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Entrevista exclusiva

Chino Luna, en exclusiva: “Ni en mis sueños pensé que iba a jugar en River”

El goleador dialogó mano a mano con Bolavip y recordó su gran paso por el fútbol argentino, su incursión en política y contó qué es de su presente.

Chino Luna
© BolavipChino Luna

Carlos Luna, popularmente conocido como el Chino fue uno de los delanteros más determinantes del fútbol argentino de las últimas décadas. Nacido en Córdoba, llegado a Buenos Aires para jugar en las Inferiores de Ferro, aunque terminó en Deportivo Español, las vueltas de la vida hicieron que termine siendo un referente absoluto de Tigre, aunque también es recordado su paso por River.

En una entrevista exclusiva con BOLAVIP, el Chino repasó sus años en su Piquillín natal, sus inicios como arquero, la llegada a Buenos Aires, la importancia que tuvo Ricardo Caruso Lombardi en su carrera, el por qué en un comienzo no quiso ir a Tigre, su paso fallido por Racing, el salto a Europa, la vuelta a Argentina, la adaptación a la altura de Quito para jugar en la Liga, la llegada a River, el paso por Central con Russo, sus últimos años en el Matador -con título incluido-, la incursión en la política y su presente vinculado al fútbol.

-¿Dónde naciste, cómo está conformada tu familia y cómo aparece el fútbol en tu vida?

-Soy de un pueblito que se llama Piquillín, en la provincia de Córdoba, a treinta y pico de kilómetros por la ruta 19. En nuestra época no había otro juguete que la pelota, así que en los recreos del colegio, después del colegio y en la calle con mis amigos —que hoy siguen siendo mis amigos— era fútbol en todo momento. Ahí se empezó a gestar la ilusión de querer jugar a la pelota, como veía a Maradona, a Batistuta, a Cachi Zelaya. Una infancia hermosa con mi vieja Norma y mis hermanos. Como todo niño de pueblo, con mucha felicidad, porque es un lugar muy distinto a las grandes urbes, a Capital y el Conurbano. Los mejores recuerdos de esa niñez.

-Los ídolos son justo esos que me nombrabas, el Diego, el Bati…

-Claro, sí. A veces era complicado ver los partidos de chico, yo tenía 8 años, estamos hablando de los 90. Pero recuerdo irnos del colegio para ver el Mundial 90. Después, con el tiempo, Batistuta y Celaya terminaron siendo mis ídolos, mis referentes por el puesto en el que yo jugaba.

-¿Siempre jugaste de 9?

-Era arquero en el club de mi pueblo, Sol de Mayo, porque mis tíos eran arqueros. Empecé al arco, pero un día me enojé porque me hacían muchos goles, dije que no atajaba más y me fui a jugar al medio. Antes no había puestos fijos: jugabas en cualquier lado.

-Y la llegada a Buenos Aires, ¿cómo se da? Contame también la parte de Inferiores: dónde hiciste la formación y, obviamente, si ya era de 9.

-Sí. Del club de mi pueblo me llevan al pueblo vecino, Rivadavia de Río Tercero, un club que trabaja muy bien y con el que hoy tengo relación con los chicos. Después al Cultural de Royito, donde conocí a algunos que después también jugaron, como Mauro Óbolo. A los 16 empecé a probarme en clubes que iban a Córdoba. En una de esas pruebas vino Ferro a Río Tercero. Me habían visto jugar campeonatos por plata con mis tíos y me propusieron ir a probarme. Dije que sí. Fui con algunos amigos que hoy sigo teniendo. Como éramos de los más grandes, nos dejaron para el final. En los últimos 10 minutos preguntaron “¿quién falta?”. Entré, hice dos goles —medio de suerte, uno de nuca y otro— y desde esa prueba quedamos. En Ferro no había lugar en la pensión, así que me llevaron a Español a probarme. Estaba Miguel Gomis (hoy coordinador en Racing). Quedé y me quedé en la pensión. Empecé en sexta al año siguiente.

¿Y cómo fue el debut en Primera?

-Fue en Español. A los dos años estaba en la pensión, el club quiebra, todos se van y yo me quedo. Me voy a vivir a Villa Soldati, a la casa del utilero, que no quería que me volviera. Seguí entrenando en el parking dominicano que estaba al lado. Eso me sirvió. Después, la primera se fue rearmando, me subí a entrenar y me quedé. Al año ascendimos a la Nacional B. Fue todo muy rápido y con mucha suerte de estar en el momento justo.

