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Murió José Sanfilippo, ídolo de San Lorenzo y campeón con la Selección Argentina

El "Nene" disputó dos Mundiales con la Albiceleste y es el máximo goleador de la historia del Ciclón. Tenía 91 años.

Murió José Sanfilippo, ídolo de San Lorenzo y campeón con la Selección Argentina
© San LorenzoMurió José Sanfilippo, ídolo de San Lorenzo y campeón con la Selección Argentina

A los 91 años, murió José Francisco Sanfilippo. El ex futbolista falleció este jueves 4 de junio en Buenos Aires. Se trata del goleador histórico de San Lorenzo y una leyenda del fútbol argentino. Además de la del Ciclón, vistió las camisetas de Banfield, Boca y la Selección Argentina.

Para las generaciones más jóvenes, será quizás el declarante polémico que podía hacer enojar hasta al más experimentado jugador. Como futbolista fue igual: no importaba a quién tuviera enfrente, encaraba sin pudores ni temores, sin importarle la chapa del defensor o del arquero que intentara detenerlo.

El Nene siempre fue así, en la cancha y afuera. Por eso es el máximo anotador histórico de San Lorenzo, jugó dos mundiales y en aquellos tiempos, a fines de los 50 y comienzos de los 60, fue considerado uno de los mejores futbolistas argentinos. Tope de gama absoluto. Y una vez que colgó los botines, se destacó por ser un polémico panelista, siempre picante, siempre al hueso, capaz de pelearse con Sergio Goycochea después del 5-0 con Colombia, de discutir con Maradona, destrozar a Oscar Ruggeri o cuestionar el gol de Diego a los ingleses, diciendo que fue en contra…

Sin embargo, el exdelantero supo defender a Messi como ninguno. “El que critica a Messi no sabe nada, es un burro. Es el mejor de todos los tiempos”. Y ojo, esas palabras salieron de su boca antes de que el 10 se consagrara en Qatar o ganara las últimas dos Copas América. Tampoco se subió a la moda de criticar a Lionel Scaloni apenas asumió. Algo sabía el Nene.

El crack detrás del panelista

Si hubo algo que siempre lo caracterizó fue el amor propio. Algunos le dirán soberbia, pero tenía con qué. “¡Fui un fe-nó-me-no!”, se definió a sí mismo en alguna entrevista. El apodo se lo puso su papá, sin siquiera saberlo: le decía “corré, nene”, cuando jugaba en las Inferiores de San Lorenzo y le quedó para siempre. El rostro, claro, lo ayuda.

Sus números en San Lorenzo avalan esa personalidad sin grietas: 207 goles en 258 partidos. Fue campeón en 1959 y ya en el final de su carrera volvió a dar dos vueltas olímpicas más, en 1972, logrando Metropolitano y Nacional de aquel año. Cuatro veces máximo anotador del torneo nacional (58, 59, 60 y 61, nada menos) y quien más goles le hizo al clásico rival. Contra Huracán gritó nada menos que 16 veces. Una locura.

Fue, durante muchos años, top cinco entre los goleadores vernáculos. Sólo superado luego por Martín Palermo, en el 2011. Si, todo ese tiempo pasó para que lograran alcanzar su marca de 226 goles.

El explica que no fue casualidad o un don innato. Para nada: “No dejé nada librado al azar. Si tenía dificultades con una pierna, me quedaba horas practicando y practicando contra la pared. Me faltaba cabezazo y le pedía al entrenador que después de la práctica dejara al arquero y a un compañero para que me tiraran centros. Y de esas te puedo nombrar mil. También me gustaba ir al arco en algunos picados, para ver desde otro lado qué pensaba el goleador, para entender un poco más”.

Para eso había creado justamente el Sanfigol. Se trataba de un jaulón que tenía el largo de un arco, algo más de siete metros. En el fondo, sobre una pared, había dibujados tres arquitos, dos que estaban ubicados pegados a cada póste, de 80 centímetros. Allí se pasaba horas pateando, practicando cómo definir a esos huecos, algo que replicaba después en la cancha.

Así se perfeccionó desde sus tiernos 14. Y por eso mismo se autoelogiaba: no por el talento, sino por haber trabajado sobre todo en sus limitaciones. Dominar ambas piernas, cabecear siendo pequeño. El se encargó de dejar eso atrás.

La espina de la primera Copa

No todo estuvo en sus manos. Sanfilippo recordaba con cierta amargura la frustración que sintió cuando los dirigentes de San Lorenzo decidieron “vender” el partido definitorio por la semifinal de la Libertadores del 60. Era la primera edición y se llamaba aún Copa de Campeones de América.

San Lorenzo y Peñarol habían empatado ambos partidos y fueron al definitorio. Que por obra y gracia del dinero se jugó en Montevideo, en el Centenario, y fue para los uruguayos. El Nene hizo el empate, pero a los 89 llegó el gol que le dio el pase a la final al Manya, que luego fue campeón. “Me quería matar y los quería matar a ellos”, dijo sobre aquel suceso.

