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Se perdió un Mundial por un diagnóstico y casi se retira, pero terminó siendo campeón, jugando en Europa y hoy se dedica a explicar la diabetes

A Federico Freire le dieron un duro diagnóstico y no pudo ir a la Copa del Mundo Sub-17. Pero volvió al fútbol y jugó más de 10 años. Con su plataforma Diabetes en Movimiento ayuda a gestionar esta condición a miles de personas. Su palabra, en BOLAVIP.

Se perdió un Mundial por un diagnóstico y casi se retira, pero terminó siendo campeón, jugando en Europa y hoy se dedica a explicar la diabetes
© Federico FreireSe perdió un Mundial por un diagnóstico y casi se retira, pero terminó siendo campeón, jugando en Europa y hoy se dedica a explicar la diabetes

“2016, Sierra de La Ventana, pretemporada con Olimpo. En ese momento usaba Twitter. Un mensaje de una madre, me pide mi teléfono para hablar. La llamo, nos pusimos a charlar, una madre con un hijo con diabetes muy chiquito recién diagnosticado. Una hora llorando la madre. ‘Que mi hijo se va morir, mi hijo tiene diabetes, no va a poder ser el de antes’. Y ahí dije, ¿qué está pasando? Yo estoy hoy jugando en la Primera División del fútbol argentino y una madre piensa que el hijo se va morir”.

Ese fue el momento en el que Federico Freire, hoy con 35 años, se dio cuenta de que algo tenía que hacer con su historia, con esa diabetes que a los 17 años lo dejó afuera de un Mundial juvenil representando a Argentina pero que con tiempo y sobre todo con información había podido llevar adelante una carrera que lo llevó a jugar en Primera, y luego también a Europa. Esa trompada que recibió aquella vez, la que le cambió la vida, podía ser además un aprendizaje para los demás. Allí nació Diabetes en Movimiento 3.0, la plataforma a la que ahora le dedica sus horas después de haber colgado los botines en el 2023.

A los 15 años, después de varias pruebas, había logrado fichar en Vélez. En un año ya era capitán de su categoría y hasta lo habían convocado para la Selección Sub 17 con dos desafíos por delante: el Panamericano en Río Janeiro (en julio) y después el Mundial en Corea (en agosto del 2007). “Estuve yendo a Ezeiza a entrenar, una experiencia única. El lugar, lo que representa para nosotros, poder hacer de sparring con la Selección Mayor, ver jugadores que los veía solamente en la televisión, fue único. Estuve dos meses y medio ahí entrenando”, le cuenta Federico a BOLAVIP. Allí se cruzó con la Selección de Basile, enfrentando a figuras como Juan Román Riquelme, Juan Sebastián Verón, Carlos Tevez, Pupi Zanetti y un tal Lionel Messi.

Todo parecía marchar a la perfección. El capítulo inicial de su carrera como futbolista. “Por suerte logré estar entre los 23 convocados. Con mi familia estábamos tocando el cielo con las manos. Mis viejos ya tenían pasajes para ir a verme. Y un domingo nos hacen los estudios rutinarios que exige la FIFA para ver cómo están los jugadores. Un domingo hicimos los estudios y de ahí pasamos a hacer los pasaportes para poder viajar. Y el lunes a la mañana me llaman a mi casa, que tenía que repetir los estudios. Me sorprendió porque nunca había tenido problema de salud”, comienza el relato de lo que fue un día que marcó un hito en su vida.

“Fui con mis padres al hospital Mitre, me sacaron sangre, orina y a las dos horas entró a la sala con una doctora y me dice que tenía diabetes tipo 1, que no iba a poder viajar al Mundial. Estaba con el médico de la Selección y fue un cachetazo bastante importante. También porque los vi a mis padres perdidos, nos quedamos congelados: no sabía qué significaba la palabra, no sabía por qué no podía ir al Mundial, qué representaba vivir con esta, en ese momento, enfermedad (hace las comillas con los dedos). Y si mi salud estaba en riesgo, porque desconocía todo, yo nunca en mi vida había escuchado la palabra diabetes, en ese momento fue una piña bastante importante“.

Gareca lo hizo debutar en Vélez. Foto Vélez Sarsfield.

Gareca lo hizo debutar en Vélez. Foto Vélez Sarsfield.

¿Qué es la diabetes Tipo 1? Se trata de una enfermedad autoinmune en la que el cuerpo (el páncreas más precisamente) casi no produce insulina, que es la hormona que ayuda a trasladar la glucosa del torrente sanguíneo a las células, transformándose en energía. De esta manera, los niveles de glucosa suben (glucemia alta) y generan problemas de salud. Se controla inyectando insulina manualmente.

