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Colo Colo

La desazón de Darío Sanhueza tras empate de Colo Colo en nueva columna para Bolavip Chile: "Punto amargo"

La igualdad de Colo Colo ante Everton de Viña del Mar por la Fecha 5 del Campeonato Nacional 2023 fue el combustible de Darío Sanhueza para una nueva columna en Bolavip Chile, donde lamenta el punto obtenido ante los ruleteros.

Colo Colo se quedó con las ganas de los tres puntos en el Estadio Monumental.
© Agencia UNOColo Colo se quedó con las ganas de los tres puntos en el Estadio Monumental.

PUNTO AMARGO

Por Darío Sanhueza

La semana comenzó con el buen y necesario triunfo ante Ñublense, pasó por las emociones provocadas por la noticia del retiro del fútbol de Matías Fernández, y culminaría con el Cacique nuevamente jugando de local, esta vez ante Everton.

Al parecer la CAJJ (“Comisión Arbitral Juegue Juegue”) no está en condiciones de quitarle piso a las decisiones de los réferis, por más que sean insensatas y extravagantes como la suspensión a Carlos Palacios, por lo cual sin éste, sin Jordhy Thompson y sin Gil -¿cuándo volveremos a verlo?-, el trabajo en ese sector de la cancha estaría encomendado a Kiwi Rojas. Lo demás, básicamente igual que el partido anterior, con Benegas repitiendo titularidad pese al iluminado ingreso de Lezcano ante los chillanejos.

Este Colo Colo tiene una buena actitud, pero le falta mucho en lo futbolístico. Pasan las fechas y no se ve un progreso importante en la faz ofensiva, sigue dependiendo esencialmente de arranques individuales, del empuje de Benegas, de alguna buena decisión de Bolados por derecha y de alguna inspiración de Jordhy cuando está. Castillo aún no termina de cuajar, no tuvo un buen partido; no tenemos pasada clara por derecha con Jeyson Rojas, a diferencia de lo que pasa con Wiemberg por izquierda, que dentro de todo se ha ido posicionando como el refuerzo que mejor ha rendido por ahora.

El Cacique sumó amargo empate ante Everton. | Foto: Agencia UNO

Pese a los ripios, el Cacique se puso en ventaja merecidamente con un lindo cabezazo de Benegas tras una jugada sensacional del Kiwi Rojas desde el centro del campo hacia la izquierda. Lo merecía el Toro, había dejado temblando el travesaño minutos antes, tuvo ese gol milimétricamente offside ante Ñublense, le vendrá bien para su confianza.

Pero en el segundo tiempo, casi de la nada, Everton encontró el empate luego de un grueso error conceptual y de sincronización de Jeyson Rojas respecto a la línea de 4, y encontró a Henríquez solo para sorprender a un Cortés que, definitivamente, pudo y debió hacer algo más. Colo Colo quedó golpeado, pero siguió empujando, a los tropezones y con escaso vuelo futbolístico, pero mereció ponerse en ventaja, con una pelota que le sacan a Castillo casi de la línea y una tapada fantástica de Torgnascioli a un excelente cabezazo de Falcón.

Ay, Peluca querido. Era el mejor de la cancha –reconocimiento también a Ramiro González, quien ha hecho dos partidos correctos luego de un tétrico inicio–, contagia con su espíritu y su competitividad, pero a veces se le cruzan los cables y comete leseras como el pelotazo al ruletero en el piso. Lamentablemente bien expulsado –el VAR tuvo que corregir a un árbitro que estaba a dos metros de la acción–, aunque ojo, es apenas su tercera expulsión en 86 partidos, tampoco es el jugador conflictivo que algunos medios intentan pintar. Everton no se decidió a ir a buscarlo con más ahínco, y por ahí Colo Colo hasta pudo ganarlo, con un cabezazo de Wiemberg que se fue por la nada misma.

Queda un gusto amargo con el punto. Hay cosas buenas: no haber perdido con uno menos, la mejoría en el nivel de Ramiro González, la paulatina consolidación de Wiemberg, que Benegas se haya descartuchado. Pero hay muchísimo por mejorar si Colo Colo quiere revalidar el torneo, qué decir de cara a Copa Libertadores. Parece ser que el próximo domingo, ante Coquimbo en el Monumental, no hay excusas para no ganar y no mostrar un mejor fútbol que el que hemos visto hasta ahora.

Por último, respecto a Matías. Es poco lo que se pueda decir que no se haya dicho en todos estos días, con ese 2006 que provocó la ilusión y el profundo amor de los –en ese entonces– niños colocolinos, y también las mandíbulas desencajadas de los más adultos de no poder creer que tamaño futbolista haya salido desde las entrañas de nuestro querido Club. Quizás Matías haya alcanzado demasiado temprano en su vida personal un nivel de armonía que probablemente haya sido incompatible con las ganas de comerse el mundo que se veía en otros jugadores de nuestra Generación Dorada, y que por aquello no haya llegado a las alturas a las que nos hizo soñar el 2006, pero desdeñar su carrera es absolutamente insensato, poco coherente, con ganas de llamar la atención e incluso en algunos casos producto de cierta envidia debido al irrestricto amor del hincha respecto al eterno 14 de los Blancos. Desde acá, sólo agradecerle en el alma al gran Matigol por todas las alegrías, y desearle que su felicidad personal continúe luego del fútbol.

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