Chino Luna con Caruso Lombardi en Español. (Foto: @chino7luna).

Chino Luna con Caruso Lombardi en Español. (Foto: @chino7luna).

-En el 2004 aparece Tigre por primera vez en tu vida. ¿Qué expectativas tenías? Porque era un grande, pero en una categoría que no correspondía a su grandeza. ¿Qué pensabas que podía llegar a pasar?

-De Español me voy a All Boys, también en la Primera B, donde hago bastantes goles —creo que 18 o algo así—. Pensaba que, siendo joven, iba a ir a Primera. Apareció Tigre y yo no quería saber nada: había leído que se apretaban jugadores y demás. Ahora lo comento con los muchachos y se ríen. Me convenció mi representante de ese momento, y fue una de las mejores decisiones de mis 20 años de carrera.

-¿Cuán importante fue Caruso Lombardi para tu carrera? ¿Qué recuerdo tenés de él?

-Siempre los que te dan oportunidades son los importantes, los que se la juegan por vos y a los que recordás con cariño y agradecimiento. Con Ricardo soy muy agradecido: me influyó mucho porque fueron esos dos años en los que yo tenía que mostrarme, y en los dos clubes a los que me llevó me fue bien. A veces digo, medio en chiste, que me salvó la vida, pero no: estoy muy agradecido con todos los entrenadores que tuve. Él, en esos momentos, fue muy importante. Después estuvimos juntos en Tigre algún otro año, pero cuando había que jugársela, él se la jugó.

Ricardo Caruso Lombardi. (Foto: Imago).

Ricardo Caruso Lombardi. (Foto: Imago).

-Y Racing aparece, que es el primer gran salto. ¿Qué recordás de aquella experiencia?

-Recuerdo que había hecho un montón de goles en la B, pero me costó jugar en Racing. Habían vuelto muchas figuras, Simeone entre ellas (que después fue el entrenador). Muy buenos jugadores. Me costó el juego de Primera: jugar a un toque, los movimientos, los perfiles. Eso lo aprendí de grande. Tampoco hice inferiores, por eso es tan importante ese proceso. Creo que me costó desde ese lado, pero le metimos huevo y tratamos de dar lo mejor.

-Claro, con el diario del lunes todo sale bien, pero en ese momento, ¿qué pensabas? ¿“No me da para ir”?

-Sí, la cabeza del jugador es muy importante. En ese momento conocí la psicología. Un tipo de pueblo se creía que ya no era eso. Empecé a trabajar la fortaleza mental. Siempre habían venido cosas lindas y ahí hubo un poco de decepción: la pasé mal. Pero había que levantarse. De eso se trata la carrera de un futbolista: levantarse en las caídas. Seguimos soñando en grande hasta que volvimos a jugar en un equipo grande.

-Y aparece el fútbol español. Es un período corto pero importante. ¿El sueño de Europa estuvo o no? ¿Cómo la pasaste allá?

-Sí. De Racing me voy a Quilmes. Fue una experiencia grupal no buena, pero a nivel individual de mucho crecimiento. En España me terminé de formar como jugador de Primera División. Aprendí muchísimo, me enseñaron muchísimo. Cuando volví, en 2008, ya me sentía jugador de Primera.

-Bien, ahí quiero ir porque volvés a un Tigre que era impresionante, con muy buenos jugadores.

-Sí. La mayoría de los chicos los conocía porque veníamos del ascenso de 2004. Cada vez que me iba a Racing siempre me juntaba con ellos; nunca dejamos de relacionarnos. Fue fácil volver: estaban los mismos dirigentes que me habían llevado, los mismos compañeros, y Diego Cagna como técnico, que venía de ascender y hacía un trabajo bárbaro también desde lo humano, con un grupo increíble. Con todo lo que había aprendido fuera del club pudimos hacer un par de años lindos.

Carlos Luna es un referente de Tigre. (Foto: Imago).

Carlos Luna es un referente de Tigre. (Foto: Imago).

-Y ahí está el triangular famoso. ¿Qué reflexión hacés? ¿Hubo algo medio curioso de cómo acomodaron el fixture? ¿Cómo lo vivieron ustedes?

