Canelo Álvarez tuvo, posiblemente, la peor presentación de su carrera el pasado mes de septiembre de 2025, cuando perdió todos sus cinturones de los supermedianos tras recibir una clase de boxeo por parte de Terence Crawford. Luego de este episodio deslucido, el mexicano pasó por el quirófano para ser operado de una lesión de codo, dejando la incógnita sobre su regreso. El misterio se terminó y Saúl está de regreso, pero… ¿Era necesario?
Bueno, hay que dejar claro que se plantea desde el aspecto deportivo, porque en el económico está de más decir que a todas las partes involucradas les conviene que la trayectoria de Álvarez se extienda. Ahora bien, regresando a lo que sucede sobre el cuadrilátero, suena justo decir que ya hemos visto suficiente de Canelo y claro que es duro decirle adiós a la figura más grande de los últimos tiempos del deporte nacional, pero también es de grandes retirarse hace tiempo.
Canelo ya no es lo que era…
¿Hace cuánto venimos esperando esa presentación espectacular de Saúl? Esa que sea capaz de poner de pie a los aficionados, ya sea porque noquea, porque humilla a su rival sin rematarlo o porque protagoniza una guerra en términos boxísticos. Pasan los años y nada cambia, los rivales siguen siendo de menor tenor, las victorias no provocan ovaciones y cuando la historia se pone dura, no se está a la altura.
Son argumentos claros para sostener que los mejores tiempos de Canelo ya son parte del pasado. Nadie los olvidará y su lugar como uno de los mejores deportistas mexicanos de todos los tiempos está asegurado por la eternidad, pero el presente necesita que el deporte se luzca y no viva de recuerdos o ilusiones de lo que puede llegar a pasar.
La única forma de tirar a la basura estas palabras es que Álvarez se enfrente a una figura top. La revancha con Crawford no es posible porque el estadounidense se retiró, pero Hamzah Sheeraz, David Benavidez en condiciones equitativas pueden ser capaces de permitirle a Saúl tomar un último envión. En caso contrario, quedará muy expuesta la búsqueda de cerrar un negocio millonario sin importar si eso le implica dar presentaciones mediocres en el ring.





