Es el único argentino en la historia que tiene las dos medallas, que fue campéon del Mundo dos veces. En el 78 y en el 86. Para darle dimensión a semejante privilegio basta mencionar que en la lista hay apenas otros 20: 16 brasileños (entre los que están Pelé, Garrincha y Ronaldo, entre otros) y cuatro de Italia (que repitieron en 1934 y 1938). Y, además, Argentina suma 43 campeones mundiales desde el título del 2022: el número es impar, justamente, porque hay un nombre que se repite.
Sin embargo, desde que terminó aquella final en México y Diego Maradona alzó la copa como capitán, Daniel Passarella repitió en incansables entrevistas que él no se siente campeón. “Fue la tristeza más grande de mi carrera. Yo siempre me sentí campeón jugando. Estuve en la lista y me dieron la medalla de oro. No, yo no”. Los números, al menos, lo avalan: no jugó ni un sólo minuto del segundo Mundial ganado por Argentina. Después de haber sido el gran capitán en el 78, el Kaiser no salió a la cancha ni una sola vez.
Un virus y mil rumores

Maradona con la copa. Passarella, de civil en el Azteca. Foto archivo.
A los datos reales sobre lo que pasó en México durante el Mundial, se le agregaron los rumores, los análisis externos, la falta de información en tiempos donde la comunicación no estaba a un click de distancia, las influencias, los estados de ánimo, las rencillas internas, las intencionalidades y un sinfín de condimentos más. El mismo Passarella le agregó varias veces una cuota de suspicacia a todo lo que le ocurrió durante la competencia.
Porque todo se mezcló: la mala relación con Carlos Bilardo en la previa a México, los rencores por la capitanía de Diego Maradona -que también desgastaron hasta romper su amistad con el 10-, el virus que contrajo y que lo aquejó y lo obligó a estar internado y las decisiones posteriores que le impidieron recuperarse para poder estar óptimo. A todo eso, se le sumaron las opiniones ajenas, las versiones de sus propios compañeros y del cuerpo técnico y una verdad a la que siempre pareció faltarle o sobrarle alguna pieza.
Que si lo intoxicaron a propósito para sacarlo del equipo. Que no fue Bilardo pero sí alguien más que lo quería afuera. Que lo apuraron para que se lesionara y no pudiera jugar. Que en realidad el Kaiser tenía miedo de jugar y por eso él mismo se generó todo eso. Algunos protagonistas, vale decirlos, ya no pueden dar su versión de los hechos. Pero lo han hecho a lo largo de los años.
“Una gran amargura porque tenía muchos deseos de jugar el Mundial y prácticamente por una pavada me lo estoy perdiendo. Pero después de haber sufrido bastante por no haber podido jugar estos dos partidos espero poder recuperarme (…). Sí, perdí cuatro kilos pero prácticamente los he recuperado y ya me olvidé del pasado y pienso en el presente”, declaraba un joven Passarella con tono italiano en México, en medio del torneo.
El inicio del conflicto
El comienzo de la historia ni siquiera lo tuvo presente a Daniel Passarella. Comenzó cuando asumió Bilardo, en febrero de 1983, tras la salida de Menotti luego del Mundial del 82. Luego de asumir, el Doctor se fue de gira a Europa para visitar a varios jugadores, entre ellos a Diego, que jugaba en el Barcelona. Maradona contó alguna vez que Bilardo se le apareció en su casa a las 7 de la mañana y se lo llevó a caminar. Ahí le anunció que sería el capitán de esta nueva etapa de la Selección.
“En el año 83 fui a Barcelona a verlo y le dije que iba a ser el capitán de la Selección. Cuando llegué al país, anuncié que el único titular y capitán de la Selección iba a ser Maradona. Me tuve que ir del país 10 días, me querían matar, me querían ahorcar”, contó Bilardo con los años.
Pese a que el debut del Doctor fue en mayo del 83, recién pudo citar a Maradona en mayo del 85, dos años después, y lo hizo en medio de conflictos con el Napoli, que no quería liberarlo para amistosos. Diego logró destrabar la situación, viajó durante largas horas, entre idas y venidas, para poder jugar en Argentina y regresar para representar a su equipo. Fue capitán contra Paraguay y Chile.
“Gracias por venir”, titulaba El Gráfico la tapa con una foto de Maradona y el Kaiser, quienes habían logrado destrabar su situación para estar presentes. A partir de ese momento, Diego jugó luego los seis partidos de Eliminatorias, que culminaron con el histórico partido ante Perú, ese 2-2 en el que Passarella se vistió de héroe, con ese pelotazo a los 36 minutos que pegó en el palo y que Ricardo Gareca empujó hacia la clasificación.