-Supuestamente, por clasificación y por quién le había ganado a quién, Tigre tendría que haberse quedado con el título. Pero el triangular estuvo espectacular. Creo que a todos los que competimos, y más a Tigre que a San Lorenzo y Boca, nos potenció como institución. Fallamos en el partido con San Lorenzo: no estuvimos en partido, nos metieron goles rápidos y no lo pudimos acomodar, más con una expulsión. Ese fue el partido clave; después con Boca no nos costó. Ese año clasificamos por primera vez a una copa internacional. Fueron dos años hermosos y de mucho crecimiento para todos.

-Y ahí llega Liga de Quito. Te pregunto por el tema de ser un jugador del llano y pasar a jugar en la altura, que es durísimo. ¿Cómo fue?

-Me costó un montón. La Liga es un club grande, con estructura de institución grande. En la altura te daban todo para aclimatarte rápido, pero igual te cuesta. Cuando le agarrás el ritmo se vuelve llevadero. Tuve la suerte de ir a un equipo que venía de ganar muchas cosas. Estaba Edgardo Bauza, el Patón, un tipo recontraganador. Los chicos también venían de ganar Libertadores y Sudamericanas. Ese año ganamos la Recopa. Un club enorme, siempre presente en las mejores competencias sudamericanas.

Chino Luna jugó en Liga de Quito entre 2010 y 2011. (Foto: Imago).

Chino Luna jugó en Liga de Quito entre 2010 y 2011. (Foto: Imago).

-Quiero que me hagas en pocas líneas un poco del Patón, que hoy lamentablemente atraviesa un momento complicado de salud. ¿Qué te dejó? ¿Cómo era ese espíritu ganador? ¿Se palpaba desde que llegaste?

-Sí. He tenido muchos entrenadores y de los que jugaron al fútbol, los más grandes —como Miguel Russo, Ramón Díaz— los notaba como compañeros por la manera de hablarte y de decirte las cosas. Edgardo fue de los mejores que tuve: desde lo humano, desde lo profesional y también futbolísticamente.

Edgardo Bauza. (Foto: Imago).

Edgardo Bauza. (Foto: Imago).

-Y ahora llega un paso muy importante en tu carrera: River. ¿Cómo te enterás, cómo te llega? ¿Te lo veías venir? Y también, ¿con qué club te encontraste?

-Nunca pensé que iba a jugar en River, sinceramente. Ni en mis sueños. Cuando me fue mal en Racing me propuse volver a un equipo grande y trabajar para eso. De hecho lo había anotado en un papel y lo encontré después. Pero nunca imaginé que fuera River. Venía de un préstamo a Tigre porque estaban mal con el promedio. Logramos zafar en 2012, una campaña linda. Me tenía que volver a Liga de Quito y, un día antes de viajar, me dicen que tenía que hacer la revisación médica en River. Fui, ni lo pensé ni pregunté nada. Venía de algo lindo, de volver a Primera, y con Matías Almeyda, a quien conocía de jugador y sabía que era un buen tipo. El club estaba volviendo a ser. Llegué junto con los chicos que después ganaron todo: Mercado, Ponzio, Maidana… Se armó un grupo hermoso. En Tigre había estado en grupos lindos, pero ese River es de los mejores que formé.

Luna jugó en River entre 2012 y 2013. (Foto: Imago).

Luna jugó en River entre 2012 y 2013. (Foto: Imago).

-Y voy a un nombre propio que es bastante polémico para la historia de River, no como jugador sino como presidente: ¿cómo fue tu vínculo con Passarella? ¿Tuviste relación o poca?

-Poca. Cuando iba al vestuario y demás, poca. Las veces que hablé, bien: sobre lo que había pasado en el partido, a veces me marcaba algo. Nunca tuve mucha relación, pero las veces que hablé fue normal, como con cualquier dirigente.

-Quiero ir al otro entrenador que tuviste en River, una gloria para ustedes que es Ramón. Me dijiste que también era compañero, pero profundizá un poco más: cómo era él y el vínculo con Emiliano, que ya empezaba a tener protagonismo.

-Son tipos de la casa, que saben y entienden la historia del club. Matías es de los tipos más nobles que conocí en el fútbol: muy buen tipo y muy buen entrenador. Como había sido jugador, era fácil entenderse. Ramón ya me ponía un poco más de “aura”, como se dice ahora. Vino en un momento en que el club estaba en duda. Ese año peleamos el torneo, quedamos medio lejos, pero era un tipo que te hacía vivir la historia de River: “Sos jugador de River, comportate como un jugador de River”. Muy agradecido con él porque me dio oportunidades, pude hacerle goles y haberlo tenido como entrenador es uno de mis grandes orgullos. No es fácil.