A mí me diagnosticaron un lunes, yo viajaba el miércoles, fue 48 horas antes. Explicar la diabetes en ese momento, 2007 era otra vida, otra época, no había tanta información, ni tecnología. La doctora me dice ‘vos tenés que abandonar la carrera de fútbol’. Pensé: tengo diabetes no puedo jugar profesionalmente al fútbol, si jugar con mis amigos un rato en la plaza, pero profesionalmente no. Me bajaron del sueño de poder dedicarme a esto. Hoy sé que perfectamente podría haber jugado. Tendría que haber tenido un tiempo entender qué es tener diabetes y cómo gestionarla, que no es fácil, pero se puede. En ese momento, la médica se jugó la carta segura: ‘le digo que no puede y más o menos que lleve su diabetes equilibrada'”.

Aquel día del diagnóstico se extendió por 12 más. “Cuando me dan el estudio, la glucemia me da 360, que es bastante alto. Emocionalmente, cuando te dan un mensaje como este, tu cabeza libera cortisol, y hace que aumente. Se me fue a 611. Ya 611 es un número en el que estás al borde de que pueda pasar algo más grave. Me internaron, estuve 12 días ahí, tratando de liberar la glucemia y de entender qué es la insulina, cómo se aplica, cuántas insulinas tenés que usar, cómo hacer con la comida. Hoy te digo que si te diagnostican diabetes, no tenés que estar doce días en un hospital”.

Jugando en el Catania. Foto Federico Freire.

Jugando en el Catania. Foto Federico Freire.

En aquel equipo estaban el Toto Salvio, Guido Pizarro, Ezequiel Muñoz, Patito Rodríguez, Gastón Sauro, entre otros. Freire tuvo que verlo por TV. Miguel Angel Tojo y el médico de la Selección lo visitaron durante la internación, le llevaron una camiseta pero poco más pudieron hacer en aquel momento: el desconocimiento general era absoluto. ¿Qué hacer? ¿Cómo se sigue?

“Yo salgo del hospital, tomo la decisión de no jugar más, no me imaginaba intentando hacer algo que el médico me había dicho que no podía. Les dije a mis padres: ‘Ya está, cuelgo los botines’. Fue un momento familiar muy fuerte. La angustia, el dolor de por qué me está pasando esto a mí. Cuando le digo a mi viejo que no juego más fue la primera vez que lo vi llorar a mi papá, fue impresionante”. Como esa madre que lo llamó llorando 10 años más tarde.

Federico Freire hablando sobre su plataforma. Foto IG.

Federico Freire hablando sobre su plataforma. Foto IG.

De la angustia a la esperanza

Todo lo que vino después fue incertidumbre, miedos, vergüenza, frustración y bronca. Empezaron las peleas, el enojo, el no querer encarar el tratamiento por no aceptar lo que le estaba pasando. Hubo tres personas claves que dieron vuelta la historia: un DT que le tuvo paciencia, un médico que le explicó todo lo que no sabía y un muchacho que le hizo valorar el privilegio con el que contaba y no estaba viendo.

“Mi mamá me dice ‘si tenés ganas de no jugar más, solamente te pido que vayamos al club, que hables con el técnico’. En ese momento estaba Omar Asad, el Turco Asad. Yo siendo capitán de la categoría, tenía que dar la cara. Fui al club, me junté con Omar, estuvimos un rato charlando y le dije, ‘mirá, yo no quiero, no tengo ganas de seguir con esto’, estaba muy golpeado. Y me dice ‘tomate dos semanas y después charlamos’. Volví, me quedé encerrado en mi casa, arrancó el Mundial, fue fuertísimo, pero al mismo tiempo empecé a sentir que me faltaba algo, un objetivo, un motivo de vivir, extrañaba el sol, el entrenamiento, el pasto, los compañeros. Ahí empecé a animarme a pensar ‘voy igual, no puede ser que no pueda hacer esto’. Y justo conozco a un diabetólogo, Luis Grossenbacher, que es mi médico hasta el día de hoy, y lo primero que me dice es ‘yo te obligo a que juegues al fútbol, no hay motivo alguno para que lo dejes’“.

El día que quedó internado tras su diagnóstico. Foto Federico Freire.

El día que quedó internado tras su diagnóstico. Foto Federico Freire.

El tercero no tiene nombre: fue un chico que se cruzó en un colectivo cuando evitaba ir a los entrenamientos. “Estaba negado, tenía miedo y tenía mucha vergüenza”, reconoce. Pero en pleno julio, cuatro meses después de aquel diagnóstico, se cruzó con otra realidad: mientras él se avergonzaba por mostrarse vulnerable delante de sus compañeros, un chico sin un brazo ofrecía caramelos en un bondi. Ese otro mundo le abrió los ojos. “El pibe se sube al bondi, me mira y me sonríe, y me dice ‘buen día’ y para mí fue como un cachetazo de realidad”.

