En Núñez dicen que Boca abandonó y en la Ribera acusan a River de lo mismo. La locura busca un responsable de un día trágico donde murió parte de la redonda. "River dirá que Boca abandonó y Boca va a decir que River lo hizo". ¿Quién dijo estas palabras? Hoy, en conferencia de prensa, el […]
En Núñez dicen que Boca abandonó y en la Ribera acusan a River de lo mismo. La locura busca un responsable de un día trágico donde murió parte de la redonda.
“River dirá que Boca abandonó y Boca va a decir que River lo hizo”. ¿Quién dijo estas palabras? Hoy, en conferencia de prensa, el Vasco Arruabarrena.
Y algo de razón tiene, o mejor dicho, tiene toda la razón. Es que después de ese trágico 14 de mayo, donde un grupo de idiotas destruyó la ilusión de millones de personas, las dos instituciones más grandes del país se acusan de “abandonar”.
+ Prometieron, cumplieron:
Esa triste noche de Copa Libertadores, los jugadores del Millonario, con Leonardo Ponzio a la cabeza, salieron del túnel para jugar el complemento salpicados por un gas que lastimó sus ojos y quemó parte de la piel. La bajada de línea desde Núñez fue clara: no se puede seguir el partido.
Del otro lado, el local, el que tenía que ser el responsable de la fiesta, plasmó en el césped una actitud egoísta, poco solidaria, donde los pensamientos típicos de barras bravas se apoderaron de los jugadores. Los futbolistas de Boca querían seguir jugando el partido, no importaba la salud de sus compañeros de profesión, sólo necesitaban disputar esos últimos 45 minutos.
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El árbitro, Darío Herrera, esperó una decisión de parte de la Conmebol que tardó una eternidad, y suspendió el partido. Ahí empezó otro duelo, el del abandono.
“El que no salta, abandonó”. Ese cántico se escucha en el Monumental, acción que se repite en la Bombonera. ¿Quién abandonó? No se sabe, o podríamos decir que los dos. Uno no quería seguir jugando el partido, pero la “excusa” era más que entendible, el otro tendría que haberse retirado del campo solo, por el papelón de sus hinchas.
Lo triste es ver que los dos buscan un responsable para burlar sin todavía llegar a entender que ese día murió parte del fútbol. O no, por ahí es verdad, no es triste, es la realidad en la que vivimos, donde no hay autocrítica y siempre es más fácil tildar al otro de lo que no nos gusta ser.
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