Un cónclave en Florencia
Con las declaraciones de Bilardo retumbando en su cabeza, en 1984 Passarella -que la estaba rompiendo en Fiorentina– sintió que Bilardo no iba a tenerlo en cuenta y lo expresó públicamente: no había sido parte del debut del nuevo DT y se sintió excluido del nuevo proceso. Hubo una primera charla, ese año, según contó Daniel en una entrevista, en la que le avisó al entrenador de su buena predisposición.
“La Selección me atrae, me conmueve… Bilardo lo sabe; si me llama, voy. Al que no le importa la Selección es porque ya perdió el fuego sagrado, y eso a mí no me pasa”. En el medio, claro, recibió en Italia la visita de Menotti, enfrentado con el Doctor…
Para 1985, el Kaiser estaba de nuevo entre los citados, aunque -sin la cinta- sentía que no tenía su lugar asegurado en el 11 y por eso soltó: “Soy titular o no juego”. Y hubo una reunión, esta vez cara a cara, en febrero del 86. Fueron tres horas y pico de charla, tocando varios temas, entre ellos también la forma de jugar del equipo: “Jugar con líbero no es para Argentina”, había declarado Passarella en su momento. “Las explicaciones que me dio me dejaron satisfecho”, declaraba después.
La conformación del grupo parecía encaminarse: se venía la primera gira por Europa y Bilardo comenzaba a conformar en su cabeza el plantel del que saldrían los 22 convocados para viajar a México. En aquella lista hubo ausencias que se sumaron más polémica: ni el Pato Fillol y Ramón Díaz, a quien tenía planeado visitar en Italia pero finalmente no se concretó el encuentro, se quedaron afuera.
Gira, peleas y dudas
La gira con magros resultados, la lista de convocados con ausencias de peso, las declaraciones públicas de un Passarella que era emblema y se sentía afuera, un Maradona que era mirado de reojo desde España 82 y que aún no había demostrado sus razones para ser capitán tenían un punto en común: Carlos Salvador Bilardo.

Tres protagonistas de la historia: Maradona, Passarella y Bilardo. Archivo.
El país entero estaba a disgusto con el equipo. Se hablaba de los intentos del presidente Raúl Alfonsín de reemplazarlo, se criticaba a Julio Grondona por su designación, cada decisión era tomada con pinzas. Y Diego que lo defendía en cada entrevista. En el medio, dos giras con amistosos que dejaban sensaciones agridulces, por resultados y rivales elegidos. Derrota con Francia, victorias ante Napoli y Grasshopper de Suiza. Y más tarde, triunfo ante Noruega en Oslo y victoria 7-2 ante Israel: ese sería el último partido de Daniel Passarella en la Selección.
Argentina saldría del país 37 días antes del Mundial y arribaría a México el 5 de mayo, siendo el primer equipo en llegar. El arribo al centro deportivo de América de México más que calmar las aguas, las hizo aún más turbulentas. Reuniones, peleas, reproches, contando los días antes del debut con Corea del Sur, el 2 de junio.
La relación de Diego y Daniel ya estaba rota. Había dos grupos: por un lado los llamados menottistas, con Passarella a la cabeza, Valdano y Bochini. Del otro, quienes se paraban del lado de Bilardo, empezando por el Tata Brown, campeón con Estudiantes y señalado como uno de los que le pasaba información interna al DT. Y Maradona, el capitán. Una interna caliente que explotó justamente en el calor de Barranquilla después de empatar 0-0.
De todas las peleas y reproches que se sucedieron aquellos días, ese cónclave fue el definitivo. Porque acordaron que todos debían tirar para el mismo lado. Y que todo lo dicho en esa habitación debía quedar allí de por vida. Dicen que en aquella reunión y aquella fiesta en la que se relajaron previo al Mundial nació el campeón, apareció la mística. Pero las heridas nunca se curaron.
Lo que había sido una amistad entre capitanes nunca se pudo recuperar: Passarella nunca aceptó haber perdido la cinta y lo repitió en entrevistas aún décadas más tarde. Aunque la bronca mayor era con Bilardo, nunca reconoció a Diego como un digno guía para el grupo. “¿Vos sos el capitán? Qué vas a ser el capitán, pendejo. A vos te gusta la joda”, cuentan que le gritó. Años después diría: “La cinta de capitán no quiere decir que no haya otra apersona que pueda ser capitán sin cinta”.
El 27 de mayo, a días del debut, Passarella y Maradona posaron juntos para El Gráfico con gorros mexicanos, brindando, con amplias sonrisas. Fotos que quedaron en la historia. La realidad era que no se dirigían la palabra. La nota había sido producida días antes porque cuando ya estaba en la calle, Daniel ya estaba sufriendo los embates del Mal de Moctezuma, unos parásitos intestinales que le generaron una enterocolitis severa que terminó en internación y de la que nunca se pudo recuperar.
