Dice que cuando llegó al aeropuerto para viajar a Europa le tocó el hombro a su representante y le dijo “no voy”. Tenía apenas 21 años José Antonio Chamot cuando se lo llevó el Pisa. Es que ni en el libreto más ocurrente alguien podía imaginar que un chico que un día celebraba un título mundial en la calle y ni siquiera jugaba a la pelota, al poco tiempo estaba en un vestuario con esos mismos jugadores y que luego disputaría tres copas del mundo.
Hoy, ese mismo chico que hacía atletismo y pateaba de vez en cuando el balón con los amigos en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, será Director Deportivo de Boca Unidos, en donde trabajará con el hijo de un gran amigo de la celeste y blanca: Lucas, uno de los hijos de Gabriel Batistuta.
“Con mi amigo Batistuta, que siempre yo lo visito, hemos estado en el carnaval, por ahí visitando los lugares, y suceden estas cosas que tiene el fútbol, en charlas, y en el medio de una cena, un almuerzo, hablando de fútbol, que siempre nos abraza. Todo empezó a tomar forma, de acuerdo a lo que estábamos viendo que estaba sucediendo también. Realmente nos unió un propósito, que es la visión que tenemos, un club como Boca Unidos que es tan lindo, que es un club que alimenta una ambición, que merece estar en el lugar donde tiene que estar, en el fútbol más alto de Argentina”, contó Radio Sudamericana sobre este nuevo proyecto con el equipo que hoy compite en el Federal A.
Hacía tiempo que el ex lateral de la Selección estaba esperando para trabajar en el fútbol argentino. Estuvo en Rosario Central, el club que lo vio nacer futbolísticamente, como colaborador y trabajando en las Inferiores; también fue ayudante de campo de Matías Almeyda cuando River logró el ascenso en 2012 y luego tuvo una experiencia en Paraguay. Pero hace tiempo que su deseo era dirigir en el país y ahora lo hará desde otro rol, más organizativo pero bien cercano al equipo.
“He hecho experiencia en muchas cosas. Director técnico, ayudante de campo de la Almeyda en River. También en las Inferiores de Central, Coordinador General, sí tengo mucha experiencia y hay algo que me apasiona, que es la formación. Leer al jugador, ayudarlo, y pienso que eso es importante en un proyecto. Alimentar a quien te va a defender en la cancha y esa es mi intención, es mi intención diaria que no se ve y que a veces no viene recompensada como uno espera, porque el trabajo es grande, pero el fútbol tiene estas cosas, uno habla, hace, pero después hay que verlo realizado en los hechos y en los resultados”, explicó también con un acento en el que aún se escuchan sus años en Italia.
Central, Europa y la Selección
Siempre fue futbolero, pero no se imaginaba siendo jugador, mucho menos profesional y menos aún de Selección. Siempre habla de aquel chico flaquito por el que nadie daba dos mangos con sus zapatillas agujereadas.
“Eso es lo que siempre me ha llevado a mí en el fútbol: anhelar cosas siendo nadie, porque yo me acuerdo cuando llegué de Concepción del Uruguay a San Lorenzo por el trabajo de mi papá; en ese momento me llama el técnico de allá y me dice: ‘Vaya a hacer alguna prueba a Rosario Central’. Yo, la verdad, era una persona muy tímida, me costaba relacionarme, pero de repente, viendo el Mundial 86 por televisión, salí a las calles a festejar y me entró ese entusiasmo, ese fuego. Y fui a hacer la prueba, hice dos años de Inferiores y dos de Primera y me encontré en el vestuario de los campeones del mundo”.
“Mi vida cambió totalmente en poco tiempo y me acuerdo; no solamente terminó ahí, sino que también me vendían a Europa con 21 años apenas cumplidos. Llegué al aeropuerto, le toqué la espalda al representante y le digo: “Me quiero volver a casa’. Y me asusté, me asusté”, relata.
Dice que una de las cosas que más le gusta es compartir sus anécdotas, hablar de fútbol. Durante mucho tiempo luego del retiro, allá por 2005 en Central, claro, se dedicó a dar charlas en cada lugar donde lo invitaron, desde su rol de exjugador referente de la Selección de Basile y también como atleta de Cristo, aunque desde un lugar más espiritual que religioso.
Aquel “vestuario de los campeones del mundo” no era otro que el de la Selección que, luego de ganar el Mundial 86, comenzó su camino hacia Italia 90. Porque el primer DT que lo citó para ponerse la celeste y blanca fue Carlos Salvador Bilardo, aunque no fue a la Copa del Mundo. Más tarde volvió al equipo nacional, pero de la mano de Alfio Basile, quien lo citó para el repechaje ante Australia que le dio al seleccionado la clasificación al Mundial 94.
“Me acuerdo de ese partido de desempate con Australia; más allá de que yo estuve convocado en ese proyecto de Bilardo, la primera convocatoria en que estuve en la Selección fue con Bilardo; después me volvió a convocar Basile. Jugamos el partido allá y después acá de vuelta en River, y yo me acuerdo de mirar hacia mi izquierda cuando cantamos el himno y tenía a Maradona, Redondo, Batistuta, Ruggeri, Goycochea, Islas, Simeone, y yo decía ‘yo también la tengo, la camiseta’. Más allá de ver a un monstruo como Diego al lado mío, también me acordaba de aquel pibito de Concepción de Uruguay que caminaba por la calle, cruzaba toda la ciudad para ir a entrenar a Gimnasia y Esgrima. Eso fue para mí increíble, y después terminar al lado de un jugador como Diego. A veces hasta a mí me sorprende que yo haya terminado al lado de todos esos tan importantes“, dice con humildad.
