El andar de O’Higgins a nivel internacional en este 2026 ha sido para enmarcar. El conjunto de Rancagua ha demostrado un temple de acero fuera de las fronteras nacionales: en la Copa Libertadores dio el gran batacazo al eliminar a Bahía en pleno territorio brasileño antes de tropezar frente a Deportes Tolima, mientras que en la Copa Sudamericana timbró su boleto a estos playoffs tras despachar con autoridad a Millonarios de Colombia.
Ahora, la escuadra celeste afronta el desafío más exigente de su campaña cuando reciba a Boca Juniors en el duelo de ida de la llave de playoffs, con la ilusión intacta de dar el zarpazo ante uno de los gigantes del continente y dar el primer paso rumbo a los octavos de final.
Un Boca golpeado y en pleno proceso de reestructuración
El presente del cuadro xeneize dista de ser el ideal. La dura e inesperada eliminación a manos de Universidad Católica en la mismísima Bombonera no solo significó el adiós a la Copa Libertadores y el descenso a la Sudamericana, sino que también provocó un remezón en la conducción técnica: Claudio Úbeda dejó su cargo y la dirigencia ratificó el retorno de Rodolfo Arruabarrena al banco de suplentes.
Con el “Vasco” haciendo su reestreno formal, Boca Juniors saltará al terreno de juego obligado a imponer los galones de su historia, aunque consciente de que al frente tendrá a un aguerrido O’Higgins que no le concederá metros ni licencias tácticas.