Adiós al Mundial
“Me agarra una diarrea permanente, cuando se me cortó, me dejaron de medicar, y cuando me dejaron de medicar, no sé por qué, porque no me alteraba para nada el poder jugar, me vuelve”, relató Passarella en una entrevista años después. “Yo por la mía lo llamo al doctor Oliva, que es el médico que había tenido en el Mundial 78. ‘¿Y te volvió la diarrea?’ Si. ‘Bueno, armate el bolso y venite para Italia porque no jugás el Mundial, olvidate del Mundial’, me dijo”.
“Cuando el doctor Oliva me dice eso, me da esa noticia, me acuerdo que yo no me podía dormir a la noche. Entonces me levantaba, agarraba un banquito y me iba al medio de la cancha, porque estábamos rodeados de canchas en la concentración del América. Yo dormía con el Tata Brown, y no lo despertaba a él ni nada porque él iba a jugar por mí. Y me levantaba y me iba con el banco al medio de la cancha y me ponía a llorar solo. Fue la decepción más grande que tuve en el fútbol“.
El propio Kaiser contó que se trató de una amebiasis, un parásito (giardia) que se contrae por consumir agua o alimentos contaminados. Después de las pastillas de carbón y los antiespasmódicos hubo cierta mejoría y por eso Bilardo lo había confirmado para ser titular ante Corea del Sur, en el debut. Pero una hora y media antes de salir a la cancha, estaba débil y con varios kilos menos. Se lo comunicaron al DT y decidieron juntos que era demasiado el riesgo.
“Pregunté quién es el mejor médico que hay acá en México, especialista en gastroenterología, pagale lo que tengas que pagarle, dije. Que el tipo me haga un diagnóstico y un certificado con lo que tiene. El tipo era una eminencia”, dijo Bilardo en una entrevista para En crudo. Sabía que todo eso iba a generar suspicacias, siempre se adelantaba a todo. De hecho, el mismo padre de Passarella, presente en México, estaba convencido de que lo habían intoxicado para que no jugara.
Fernando Signorini, preparador físico de Maradona, no cree que lo hayan hecho a propósito, pero sintió que quizá no hicieron todo lo que hubiesen podido para curarlo. “El estaba tirado en la cama y me pregunta ‘¿y vos qué pensás?’. Yo creo que si el del problema hubiese sido Maradona ya estarían arriba del avión, recorriendo el mundo, buscando un especialista. Y vos estás tirado acá. Eso es lo que me pareció, a mi se me ocurría que no era tan necesario… Sino para mi se tendría que haber hecho algo más y no se hizo. A mi me dolió, como me duelen todas las injusticias“.
Pasó diez días internado, con suero. Pasó la victoria con Corea del Sur y llegaba Italia. Aunque estaba un poco mejor, era un riesgo que saliera a la cancha diezmado, sin fuerzas. Fue empate 1-1. El 10 de junio era tiempo de enfrentar a Bulgaria. Ya no quedaban resto del virus y volvió a entrenarse.
“Él no sé qué tomó que le agarró lo del estómago, pero qué pasó, nadie lo cuenta. Passarella se recupera, estaba para jugar el otro partido y haciendo un trabajo físico, el profe lo frena porque estaba muy flaquito. Había perdido muchísimo peso. El profe y Madero le decían ‘Daniel, por qué no parás, te vas a lesionar’. Pero viste lo que era esa bestia, no le daba bola a nadie y se desgarró. Nadie sabe que se desgarró ahí y después le agarró la recaída del estómago”, contó en ESPN Oscar Ruggeri, otro de los grandes referentes.
Raúl Madero, fallecido en diciembre del 2021, también dio su versión en una entrevista con El Gráfico en 2015: “Passarella fumaba y tomaba whisky por las noches y pensó que los cubitos de hielo no le iban a hacer nada. Su problema en el 86 comenzó por el hielito del whisky. Cuando lo agarró el virus lo llevé al hospital, con los mejores especialistas en gastroenterología. Bilardo le dijo que la camiseta titular era de él. Antes del partido con Italia, fue claro: ‘Si te sentís bien, me decís y jugás’. ‘No, con los italianos hacés una macana y te pintan la cara, espero otro partido’, le contestó Passarella. Después del 1-1 con Italia, hubo un entrenamiento intenso, con calor, y él se quería meter. ‘No jodás, porque vas a tener problemas’, le dije. ‘Usted está cagado’, me respondió. ‘Yo te voy a romper una botella en la cabeza, me tenés podrido, si te digo que no lo hagás, no lo hagás’, le dije. No me dio bola, se metió y terminó desgarrándose. Un tipo muy jodido”.