En su juventud, vivía a 20 cuadras del Viejo Gasómetro, iba caminando hasta el club. Siempre fue fanático de San Lorenzo, igual que su papá. Hasta conservó 9 tablones y algunos hierros de la base de la vieja cancha cuando la demolieron. Se armó una tribuna en su quinta. Y se negó a entrar al supermercado que pusieron en su lugar. Decía que sentía el griterío de la gente cuando pasaba cerca del lugar…

Pese a ese amor que siempre lo unió con San Lorenzo, en 1963 cambió de camiseta y se puso nada menos que la de Boca. No fue por deseo propio: lo vendieron sin consultarle siquiera. Y casi logra lo que no pudo con el Ciclón: llegó a la final de la Libertadores del 63, en la que el Xeneize cayó ante el Santos de Pelé. El Nene fue el goleador de aquel torneo, con siete gritos, tres de ellos en la final, que fue para los brasileños por 3-2 y 2-1.

Jugó apenas 28 partidos en el Xeneize y aunque sus goles fueron importantes, apenas convirtió 14, lejos de sus mejores promedios. Se fue pronto, después de pelearse con el entrenador. En el inicio de la temporada de 1964, y mientras se disputaba la Copa Jorge Newbery, el Nene le pegó una trompada a Aristóbulo Deambrosi, ayudante de Adolfo Pedernera.

En aquella competición sólo se podían hacer cambios durante el entretiempo y Sanfilippo estaba en el banco. Tuvieron un entredicho y la respuesta del delantero fue una certera trompada. Alberto J. Armando que tanto lo había querido llevar a su equipo primero lo suspendió y luego terminó dejándolo ir a Nacional de Montevideo.

No fue la primera vez ni la última que arregló algún tema a las piñas. Lo hizo con un árbitro y con un rival, nada menos que el Panadero Díaz, aquel que después fue ayudante de campo de Mostaza Merlo.

En Uruguay también se destacó por sus goles, pero una fractura en un partido ante un equipo brasileño lo frenó. Ya para el 72 estaba de regreso en San Lorenzo: se había ido mal, lo echaron enfrentándolo y hasta se besó la camiseta en el medio de su enojo por cómo lo vendieron, pero tuvo su retorno. Con el Toto Lorenzo como DT se consagró campeón. Después, llegó la hora de dejar descansar los botines. Y se sentó como panelista…

La frase que lo marcó

“Mirá, esa noche había un montón de gente en el programa y le tuve que pedir a Neustadt, el conductor, que me diera la palabra, porque estaba pintado, casi no hablaba. Lo que me hizo calentar fue que Goycochea dijera que no quería ver más ese partido. Y ahí lo frené: “Discúlpeme, pibe, pero usted tiene que ver ese partido porque se cometieron muchos errores y si se repiten esos errores, nos podemos quedar afuera del Mundial, usted tiene que sentarse a ver los defectos”. Y enseguida después le dije que se había comido todos los amagues”.

Argentina había perdido 5-0 ante Colombia en el Monumental por las Eliminatorias al Mundial 94. Quedaba a las puertas de un repechaje para poder clasificarse, con el Coco Basile como DT y Maradona saliendo de una suspensión. La tapa negra de El Gráfico, los paneles de la TV, todo hablaban de lo mismo.

De hecho, el programa que los juntó fue Tiempo Nuevo, conducido por Bernardo Neustadt, periodista político. Allí estuvieron Goycochea y Sanfilippo y allí se dio esa famosa frase que lo marcó: “Pibe, usted se comió todos los amagues, le hicieron cuatro goles en el mismo palo”.

“La mujer de Goyco, que estaba embarazada, se puso a llorar, entonces me acerqué y le dije: “Disculpemé pibe, si se molestó, le hablo a usted como le hablo mi hijo, que tiene su edad, no fue ofensivo”. Lo que más me calentó fue que entrara Bilardo en medio del programa y dijera “Vamos, Goyco, tenés que irte, ¿quién es Sanfilippo para hablar?”. Y ahí exploté: “Fui setenta mil veces más jugador que vos, Bilardo, que fuiste suplente de suplente””, contó en El Gráfico.

Esa frase mordaz le subió el precio como comentarista y desde entonces todos lo quisieron para opinar de todo: de la Selección, de San Lorenzo, de Boca, de los delanteros, de los arqueros. De Maradona o de Messi. El nunca se cayó nada.

Intentó como entrenador, pero dice que se decepcionó rápido. También se metió en política. Pero hablar de fútbol o el fútbol en si mismo siempre fue lo suyo, el lugar en el que más cómodo se sintió. Un goleador letal. Un fe-no-me-no como él mismo se definía.