-¿Y las sensaciones de hacerle goles a Tigre en un club tan importante para vos?

-En el momento era mi trabajo y lo tenía que hacer porque correspondía a mi nuevo club. Me dijeron que algunos hinchas me puteaban, pero me lo dijeron bien. Son sensaciones raras: era mi club. Lo primero que hice fue pedir disculpas a los chicos que habían sido mis compañeros. Era mi trabajo. Así como me felicitaban mis compañeros de River, los de Tigre también se pusieron contentos porque me había tocado a mí hacer el gol.

-¿Y por qué te fuiste de River?

-Había jugado poco… no poco, pero el ego del jugador: el año anterior había sido goleador del torneo, ahora hacía goles y quería jugar más. Apareció la propuesta de Rosario Central. Sabía que venían jugadores importantes. Ramón me había dicho que me quedara, que iba a ser importante para él —de hecho me lo había demostrado—. El ego de querer jugar me hizo tomar la decisión. Por suerte, sigo teniendo buena relación con él cada vez que lo veo.

Luna jugó 26 partidos en River e hizo 6 goles. (Foto: Imago).

Luna jugó 26 partidos en River e hizo 6 goles. (Foto: Imago).

-¿Y con el diario del lunes creés que fue una buena decisión o por ahí decís “che, me hubiera quedado un añito más a ver qué onda”?

-¡Y salieron campeones! Sí, y festejé el gol de Ledesma en el 5-0, porque eran chicos que se merecían empezar a ordenar esa historia del club. Por supuesto que me hubiera encantado estar, pero las decisiones se toman con seguridad y hay que ir para adelante. Central también es un hermoso club.

-Quiero reflexionar un poco: tuviste entrenadores impresionantes, Miguel Ángel Russo es uno de ellos. Contame cómo era Miguel, ¿qué te aportó?

-Como te dije antes, lo veía muy similar a Edgardo en el trato con el jugador y con el grupo: sencillez y simpleza. Una vez vine de vacaciones a Buenos Aires, hice una nota por un medio de Tigre, totalmente sin maldad. Cuando volví me dice: “¿Qué hiciste, boludo? Están puteando en las redes”. “Vení, ya está, ahora lo soluciono”. Compañero de jugador. Eso es lo que me dejó: en la simpleza y en el lado humano de los entrenadores le podés sacar mucho más a un futbolista.

Miguel Ángel Russo. (Foto: Imago).

Miguel Ángel Russo. (Foto: Imago).

-Volvés a Tigre, tu casa. El tramo final de tu carrera fueron varios años, y ahí se da una de las situaciones más extrañas deportivas que se viven en este fútbol tan dramático de Argentina: fuiste campeón, pero también descendieron. ¿Cómo fue? Estamos hablando de la Copa de la Superliga 2019.

-Los últimos años tuve también a Gustavo Alfaro —un entrenador terrible, tuvimos un buen año— y a Troglio. Después, en el final de toda esa acumulación de puntos donde peleábamos el descenso, aparece Pipo. El equipo hizo un buen torneo, llegamos a la salvación… y descendemos. Pero en el fútbol, si le preguntás a un hincha de Tigre qué pasó en 2019, te dice “ganamos la Copa”, no “descendimos”. Fue un dolor, pero se vivió con orgullo: la vivimos toda hasta el final, la gente lo reconoció y siguió apoyando. Los más grandes sabíamos que, si no nos caíamos emocionalmente, podíamos hacer una buena Copa. Y de hecho fue así. Va más allá de lo que te hablaba del jugador: lo importante de estar preparado para levantarse en las caídas.

Luna, Pablito Lescano y Pato Galmarini. (Foto: @chino7luna).

Luna, Pablito Lescano y Pato Galmarini. (Foto: @chino7luna).

-Pero cambian el chip. ¿Cómo afrontan eso, porque era por eliminación directa?

-Sí. Los primeros dos partidos mal: perdemos con Unión 2-1, empatamos de local jugando muy mal. Con Colón la pasamos mal, pero logramos pasar. Después Unión, a los tumbos, y cuando ganamos 3-1 en Santa Fe ya los más grandes hablábamos: “Ya está, a la final llegamos seguro”, por cómo nos habíamos levantado y por el ambiente del día a día.

