, sino que años más tarde repitió la hazaña como entrenador en Italia 1990, uniéndose a un club casi exclusivo de ganadores en ambos roles. Beckenbauer personificó la mentalidad ganadora de Alemania y su capacidad para leer el juego lo convirtió en un estratega total. Con 5 goles marcados y una presencia que imponía respeto a compañeros y rivales por igual, el Káiser es el máximo estandarte defensivo en la historia de la competición.

4. Ronaldo Nazário (Brasil)

(Getty Images)

(Getty Images)

La historia de Ronaldo en los Mundiales es la de un renacimiento increíble. Después de la incógnita médica que rodeó la final perdida en 1998, el Fenómeno llegó a Corea-Japón 2002 con las rodillas destrozadas y muchas dudas sobre su nivel. Sin embargo, respondió con una actuación demoledora: anotó 8 goles, incluyendo los dos de la final contra Alemania, para darle a Brasil el Pentacampeonato. Aquel, fue el Mundial del flequillo más famoso de la historia.

En total, Ronaldo disputó cuatro ediciones y marcó 15 goles, una cifra que lo mantuvo como el máximo artillero histórico durante 12 años. Su potencia, su velocidad eléctrica y su capacidad para definir como si estuviera jugando en el patio de su casa lo convirtieron en el delantero más temido del planeta. Ganador de dos Copas del Mundo (en 1994 como juvenil y en 2002 como estrella) y de un Balón de Oro del torneo, demostró que no hay lesión que pueda detener a un genio decidido a ser eterno.

3. Lionel Messi (Argentina)

(Getty Images)

(Getty Images)

La historia de Messi con la Copa del Mundo fue una odisea de paciencia, dolor y gloria que pareció escrita por un guionista de Hollywood. Después de años de frustraciones y una final perdida en 2014, La Pulga llegó a Qatar 2022 decidido a completar el álbum de su vida. Lo que hizo en tierras árabes fue una exhibición de madurez y talento sin precedentes: anotó en todas las fases eliminatorias (octavos, cuartos, semis y un doblete en la final) y se convirtió en el jugador con más partidos jugados (26) y más minutos en la historia del torneo.

Levantar la Copa en el Estadio de Lusail no solo lo consagró como el mejor de su generación, sino que lo sentó en el trono definitivo de las leyendas. Con 13 goles y 8 asistencias en cinco ediciones distintas, Messi demostró que el fútbol es un juego de constancia y genialidad. Su imagen con la túnica negra besando el trofeo dorado es el cierre perfecto para una carrera que no dejó ningún récord en pie.

2. Diego Maradona (Argentina)

(Getty Images)

(Getty Images)

Diego no solo jugó Mundiales, los convirtió en su propia historia de redención, rebeldía y arte. Su actuación en México 1986 es, para la gran mayoría, el pico máximo de rendimiento individual que se haya visto en la historia del torneo. En apenas unos minutos contra Inglaterra, Maradona fue capaz de representar las dos caras del fútbol: la astucia callejera de la Mano de Dios y la belleza divina del Gol del Siglo, donde dejó a medio equipo rival en el camino para marcar el tanto más famoso de todos los tiempos.

Pero su leyenda no se quedó solo en ese título. En Italia 1990, con un tobillo maltrecho y un equipo que resistía como podía, Diego volvió a demostrar su carácter de líder indomable para llevar a Argentina a una segunda final consecutiva. Se retiró de las Copas del Mundo con 21 partidos, 8 goles y 8 asistencias. Maradona no fue solo un capitán, fue la personificación del potrero argentino elevada a la categoría de semidiós de los Mundiales.

1. Pelé (Brasil)

(Getty Images)

(Getty Images)

Si la Copa del Mundo tiene un dueño por derecho propio, ese es Edson Arantes do Nascimento. Pelé es el único futbolista en la historia que ha logrado levantar tres trofeos (1958, 1962 y 1970), un récord que parece blindado contra el paso del tiempo. Su historia comenzó como un cuento de hadas: un niño de 17 años que irrumpió en Suecia 58 para marcar un hattrick en semis y un doblete en la final, avisándole al planeta que el fútbol había encontrado a su Rey.

Aunque en 1962 y 1966 las lesionesintentaron frenarlo, su regreso en México 1970 fue la consagración de la perfección futbolística. Liderando al equipo más brillante de la historia, Pelé anotó en la final contra Italia y cerró su ciclo mundialista con 12 goles en 14 partidos. Su imagen saltando sobre los hombros de sus compañeros con el torso desnudo y la sonrisa eterna es el símbolo máximo de la alegría brasileña. Pelé no solo ganó Mundiales, él los redefinió, que lo convirtieron en un personaje de culto para siempre.

Recibe las últimas noticias en tu casilla de E-mail

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones