El imponente Estadio Azteca albergó una de las batallas más electrizantes, dramáticas y calientes en lo que va de las llaves de eliminación directa de la Copa del Mundo. Tras retrasarse el pitazo inicial una hora completa debido al estricto protocolo por tormenta eléctrica, la acción arrancó con las pulsaciones a mil. México saltó al césped a adueñarse de la posesión frente a un mar de pifias e insultos contra el bando de la UEFA, e incluso acarició el primero con un testazo de Raúl Jiménez que salvó de forma milagrosa Jordan Pickford. Sin embargo, en el peor momento de la visita, la efectividad británica trituró las pizarras.
Al minuto 36, en la primera aproximación clara, Jude Bellingham conectó de cabeza para decretar el 1-0 parcial, y solo tres minutos más tarde, a los 37′, el propio Bellingham repitió tras una contra letal para clavar un doloroso 2-0.
El nido de Santa Úrsula quedó mudo, pero la reacción azteca devolvió la vida antes del descanso. A los 41′, Julián Quiñones cazó un balón suelto en el área y mandó un fierrazo destructor para el 1-2. Con el bando al rojo vivo, el entretiempo se transformó en un verdadero festival liguero internacional con el show de la banda mexicana Maná, que hizo cantar a todo el estadio en el entretiempo oficial.

Un partidazo de octavos de final se vivió en el Azteca.
El show del VAR, el penal de Jiménez y un final con el alma rota
El complemento se inició con un libreto digno de una película de suspenso en la cancha. A los 53′, el bando dio un vuelco drástico cuando el juez expulsó con tarjeta roja directa a Jarell Quansah tras revisar en el VAR un violento planchazo, dejando a Inglaterra con diez hombres. Cuando el Tri se volcaba por el empate, un balde de agua fría congeló el pasto. A los 57′ bajaron a Gordon en el área y Harry Kane no falló desde los doce pasos al 59′ para estirar la cuenta a un durísimo 1-3.
La rebeldía mexicana volvió a encender los motores con el bando de la tecnología de su lado. A los 66′, el VAR detectó un leve toque de Kane dentro del área y sentenció la pena máxima. A los 68 minutos, Raúl Jiménez asumió la presión extrema y definió con categoría para poner el 2-3 que hacía rugir a las tribunas.
Los últimos pasajes del bando fueron un asedio asfixiante y dramático. México se abalanzó con todo su arsenal arrastrando a Inglaterra contra su propia valla, machacando de forma incesante en terreno rival durante los eternos 11 minutos de tiempo adicionado. Pese al empuje heroico y el corazón dejado en el césped, el milagro de la igualdad no llegó. Con el pitazo final del réferi, el Tri cae de pie en su propia tierra y se despide de la Copa del Mundo, mientras que Inglaterra avanza con los dientes apretados a los cuartos de final. ¡Tristeza nacional!










