Los penales, el viejo amor de Boca en las copas, lo salvaron a Juan Román Riquelme de un nuevo papelón histórico: ser eliminado por el O’Higgins de Lucas Bovaglio y Panchito González en el repechaje de la Copa Sudamericana.
Hubo dos jugadores de Boca, Tomás Aranda y el pibe Flores, que reemplazó a Sebastián Villa, que no merecían quedar afuera hoy, que no merecían quedar eliminados.
Sí, el 10 la rompió, más allá del asterisco por el penal que picó y desperdició porque podría haber sellado él el pasaje a octavos de final. Y Flores, que entró realmente muy bien y metió un tiro en el travesaño.
Fueron los pibes, los chicos de Boca, los que en el final del partido llevaron adelante a un equipo del Vasco Arruabarrena que no tuvo el temperamento y la garra con los que él jugaba al fútbol.
Boca, hoy, se metió atrás, conservó el 0-0, se defendió, fue un equipo tibio, fue un equipo timorato. No jugó a lo Boca y pudo quedar eliminado. O’Higgins estuvo a un cabezazo que atajó Montero de quedarse con la clasificación.
Justamente, el colombiano Montero, atajando un penal, se reivindicó de los tres goles que sufrió ante Deportivo Riestra el pasado fin de semana. Ahora empieza a tener un poquito más de crédito con los hinchas de Boca.
Por los penales, solamente por los penales, Riquelme evitó lo que hubiese sido otro hito negro de su gestión, bastante vapuleada hasta ahora.
Y el Vasco va a tener que trabajar muchísimo para construir un Boca ganador a nivel nacional e internacional y sacar de perdedor al presidente.





