Una película funcionó como mascarón de proa. A partir de allí, todo fue un antes y un después. En tiempos de aldea global, el film Jamaica Bajo Cero, cuyo nombre real es Cool Runnings (en España, incluso, se tituló Elegidos para el triunfo), cuenta la historia de Mike White, Devon Harris y Dudley y Chris Stokes, cuatro jamaiquinos (tres eran del Ejército local y el último se estaba preparando para ingresar a la Universidad de Idaho), que acapararon la escena en los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary (Canadá) 1988. Allí, los cuatro deportistas se enfrentaron a un desafío que, en un principio, asomaba como quimérico: empujar un trineo de nieve en la modalidad bobsleigh. Lejos de su tradición deportiva más afín a las pruebas de velocidad de 100 y 200 metros, dada la presencia del gen ACTN3 (que codifica la velocidad), los jamaiquinos lograron marcar un antes y un después al ganarse el corazón y la simpatía de todo el público. Pero, en verdad, esta historia ganó fama mundial (hoy podría decirse que sería viral) recién en 1993 cuando ejecutivos de Hollywood pusieron el ojo en este hecho casi exótico y pintoresco y compraron los derechos para realizar la película que contó con un presupuesto de 14 millones de dólares y que llegó a recaudar más de 150 millones.

A partir de allí, Jamaica, un país sin tradición en los Juegos Olímpicos de invierno, se hizo protagonista de un deporte, incluso más allá del resultado. Incluso, compitió en al menos un trineo de hombres en todos los Juegos Olímpicos de invierno desde 1988 hasta 2002. Y luego lo volvió a hacer en 2014. Mientras que la última vez que la isla caribeña compitió en equipo de cuatro personas fue en 1998 y nuevamente lo hará, ahora, en Pekín 2022.

El inicio…

Todo comenzó con dos personas: George Fitch, un agregado comercial en la embajada de Estados Unidos en Kingston, y John Barnes, un amigo con el que jugaba al tenis a mediados de los años ´80 en la capital jamaiquina. Ambos, dos apasionados de los deportes, pasaban mucho tiempo hablando sobre el movimiento olímpico y de cómo podría irle a Jamaica en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. En ese contexto, Fitch tenía la teoría de que los grandes atletas podían ser buenos en cualquier deporte. Incluso, en los Juegos de invierno, su gran obsesión. En uno de esos encuentros, a mediados de 1987, Fitch le contó a Barnes que había visto una competencia, como mínimo, pintoresca: una carrera de carritos empujados ladera abajo en Blue Mountains, el punto más alto de la isla, a 2256 metros sobre el nivel del mar. En su cabeza ese deporte que había visto no era otra cosa que bobsleigh con una sutil diferencia: no había nieve para deslizarse. Luego de una profunda charla, se puso como objetivo llevar a un país caribeño a los Juegos de Invierno de Calgary 1988.

Su idea estaba lista para concretarse, pero se encontró con un problema: no conseguía potenciales deportistas que se animaran a semejante empresa. Por eso buscó atletas que se habían quedado afuera de Seúl 1988 y contactó a clubes deportivos y escuelas. Entre la incredulidad y el desinterés, llegó a pensar en dar de baja su idea. Cuando estaba a punto de bajar los brazos, su amigo Barnes le sugirió acercar el proyecto a las Fuerzas Armadas jamaiquinas. Un Mayor en el Ejército le acercó potenciales candidatos. Cuando el diplomático le explicó que precisaba mucha velocidad para el empuje inicial le presentó a Mike White, el campeón de velocidad de 100 y 200 metros llanos del Ejército, y a Devon Harris, cuya especialidad deportiva eran los 800 metros, una de las pruebas más desgastantes y crueles del atletismo. Luego, para conducir el trineo, le indicó que necesitaba una persona con excelente capacidad de coordinación entre ojos y manos, le señaló a Dudley Stokes, un piloto de helicóptero del Ejército, quien -más tarde- propuso a su hermano Chris para completar el cuarteto.

Con escaso presupuesto, poco más de 90.000 dólares que salieron de sus propios ahorros, Fitch puso al nuevo equipo jamaiquino integrado por soldados a entrenar con Howard Sailer, un especialista en bobsleigh que había quedado tercero en el Campeonato Mundial de 1969. Para ello, los trasladó a Austria para competir en una carrera clasificatoria para los Juegos de Clagary.

