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Entrevista Exclusiva

Carlos Delfino, en exclusiva: “Llegué a la NBA y me dijeron que habíamos robado algo que les pertenecía en Atenas 2004”

De ser drafteado por el campeón a la par de LeBron James a llegar a la NBA con la medalla de oro en Atenas. Cabeza repasó su laureada carrera con BOLAVIP y habló de la liga en la actualidad, en la que sigue dando qué hablar desde su rol de comentarista.

Carlos Delfino, en exclusiva con Bolavip
© GettyCarlos Delfino, en exclusiva con Bolavip

Nueve años, cuatro equipos y más de 500 partidos en la NBA en toda su carrera. El primer rookie argentino en ser elegido en una primera ronda del Draft, ni más ni menos que en la histórica selección de 2003, donde entraron a la liga LeBron James, Darko Milicic, Dwyane Wade, Carmelo Anthony, Chris Bosh y otros tantos más.

Llegó a la NBA luego de una de las proezas más grandes de la historia del deporte argentino, con aquella medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, donde el equipo nacional dejó en camino al Dream Team de Estados Unidos.

Dice que arribar a la liga más importante del mundo en esas condiciones le dio otro respeto, y que a día de hoy sigue recibiendo reconocimientos en aquellas tierras mientras trabaja desde las cabinas de transmisión.

En diálogo exclusivo con BOLAVIP, Carlos Delfino repasó su carrera deportiva, haciendo hincapié en Argentina, la década que pasó en la NBA y la actualidad de la liga, que vive de manera cotidiana en su nuevo rol de comentarista para TNT Sports y HBO Max, el cual estrenó en un estadio en las finales del este entre Oklahoma City Thunder y San Antonio Spurs de esta temporada.

-Qué partidito te tocó para estrenarte en este rol, eh…

-Tremendo, me tocó un partidazo realmente tremendo (NdR: SAS venció a OKC por 122-115 en un doble OT). Vinimos a cubrir una serie que sabíamos que iba a ser divertida y con mucha tensión, y cumplió con lo pactado desde el arranque. Lo que no esperábamos era tanto ida y vuelta; realmente terminé muerto, como si hubiese jugado, ja.

-¿Cómo fue verlo a Victor Wembanyama en vivo?

Wemby es un animal de otro planeta, un distinto desde lo físico… Realmente, verlo cómo juega, cómo domina la cancha, a sus compañeros y a los rivales… cómo cambia todo lo que se hace normalmente. Es apabullante, porque vos lo ves en la tele y decís “será grande”, pero cuando lo ves moverse con esa altura y esa soltura, te das cuenta por qué es tan especial. Ante OKC lo está demostrando. Jugar a este nivel sin tanta experiencia y hacerlo como lo hizo, es un pedazo de mensaje el que mandó.

-Compartiste cancha, como rival y como compañero, con grandes jugadores. A Giannis en Milwaukee lo tuviste en el plantel; jugaste contra LeBron, contra Kobe, con Manu de ambas maneras. ¿Creés que Wemby tiene las condiciones para ser un jugador de ese calibre a nivel histórico?

Creo que ya está haciendo algo histórico. Nos cruzamos con muchos jugadores que han hecho su camino, pero a Wemby… si está bien físicamente y sigue creciendo, no le veo límites. Es muy distinto, es muy cambiante para el juego y determinante para su equipo. Estamos hablando de un chico muy joven. En el juego 1 su planilla fue increíble, pero además impacta cómo maneja los tiempos: ese triple que mete a la carrera, lo inconsciente que fue al final, cómo termina cerrando el tiempo suplementario. La juventud te da esa inconsciencia, pero también domina físicamente en un nivel que, comparado con Kobe, LeBron o Giannis cuando eran jóvenes, ellos no tenían ese dominio temprano que sí lograron más tarde. Wemby es elástico, alto, cambia tiros, cambia dinámicas y geometrías dentro de la cancha. Es muy impresionante.

-¿Qué diferencias ves hoy como comentarista de la NBA actual respecto a la NBA que vivías como jugador?

-El juego va cambiando y mutando. Hoy me toca la parte “fácil” de ver y analizar el juego desde afuera. Tratamos de comunicar lo que está pasando y hacérselo entender a quien por ahí no está tan enganchado. La NBA ha mutado un montón: es un juego mucho más rápido, por ahí menos físico y con menos contacto, pero hay un ida y vuelta tremendo. Es un golpe a golpe, contestar rápido, tener pocos segundos para pensar. Estás siempre con el dedo en el gatillo y no te da tiempo ni de celebrar una buena jugada porque ya te están contestando del otro lado. Esa rapidez hace que la acción sea emotiva. Terminé el partido de ayer cansado como si hubiera jugado, porque ese ida y vuelta exige estar súper concentrado; los números de la planilla suben rapidísimo, como el cuentakilómetros de un auto. Eso antes no pasaba.

