El River de Eduardo Coudet ya forma parte de la historia, de las estadísticas y de los recuerdos. Recuerdos que no serán muy agradables para los hinchas como consecuencia de una sumatoria de tropiezos realmente duros: millones invertidos para terminar perdiendo una final contra Belgrano, para ser eliminado por Aldosivi e Independiente Santa Fe, para cosechar 4 puntos de 18 posibles en el Clausura y para entregarle el Superclásico a Boca en pleno Monumental.
Pero claro, suena complejo explicar por qué el River de Coudet fracasó rotundamente pese a gozar de una presente económico envidiable, de llevar adelante grandes inversiones de dinero en figuras del calibre de Thiago Almada y Ángel Correa y de contar con el apoyo masivo del público, partido tras partido y en todos los contextos posibles.
Nunca se plasmó una idea de juego sólida

Coudet nunca encontró el rumbo. (Foto: Getty)
El primer motivo que grafica el fracaso del River de Coudet tiene que ver con la nula presencia de una idea de juego sólida y consolidada a través del tiempo. Por el contrario, el Chacho no pudo hallar jamás un rumbo, algo que sí había logrado en Rosario Central y en Racing. Al cabo de su estadía en Núñez, suena utópico explicar a qué jugaba el River de Coudet.
De principio a fin, el equipo se caracterizó por ser extremadamente predecible. Es decir que cada jugador solía hacer lo que se esperaba que hiciera y en el momento que se creía que lo iba a hacer. Naturalmente, esto también era interpretado por los adversarios y neutralizado de una manera bastante más sencilla de lo normal.
Paralelamente, los planteos con la ventaja en el marcador fueron respetando un patrón negativo. En una alarmante cantidad de partidos, cada vez que River se colocó por arriba en el marcador, terminó retrocediendo varios metros en el campo de juego, otorgando posesión de pelota y refugiándose de manera peligrosa. Los resultados están a la vista.
Desequilibrio en el plantel

Los futbolistas de River tras quedar eliminados de la Copa Sudamericana. (Foto: Getty)
Sí, es cierto que River invirtió millones y millones de dólares en refuerzos. Pero, aunque suene algo contradictorio, también es cierto que, a lo largo de todo el 2026, el plantel reflejó un claro desequilibrio. Hablamos de acumular jugadores de características similares y de no gozar de nombres propios de atributos también importantes.
Esta realidad ineludible se trasladó al verde césped, donde River, en repetidos contextos durante los partidos y los certámenes, no encontró herramientas, argumentos o variantes para dilucidar los caminos o torcer panoramas adversos. A su vez, la falta de recambio tuvo un papel preponderante cuando hubo que planificar, rotar o dar golpes de timón.
Desacertado criterio para los cambios

Fausto Vera volvió a ingresar mal. (Foto: Prensa River)
Otra característica de Coudet a lo largo de su aventura como entrenador de River tuvo que ver con las múltiples equivocaciones al momento de efectuar los cambios en los partidos. El Chacho supo demorar modificaciones que el contexto pedía a gritos, pero también apurar algunas en escenarios que no eran adecuados y recurrir a jugadores que no eran aptos.
Inclusive en el partido contra Independiente Santa Fe que desencadenó la partida de Coudet, el entrenador se equivocó en las variantes. River estaba dominando el trámite de forma contundente, pero, algo condicionado por el objetivo de mantener a los futbolistas frescos, terminó sacando piezas clave y colocando otras que no pudieron imponerse en la cancha.
Vehementes decisiones dirigenciales

Di Carlo llegó a reconocer su error. (Foto: @StefanoDiCarlo)
Sí, si bien Coudet es responsable directo de su fracaso en River, no es el único que equivocó los caminos, las decisiones y las formas. De hecho, la determinación de la dirigencia encabezada por Stefano Di Carlo de apartar a prácticamente la mitad del plantel de la noche a la mañana generó un desconcierto, una debilitación y también un mal clima.
De este modo, también por la demora en la llegada de refuerzos para reemplazar a esos que dejaron de ser tenidos en cuenta, River inició una pretemporada con muy pocos efectivos. Inclusive, debió afrontar los primeros partidos oficiales del semestre sin haber podido trabajar de la manera correcta, con todo el grupo ya formado.
Paralelamente, se generó una pérdida de patrimonio por los jugadores que fueron apartados y que no encontraron pretendientes nítidos de inmediato. Al mismo tiempo, dejó de reinar la paz: la gran mayoría de los involucrados, de alguna u otra manera, empezó a evidenciar su malestar por las condiciones generadas por esta decisión.
Bajos rendimientos individuales

Martínez Quarta, de los puntos más flojos. (Foto: Getty)
Por último y no menos importante, también hay que hablar de los jugadores. Es cierto que de lo colectivo se desprende lo individual, pero ningún equipo fracasa completamente si sus nombres propios no quedan en deuda en todos los aspectos. Y eso sucedió en River, con futbolistas que en ningún momento estuvieron a la altura de las circunstancias.
Dejando de lado algunas excepciones, River no encontró en su plantel a jugadores que expongan rebeldía, que se impongan por carácter y que marquen diferencias apoyados en una destreza individual que, en muchos casos, se comprobó previamente que existía. Por ende, también contribuyeron de forma directa para este desenlace casi trágico.