“Empezó a declarar que yo le había dado algo a propósito. ‘Seguí jodiendo, que tengo todos los papeles, un cierto prestigio, y si seguís hablando te voy a hacer un juicio que no te va a alcanzar toda la guita que ganaste en la Fiorentina para pagarme’, le dije. No jodió más“, agregó. Sin embargo, el mito de la inoculación, de que alguien lo había enfermado a propósito se instaló fuerte. Y muchos alimentaron esa historia con sus propias versiones.
Fillol, quien no fue al Mundial, también habló de lo que pasó años después en una entrevista en La Gaceta de Tucumán: “El siempre estaba muy agresivo con Passarella y conmigo, porque éramos del riñón de Menotti. Futbolísticamente no podía objetarnos, sin embargo, no aceptaba la relación con El Flaco. A mí me hizo jugar todos los partidos y después me limpió. A Daniel, en cambio, lo llevó y le dio una purguita que lo sacó del equipo. Y casi lo mata”.

Fillol y Passarella, en una de sus últimas apariciones públicas, en el 2023. Getty Images.
“Es literal, todos lo sabemos, pero nadie se anima a decirlo. Yo no tengo problema. ¿Dónde estuvo Passarella durante el Mundial de México? Internado con una diarrea infernal. ¡Preguntale a Daniel o a los que fueron a verlo! Le dieron algo para tomar. Elijo ser uno de esos pocos que lo cuentan”.
Entre suero, antibióticos y demás, perdió ocho kilos. Después de cada partido, Julio Grondona lo visitaba y le llevaba su camiseta, la que le hubiera tocado usar. Después de los octavos con Uruguay, otra vez tuvo una recaída y quedó internado. El 22 de junio, el día del Gol del Siglo y la Mano de Dios en el Azteca, lo vio por la tele desde el hospital Español del Distrito Federal.
De hecho, hay una anécdota que grafica a la perfección la confusión de aquellos tiempos. Bilardo aseguró que en ese partido, el Kaiser le recomendó al Doctor que pusiera en cancha a Néstor Clausen en los minutos finales. El mismo Passarella se encargó de responderle: “Decile a Bilardo que se está poniendo gagá. ¡Cómo le voy a decir eso si el 22 de junio estaba internado en una clínica!“, cuentan que respondió en el 2006 Daniel ante esta historia contada -y luego repetida por varios- por el entrenador.
El 29 de junio, cuando Argentina se consagró campeona del Mundo por segunda vez en su historia, Daniel Alberto Passarella, el capitán del 78, estuvo vestido de civil y así subió al palco a recibir su medalla. “Cuando terminó el partido me levanté para festejar y me agarró un mareo tal que me caí. Después el plantel volvió a la Argentina y yo no pude. Tuve que quedarme allá como diez días más para que me tratara el médico, porque tenía una medicación pendiente”.
Pasaron los años, ya varios de los protagonistas no están. Algunos dieron sus versiones, algunos aún replican muchas de las versiones que alimentaron el mito. Daniel Passarella habló varias veces del tema pero desde hace años se mantiene alejado de las cámaras. Pero siempre se encargó de dejar en claro que aún le duele. “Lo que más pena me dio fue cuando algunos acá insinuaron que yo no había jugado el Mundial porque tenía miedo de jugar el Mundial. Era el broche de oro, el cierre de mi carrera. Y me quedé con un angustia que todavía hoy la llevo adentro”.

Bilardo, Signorini, Madero, Clausen, Pumpido y atrás se asoma Passarella. Foto Archivo.
El 30 de junio, el plantel campeón fue a la casa Rosada y fue recibido por Raúl Alfonsín, quien les cedió el balcón para que Maradona y compañía, con la copa en la mano, saludaran a los hinchas en Plaza de Mayo. Allí no estuvo Passarella tampoco: estaba aún en México, recuperándose.
En el 2022, al cumplirse 36 años del título, varios jugadores se juntaron en una cena homenaje. Daniel Passarella no fue. “Hablé con él, me atendió. Quedamos en que vamos a tomar un café. Le dije a Daniel, ‘Vos no te das cuenta que sos muy groso para que no se sepa nada tuyo. Para mí, es el mejor central de todos los que tuvimos por lejos. Yo se lo dije, ‘¿Te das cuenta que sos el mejor de todos los centrales y yo te tengo ahí arriba?’. Bicampeón del mundo y campeón como capitán. Por ahí no se siente parte del 86, pero no me importa, él estaba ahí”, lo elogió Ruggeri.
El mito se sostuvo. Hay datos verídicos y otros que forman parte de la leyenda. Passarella tiene su nombre inscripto entre los 21 jugadores que fueron campeones del mundo dos veces, aunque él no lo sienta así.