Volvió al club, comenzó terapia, encontró un equipo médico que lo acompañara. Igualmente, le costó naturalizar su realidad. “Yo midiéndome la glucemia, pinchándome el dedo, poniéndome insulina, me daba mucha vergüenza. Y lo hice mucho tiempo escondido en el baño para que mis compañeros no lo vieran. Fue un error muy grave, porque cuando vos le contás a alguien lo que tenés y cómo lo llevás adelante, las personas se sorprenden y hasta inclusive te admiran. Yo en ese momento no lo veía”.

Volver a empezar

Con el tiempo le ayudó ver que había otros deportistas profesionales que habían llegado muy lejos pese a su diabetes Tipo 1: Nacho Fernández, el exReal Madrid y jugador de la Selección española, el alemán Alex Zverev, hoy top 3 del ranking ATP. “Yo creo que podría haber muchos más casos de deportistas de alto rendimiento que por ahí no llegaron por un montón de mecanismos que no se dieron, sobre todo la educación en esta condición“.

En la Legislatura porteña, con su amigo Gustavo Cascio. Foto Federico Freire.

En la Legislatura porteña, con su amigo Gustavo Cascio. Foto Federico Freire.

Volvió si, pero le costó naturalizarlo: “Me llevó unos dos, tres años. Yo pensaba en ese momento que cuanto menos hablara de mi diabetes, menos débil me iban a ver. Por suerte, me acostumbré rápido, pero tuve muchos golpes en el camino, muchos golpes. Hipoglucemias, hiperglucemias, desmayo, falta de conocimiento. La diabetes te enseña a los golpes, pero cuando vos te educás esos golpes van a venir pero vas a saber cómo poner los brazos”.

“Una pretemporada en Vélez, muy fuerte, en Uruguay. Ya veníamos de una hora y media de entrenar, gimnasio, pasadas, reducido. Me caí desmayado al piso. Me acuerdo que Seba Domínguez me alzó, me llevó al hotel donde estábamos, me acostaron… Me quedé sin energía. Hace poco me encontré con Augusto Fernández, siempre me dice ‘boludo, cómo me asusté, porque fui impresionante, te vi que te desmayaste y pun, aterrizaste en el piso’. Para mí fue un aprendizaje, no me había medido la glucemia, pensé que estaba bien, tendría que haber tomado más bebida con azúcar para seguir estando con energía y seguir el entrenamiento como los millones que hice. Fue un aprendizaje para todos“.

Ricardo Gareca fue quien decidió subirlo al plantel profesional y al poco tiempo debutar en Primera.

¿Pudiste hablar con Gareca sobre tu condición?
-Sí, Ricardo me sube a Primera, me lleva a la pretemporada en Uruguay. Yo era muy chico y Ricardo, cuando arranca las pretemporadas, hace entrevista con todos los jugadores. Esa entrevista dura 20, 25 minutos, te cita en su habitación y habla. Él me subió porque me había visto ver en Inferiores. Me sorprendió porque la primera pregunta fue ‘¿cómo se llaman tus padres y cómo están?’. La segunda pregunta fue ‘¿qué te gusta desayunar a la mañana?’. Fueron preguntas medio desequilibrantes. Después hablamos un poco de fútbol y al final me dijo: ‘Yo sé que vos tenés esta condición, contame’. Le conté cómo yo lo llevaba, me dijo que él tenía información por el médico, me preguntó si yo estaba seguro, cómo me sentía. Fue un tipo que confió en mí, me dijo ‘si vos lo llevás bien, y yo te veo muy bien en los entrenamientos. Me gusta saber información porque cualquier cosa que pase o cualquier cosa que tenga que entender quiero resolverlo o tomar decisiones lógicas’. El me acompañó y fue la persona que me dio la posibilidad de debutar en la Primera de Vélez.

El Tigre le dio confianza y confió también en Carlos Damiano, médico de aquel entonces que ya conocía a Federico. Y así llegó el debut, contra Colón, fue la figura en el empate 1-1. “Estaban esperando mi mamá, mi papá y mi hermano. Y nos abrazamos, fue como ‘che, lo logramos’. Y yo después dije ‘todo lo que venga partir de hoy en adelante es un regalo. Ya está’“.

