Pasan las horas y el dolor no merma en River. Por el contrario, es cada vez mayor ante una oportunidad desperdiciada para gritar campeón en el Torneo Apertura. Es que el Millonario estuvo dos veces al frente en el marcador contra Belgrano, pero no pudo aguantar el resultado, terminó perdiendo por 3-2 y quedándose con las manos vacías.
En dos ocasiones, los de Núñez contaron con un escenario netamente favorable para empezar a manejar los tiempos, crecer en tranquilidad y jugar con el apuro y la desesperación del rival. Pero lejos estuvo de ser inteligente, de administrar correctamente el contexto y de darle el golpe de gracia a un Belgrano que no se dio por vencido y gritó campeón.
Para explicar en profundidad esta situación, hay que hablar de que River llegó a esta final con varios lesionados de suma importancia como Gonzalo Montiel y Sebastián Driussi. También con un plantel falto de jerarquía, sin nombres propios rutilantes y con escaso recambio. Naturalmente, esto último es algo que encuentra culpas también en el anterior cuerpo técnico y en la dirigencia.
Sin embargo, nada justifica la falta de reacción de Eduardo Coudet ante un contexto completamente evidente. Luego de conseguir el 2-1, River se fue desmoronando, perdiendo la pelota, cediendo terreno y exponiendo graves errores en varias facetas del juego. Esto se debió a cuestiones físicas, pero también a bajos rendimientos sostenidos.
Futbolistas como Fabricio Bustos, Lautaro Rivero y Juan Cruz Meza nunca ofrecieron un nivel acorde a un partido de esta magnitud. Redondearon actuaciones decididamente para el olvido, caracterizadas por los temores, las fallas constantes y la falta de influencia en el juego. Nunca pudieron revertirlo y River lo terminó pagando caro.

River perdió la final del Apertura. (Foto: Getty)
El lateral derecho se vio invadido por los errores groseros, evidenciando incluso algo de miedo. Se equivocó con y sin pelota y comprometió, en más de una oportunidad, a sus compañeros. Algo muy diferente a su compañero por la banda izquierda, Marcos Acuña, que lo dio todo hasta que no pudo más, con una salida que complicó al Millonario.
En paralelo, lo de Rivero sigue siendo altamente preocupante. Luego de un arranque auspicioso en la Primera de River, el segundo marcador central empezó a tener llamativos problemas, impropios de un jugador apto para este club. Problemas en la toma de decisiones, en los duelos, con pelota y también sin ella. Y se pagó con el penal del segundo empate.
Lo del juvenil Meza es diferente porque había sorprendido con buenas actuaciones en varios partidos y también con condiciones interesantes. Pero este domingo no fue su día. Caminó la cancha, se mostró timorato, temeroso y displicente. Pedía salida a gritos y terminó siendo el principal responsable del tercer gol de Belgrano.
No, no fueron los únicos. Martínez Quarta, Aníbal Moreno y Fausto Vera tampoco se lucieron. Y, con el correr de los minutos, el escenario no hizo más que empeorar, con un River quedándose sin combustible y pidiendo recambio a gritos, algo que no se encontró porque Coudet no tomó las determinaciones necesarias a tiempo.
Es cierto que, por subestimar el último mercado de pases, River no tenía grandes variantes en el banco. Pero también es cierto que piernas frescas podrían haber ayudado a conservar la ventaja y a darle aire a un Millonario que necesitaba aguantar la embestida Pirata. Piernas frescas que recién pisaron la cancha después del tercero de Belgrano.
En definitiva, River no tiene, ni por asomo, un plantel para pelear por cosas importantes. De hecho, repasando los nombres propios, luce utópico que se pueda mejorar lo hecho hasta acá. Pero una cosa no quita la otra: Coudet podría haber recurrido tranquilamente a Quintero, Maxi Meza, Lucas Silva, Lautaro Pereyra o algún relevo antes de que sea demasiado tarde. Y no lo hizo.