Aquel, el de Estados Unidos, fue el primer Mundial. Después llegó Francia 98 y luego Corea-Japón 2002. Tres selecciones y tres etapas distintas. La primera, siendo aún joven, en un equipo que tenía todavía a Diego Maradona. “Me acuerdo del Mundial 94, me decía ‘flaquito, flaquito’ y yo llamaba a mi casa y contaba: ‘El Diego me dice flaquito‘. Una sensación tremenda estar al lado de un jugador que después lo encontré en Europa, jugando yo en el Pisa y él en el Nápoles”.
Tres selecciones, tres técnicos (Basile, Passarella y Bielsa) y ninguna corona. Él mismo no puede creer que esos equipos, con la calidad de jugadores que había en aquel momento, no hayan podido consagrarse. Apenas una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96.
En Europa sí pudo celebrar. En sus 14 años y seis equipos (Pisa, Foggia, Lazio, Atlético de Madrid, Milan, Leganés), dio tres vueltas olímpicas: dos Copas Italia (Milan y Lazio) y una Champions con el Rossoneri. De hecho, Alessandro Nesta contó alguna vez que Chamot era su referente: ambos fueron compañeros de equipo cuando el italiano era un juvenil. “Yo tenía su póster en la habitación”.
Batistuta padre e hijo
“He visto crecer a Lucas como a mis propios hijos y así que conozco su personalidad; tiene una personalidad tranquila pero fuerte y eso hay que saberlo llevar. A mí me gusta siempre el técnico con personalidad y después ese carisma que tiene hacia lo que hace, donde tiene un temple muy importante para manejar jugadores de experiencia y jóvenes, que eso no es cosa fácil”.
Con Gabriel, el Bati, el padre del nuevo entrenador del equipo correntino, los une una larga carrera deportiva. Ambos coincidieron en Italia cuando Chamot jugó en varios equipos y el delantero lo hacía en la Fiorentina. Y por supuesto coincidieron también en la Selección Argentina, en los mismos tres mundiales.
“Nos abraza una gran amistad, con muchos jugadores que hemos representado al país. Son cosas que te deja la vida, personas exquisitas; uno da gracias a Dios por haberlas encontrado”.
“Sí, siempre existen las comparaciones en el fútbol, siendo hijo del jugador y cuando sos jugador, muchas veces te comparan. En este caso (Gabriel Batistuta) no dirigió, no porque no haya tenido posibilidades, sino porque por sus pies no podía estar parado al costado de la cancha y dejó pasar oportunidades; no era conveniente para él. Pero, sin embargo, surgió su hijo Lucas, que tiene una pasión por el fútbol, que hace mucho tiempo que viene estudiando, preparándose, haciendo experiencia. Y bueno, últimamente, con la experiencia en Romang, fue un trabajo muy inteligente y a mí me entusiasmó mucho la idea, la forma que tiene y coincidimos y entonces por eso pienso que se ganó esta posibilidad solo”.
Chamot dice algo que es muy cierto y que encierra un detalle crucial en la historia. Lucas Batistuta viene de ser entrenador del Romang FC de la Liga de Reconquista. Y según él mismo contó, cuando decidió iniciarse en el mundo del fútbol teniendo un apellido tan importante, su padre le marcó la cancha: “Ganate dos títulos y después lo charlamos”, antes de abrirle las puertas de ese mundo que Gabriel había conquistado años atrás.
Lucas no ganó dos títulos: ganó tres. El Apertura, el Clausura y el Torneo Petit de la Liga de Reconquista, Santa Fe. Esto fue en el 2025 y al parecer su padre cumplió la promesa, ya que iniciando el 2026 le llegó este proyecto con Boca Unidos junto con un gran amigo de su padre como es José Antonio.
El futuro de Boca Unidos
“El gran lineamiento es consolidar el club en todas las áreas, en lo deportivo, en las inferiores del club, dando seguro una idea, una forma de entrenamiento cada día y que el deportista tenga herramientas para disfrutar de lo que hace. Y después con la visión siempre de alimentar el objetivo principal, que es la Primera División“. El torneo en el que el equipo estará compitiendo este año tendrá únicamente dos plazas para el ascenso. Sin embargo, Chamot no se achica.
“Yo he jugado en todos los niveles del fútbol. Por más que me digan que vamos a encontrar una cancha difícil, un árbitro difícil… Todo lo he vivido, todo lo he palpitado y lo he sentido. He descendido con equipos y he jugado con grandes equipos, he estado en Selección, he pasado momentos bárbaros y momentos difíciles, entonces todo, todo lo tengo. Seguramente el Federal es un campeonato largo; he estado hablando hace poquito con Federico Domínguez, que es el manager de Rafaela que acaba de ascender, y nos interiorizamos de cosas. Hay que saber llevar las cosas con la inteligencia y con facultades, estar preparado para lo que te vas a encontrar”, agregó en la entrevista.
“El fútbol siempre ha sido duro. También están los factores que lo hacen duro, que son las canchas, el estado de las canchas, los ambientes, y después también la forma en que se plantean los partidos. Uno a veces quiere manejar la pelota y el otro equipo propone romper el juego y de una forma a veces dañina. Entonces, no es fácil, pero hay que estar bien convencido con lo que uno tiene para proponer y después saber que el de enfrente no estará ajeno a que vamos a presentar una pelea. La verdad que es lindo; el fútbol tiene esto, defender lo suyo, pero a mí no me gusta proponer de acuerdo a lo que el adversario ofrece; realmente tener una identidad propia es fundamental”, agregó sobre su idea para el equipo.
En pocos días comenzará el camino de Chamot en Corrientes, nada menos que con el hijo de su amigo. Una alianza que promete y mucho.