El proyecto, en ese momento, volvió a estar al borde de echarse por tierra. La Asociación Olímpica de Jamaica (JAM) quería evitar un posible mal desempeño, un casi seguro papelón de sus deportistas. Por ello, la presión popular los hizo cambiar de idea. Desde los medallistas de plata de Seúl Grace (200 metros) y el cuarteto que de los 4x400 metros (Devon Morris, Bert Cameron, Howard Davis y Winthrop Graham) hasta el príncipe Alberto de Mónaco, un habitué de los Juegos invernales, que, justamente, en Calgary iba a tener su debut (compitió en 1988, 1992, 1994, 1998 y 2002) en el mismo deporte (en bobsleigh de a dos) que los atletas bloqueados por el JAM. Fue tal presión ante el Comité Olímpico Internacional que el JAM declinó y los dejó competir en Calgary.

En un inicio, el plan era competir en bobsleigh de a dos. El resultado sorprendió a propios y ajenos. Quedaron 30°, por encima de 11 países (incluidos Estados Unidos y Japón), a 10 segundos de los rusos Yanis Kipurs y Vladimir Koslov, que se quedaron con la medalla de oro y la gloria deportiva.

Para este momento, la sensación del equipo jamaiquino era tal que Fitch quiso aprovechar el viento de cola y pensó en inscribir al equipo en la competencia de cuatro integrantes. Pero, claro, para el equipo Cenicienta de esos Juegos había dos problemas: no tenían trineo para cuatro y les faltaba un integrante. El cuarto integrante llegó a Calgary un día antes de competir. Con escaso margen para integrarse, fue Chris, el hermano de Dudley Stokes, quien estaba estudiando en Idaho, Estados Unidos, al pie de las Montañas Rocosas. Y el trineo para cuatro atletas se lo compararon al equipo canadiense, a cambio de 24.000 dólares que costearon con la venta de remeras con la leyenda “Lo más caliente sobre el hielo” y los colores de Jamaica. Lo hicieron en un bar, tras arreglar la presencia de las nuevas estrellas de esos Juegos en tierra canadiense.

La misión jamaiquina en la prueba de bobsleigh de a cuatro participantes fue presenciada, según estimaciones oficiales, por más de 30.000 personas, sin contar los televidentes alrededor de todo el mundo. Tras las dos primeras series ejecutadas de manera lenta e irregular, en la tercera, la definitiva, el Team Jamaica chocó contra una de las curvas del circuito y quedó volcado tras deslizarse de manera irregular durante más de 30 segundos. Tiempo que sirvió para callar a la multitud presente y esperar cómo estaban los atletas. “Lo único que queríamos era salir de la vista de todo el mundo lo más rápido posible. La gente nos empezó a saludar y alentar. Nos hizo sentir un poco mejor, no mucho mejor”, contó tiempos después Devon Harris. En la película, tan épica como inspiradora, los cuatro deportistas, tras recuperarse del vuelco, toman el trineo y lo cargan sobre sus hombros y espaldas hasta cruzar la meta.  En la vida real, cruzaron la meta, es cierto. Pero quienes lo empujaron fueron tres voluntarios, al tiempo que Mike, Devon, Chris y Dudley los acompañaban a pie.

Más allá de los cambios argumentales entre la película y lo real, este hecho significó el puntapié inicial de Jamaica en Juegos Olímpicos de invierno. Estuvieron presentes en 1992 en Albertville (Francia), Lillehammer 1994 (Noruega), Nagano 1998 (Japón), Salt Lake 2002 (Estados Unidos), Sochi 2014 (Rusia) y Pyeongchang 2018 (donde se dio el debut de las mujeres en bobsleigh, con Jazmine Fenlator-Victorian y Carrie Russell, quienes finalizaron 19°).

Ahora, en Pekín 2022, el equipo jamaiquino tendrá deportistas en bobsleigh de cuatro (hombres), de dos (hombres y mujeres) y, por vez primera, competirá en esquí eslalon gigante (Benjamin Alexander).

De una película que los hizo virales y los puso en el mapa, antes de Usain Bolt.