-Y después ya llega el momento del retiro, que para todos los jugadores es un momento bisagra. Quiero saber cómo lo fuiste preparando vos y cómo fue el día después de decir “no soy más jugador de fútbol profesional”. ¿Cómo lo viviste?

-En los últimos años iba año a año viendo para qué estaba. De los últimos tres no jugaba mucho, pero cuando vino Pipo empecé a tener más protagonismo, a hacer goles importantes y a sentirme importante. Eso me mareó un poco desde la cabeza. Físicamente veía que se había acabado la batería y, en el último semestre, también la pasión. Estaba pensando más en qué iba a pasar después de enero que en vivir esos tres o cuatro meses que quedaban. Lo fui armando año a año y me costó menos de lo que creí. Por supuesto que en el camino vas preparando cosas y dándole una guía al futuro. No extraño jugar para nada. Sí extraño la adrenalina que me daba el fútbol y que no encuentro en ningún lado, aunque me metí en un montón de actividades. A veces juego a la pelota con los chicos, pero no es lo mismo. Lo que sí estoy seguro es que nunca extrañé ir a entrenar: como que ya se había acabado todo.

-O sea que el día después, esa primera pretemporada que no arrancaste, vos estabas en paz con tu decisión.

-Sí. No estaba del todo decidido, necesitaba un empujoncito. En ese momento Diego Martínez armaba el plantel de Tigre y no me iba a tener en cuenta. En una charla me dice: “No te voy a tener en cuenta, pienso esto, fijate qué querés hacer”.

-Y después hay una incursión tuya en la política partidaria. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Por ahí te arrepentís de haberte involucrado de esa manera con un partido?

-No, no. Siempre participé —y sigo haciéndolo— en actividades sociales porque es lo que alguien hizo por mí alguna vez, porque lo siento y porque soy de esa manera. Me invitaron a participar, dije que sí, desde el lado más inocente: quería intentar aportar desde mi lugar. Fue una experiencia hermosa, conocí mucha gente de la política y demás. Hoy no sé si la volvería a hacer. También tiene que ver con lo que uno siente y cómo se crió. La escuela pública y los hospitales públicos son públicos, y eso a veces no tiene negociación.

Chino Luna fue candidato a concejal en San Fernando en 2023. (Foto: @chino7luna).

Chino Luna fue candidato a concejal en San Fernando en 2023. (Foto: @chino7luna).

-Después de esa incursión en la política partidaria, de alguna manera volvés al fútbol, a la representación de jugadores.

-Sí, Somos un grupo de trabajo que hacemos gestión deportiva con clubes, jugadores y juveniles. Acompañamos proyectos deportivos desde todos los ámbitos. Yo no soy agente, pero estamos trabajando en el fútbol, que es lo que más o menos entiendo y lo que me apasiona desde otro lugar.
Por experiencia como jugador, cuando sos grande te das cuenta de que un pibe que sube a Primera no siempre está preparado desde lo estructural ni desde lo emocional. Si los clubes no pueden desde ese lado, desde otro lugar se puede ayudar a aquel chico que tiene proyección y acompañarlo en otros aspectos. Creo que es lo que hace falta. Mientras más a tiempo se empiece a trabajar en eso, mejor llega el chico a Primera y al fútbol de elite, acortando tiempos de preparación. Siempre pensé primero en ser técnico, pero no estaba decidido a darle las 24 horas como antes: había dejado mucho tiempo en el camino. Entonces buscamos desde esa pasión dónde podíamos encajar, y ahí estamos. Cuando dejé el trabajo en el club —fui secretario de Actividad Deportiva de Tigre— empezamos a trabajar con jugadores argentinos que pertenecen a una agencia internacional.

-¿Qué proyectás de acá a 10 años? ¿Qué te gustaría que pase con tu vida?

-Me aburro un montón. Estoy todo el tiempo craneando, pensando, preparándome y buscando cosas porque me aburro, sinceramente. Capaz estoy buscando esa adrenalina que extraño desde que dejé de jugar. Soy muy inquieto, no sé qué puede pasar. Vivo lo que me compromete día a día a full. Vivo de esa manera.

-La última: ¿cómo definirías a Carlos Luna en una palabra?

-No sé. Intento ser un buen tipo y un buen papá. Después lo demás, que cada uno viva su experiencia.

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