Chile se consagró campeón de la Copa América por primera vez en su historia tras derrotar a la Argentina en la definición desde el punto de penal.
Se sufrió demasiado y, en la lotería de los penales, la sensación es que volvió a premiarse a quien más buscó el título. Porque Chile no se achicó ante un equipo que había arrollado en semifinales y salió decidido a jugar su partido, a respetar su libreto.
El resultado es la alegría de un pueblo que esperó toda su vida por gritar campeón, el desahogo de un grupo de futbolistas al que le tocó sufrir y ser castigado, a veces con justicia y otras no, a lo largo de la competición.
Arturo Vidal fue el mejor jugador del partido y lo convalidó convirtiendo su penal.
Los nombres importantes aparecieron en esa definición siempre tan traumática, porque Alexis Sánchez y Arturo Vidal aseguraron el suyo, y porque Claudio Bravo contuvo el disparo tímido de Ever Banega.
En Argentina, queda la sensación de que se pudo hacer más, con un Lionel Messi intermitente pero cargado de demasiadas responsabilidades por parte de un grupo de futbolistas que se sacó el peso del partido. Los cambios, el de Di María obligado y los restantes para buscar tener el control del juego, volvieron a no resultarle a Martino y, en algún momento, los penales parecieron una bendición.
Chile, en cambio, manejó los hilos mientras Valdivia estuvo en el campo y abrió siempre bien la cancha con las proyecciones de Isla y Beausejaur, además de no sufrir en defensa lo que le auguraban los pronósticos.
Se sufrió demasiado y, en la lotería de los penales, la sensación es que volvió a premiarse a quien más buscó el título. Bienvenido, Chile, al mundo de los que alguna vez gritaron campeón.
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