Todo lo que vino después fue jugar Copa Libertadores, salir campeón con Vélez, irse a Europa, una carrera profesional que duró 12 años y a la que le puso fecha de finalización de un día para el otro, cuando sintió que ya estaba bien y le puso toda su energía a contar la diabetes y ayudar a mucha otra gente.

Celebrando el título del 2012 con Vélez. Foto Vélez Sarsfield.

Celebrando el título del 2012 con Vélez. Foto Vélez Sarsfield.

Pasó por Catania, en Italia, con muchos argentinos. Más tarde sintió que quizá se fue demasiado rápido de Vélez pero quiso subirse al tren. Volvió al país para jugar en Arsenal, luego pasó por Perú, Gimnasia de Jujuy, Olimpo y Estudiantes de San Luis (adonde fue por pedido de Omar Asad y él dijo sí casi sin pensarlo). Pasó por Andorra, San Telmo, nuevamente Perú y después de pasar una vez más por Bahía Blanca, se despidió del fútbol siendo muy joven aún.

-A Sarandí te llevó Gustavo Alfaro y después te dirigió Martín Palermo
-Fue muy lindo tenerlo a Gustavo, un técnico que da gusto escuchar cómo habla, cómo piensa, lo que dice. Se fue a Gustavo, vino Martín. Vino con Schiavi y Abbondanzieri. Muy buena gente, gente muy sana, con muchos códigos. La verdad que también lo disfrutamos mucho. Gente que deja un legado en el fútbol y tenerlos y que sean tan simples fue muy lindo. En mi caso, yo con Martín, arranqué jugando los primeros 7 meses, nos fue muy bien. Llegamos hasta cuartos de final de la Libertadores. Vuelvo de las minivacaciones, me agarra pubalgia. Estuve cinco meses lesionado. Y a los cuatro meses, Martín me dice ‘mirá, Fede, el club no va querer que vos continúes acá, buscate club. Recuperate lo más rápido posible’. Un tipo como Palermo, no tiene porqué tener esos códigos conmigo, que yo no soy nadie, fue gente muy linda. Muy nobles para ser quienes son.

Fútbol y diabetes

“Cuando llego, el médico me recibió y me dijo ‘vos tenés diabetes, no entiendo mucho. Te vamos a mandar a Roma a hacerte estudios para ver cómo estás’. Y yo le dije que mis estudios de sangre dan bien, vengo de jugar en Vélez a un nivel muy alto, venimos de salir campeón, jugar Copa Libertadores. Me mandaron a Roma, estuve un día entero en una clínica bastante importante, donde se hizo la recuperación Totti, un lugar pro. Me hicieron todos los estudios, estaban perfectos. Esto me pasó en muchos lugares. Yo estuve en Italia, después estuve en Perú, no tenían ni idea de lo que era. Y el médico confió en mí y cuando yo termino mi contrato en San Martín de Porres, ese año a mí me eligieron como mejor volante extranjero del año. Y cuando yo me estoy por ir, el médico me dice ‘nunca me imaginé que vos ibas a rendir como rendiste teniendo diabetes’. Y ahí me empezaron a caer muchas fichas: hay un mensaje que está muy mal dado en esto“.

El mensaje de todos estaba siendo muy claro: nadie sabe cómo gestionarlo. Le pasó también yendo a aeropuertos con sus jeringas de insulina. “Sorprende mucho la aguja. Es explicar y explicar. A veces te pedían una orden del médico, después se fue liberando y hoy por hoy, las últimas veces cero, no me han dicho nada”.

En Perú hizo una muy buena campaña. Foto IG.

En Perú hizo una muy buena campaña. Foto IG.

Diabetes en movimiento 3.0

Desde ese lugar nació esta plataforma, aunque en principio le costó plasmarlo, por donde llegarle a las personas en su misma situación. Federico junto a su amigo Gustavo Cascio -también diabético- y médicos especialistas buscan brindar un espacio de contención, guía y apoyo a quienes necesitan aprender a gestionar su condición. Conocimiento y y acompañamiento. Más de 200.000 personas ya pasaron por el programa, que recibió un reconocimiento en la Legislatura.

“Diabetes en movimiento es un poco de deseducar y armar comunidad”, explica con orgullo Fede. “La gente empieza a vivir esto con menos peso, con menos miedo. Aplicarte insulina todos los días no es fácil y menos cuando no la entendés. En la diabetes vos podés comer lo que quieras, podés hacer el deporte que quieras, podés vivir la vida que quieras. Eso es una realidad, ya es un facto. No lo estoy diciendo yo para vender un poco de humo. Es algo que está”, dice. Y es lo que intentó desde aquel llamado telefónico en 2016: ayudar a quienes, como le pasó a él, les cerraron una puerta. El busca abrir miles.