Grandeza total de Marcelo Gallardo para despedirse de River. Chapeau, Napoleón. Prometió poner al Millonario por encima de su carrera, de su momento y lo hizo.
Cuando el Muñeco vio que la situación no daba para más, pensó en River y dio un paso al costado.
Eso sí, Gallardo lo intentó todo: en cuatro libros de pases, compró, compró, compró; gastó, gastó, gastó. Y mucho más de lo que nos hubiese gustado a todos.
Todos esperábamos que Gallardo arme un equipo, no que salga permanentemente de shopping para diseñar algo que no encontró. La receta no funcionó y le fue decididamente mal.
Ahora, hay dos datos objetivos en esta salida del Muñeco del club. El primero es que quien le da la estocada final es Guillermo Barros Schelotto, su gran derrotado en su primer ciclo. Y el otro, que a mí me sorprende, es que Gallardo acepte despedirse igual que Demichelis, con una fiesta de despedida que se da porque las cosas no salieron.
En el fondo, muchos en River querían que se vaya Gallardo. Lo van a valorar siempre y la estatua no se va a tocar ni se va a manchar, pero, como técnico, ya no lo querían más.
Lo que sí es seguro es que el próximo jueves se vivirá en el Monumental una de las noches más emocionantes de la historia porque se va uno de los máximos ídolos del club, Marcelo Gallardo, el Señor Napeoleón.

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