Francia arrancó el partido con mucha intensidad y rápidamente impuso condiciones ante Noruega, dominando la posesión y el ritmo del juego. La presión alta y la movilidad en ataque le permitieron generar peligro constante, con Ousmane Dembélé como gran protagonista desde el inicio al marcar diferencia en el marcador.
Noruega intentó sostenerse con orden defensivo y buscar transiciones rápidas, pero le costó hacer pie ante el control francés. Aun así, encontró un momento clave con el descuento de Asgaard, aprovechando una desatención en el fondo galo. Sin embargo, el peso ofensivo de Francia y su superioridad en el desarrollo del juego inclinaron claramente la primera mitad a su favor.