-Fuiste el primer argentino drafteado en primera ronda en toda la historia, y fue en 2003; el de LeBron, Wade, Bosh, Carmelo. Llegaste una temporada más tarde, pero ¿cómo era la cabeza de ese Cabeza que llegaba a la NBA siendo parte de semejante Draft? ¿Cómo lo procesaste?

-Como decía un famoso boxeador (NdR: Ringo Bonavena), la experiencia es un peine que te da la vida cuando te quedás pelado. En esa época yo pensaba completamente distinto, hoy desearía tener mi cabeza actual con esa edad. En ese momento, te querés llevar el mundo por delante; pensás que todo va a estar bien y que vas a durar en ese nivel para siempre. Venía de jugar en Europa a un altísimo nivel, pero cuando llegué a Estados Unidos, me encontré con un primer golpe atlético. Dije: “Bueno, acá también saltan y corren”, los cuerpos y el ritmo de juego eran otros. No era la Euroliga. Además, me tocó llegar a un equipo recién campeón como Detroit, con un espacio reducido y un entrenador, Larry Brown, al que le costaba jugar con jóvenes. A Darko Milicic (posición 2 del Draft 2003) le pasó lo mismo el año anterior. Al chocar con la realidad de una competencia tan alta, fue durísimo. Me hizo mejor jugador, pero uno siempre esperaba más. Por eso les envidio a estos chicos de San Antonio: son inexpertos, pero se los ve muy maduros, y eso no pasa siempre.

-¿Cómo era la dualidad de ser uno de los más novatos en la NBA, mientras que en la Selección eran un grupo consolidado que lograba el oro en Atenas 2004?

-Siempre dije que la camiseta que uno más defiende es la nacional. Los mejores recuerdos son del grupo. En la Selección entrábamos a un hotel, dejábamos las valijas y asomaban las cabecitas en el pasillo: “¿Qué hacemos? ¿Vamos a caminar? ¿A tomar un café?”. Hacíamos todo juntos, es algo cultural nuestro. En la NBA, entrabas a tu habitación y recién veías a tus compañeros al día siguiente. Esa mística de grupo hacía única a la Selección. Al trabajar juntos, si ganabas o perdías, te ibas vacío y tranquilo de haber dejado todo. En la NBA pensás “el año que viene vuelvo a intentarlo”, y a veces los trenes pasan y no vuelven. Con la Selección siempre fue luchar por medallas juntos, eso lo hizo siempre más lindo.

Argentina le ganó a EEUU en Atenas 2004, con Delfino como uno de los protaonistas (Getty)

Argentina le ganó a EEUU en Atenas 2004, con Delfino como uno de los protaonistas (Getty)

-Ganaste el oro en Atenas 2004 y enseguida llegaste a Estados Unidos. ¿Cómo te recibieron allá sabiendo que les habían ganado?

-Fue muy loco. El entrenador de EE. UU. era Larry Brown, a quien me encontré como DT en Detroit. Me acuerdo que me scouteaba en los Juegos Olímpicos. El primer día de pretemporada en los Pistons, yo era el “nuevo” y llegaba a un equipo campeón. Cuando me toca presentarme, Larry Brown los frena a todos y dice: “Chicos, él no es un rookie, no lo tratamos como rookie. Viene de ser campeón olímpico y nos robó algo que era nuestro, algo que nos pertenece. Viene de jugar finales en Europa; Carlos ya es un veterano”. En el equipo había otro jugador de 33 años que venía de Europa, Horace Jenkins, y a él sí le hicieron hacer todas las tareas de novato de llevar bolsos y demás. A mí me trataron distinto por el tema de la medalla de oro. Sí se reían un poco de mí porque me perdía o por mi “Spanglish”, pero me trataron siempre muy bien.

-En total, sumaste 9 temporadas, 507 partidos de fase regular y 41 de Playoffs en la NBA, distribuidos entre Detroit, Toronto, Milwaukee y Houston. En pocas palabras, ¿qué te dejó cada equipo?

-Todos me dejaron una experiencia hermosa. Detroit fue el primer golpe de realidad, entender que lo de Europa no alcanzaba y me tenía que reinventar. Toronto fue aire fresco. Encontré más minutos, responsabilidad y compañeros internacionales (Calderón, Garbajosa, Bargnani, Nesterovic) que entendían lo que estaba viviendo. Nos potenciábamos. En Milwaukee, siendo uno de los más grandes en un equipo joven, crecí en lo humano y como jugador. De la mano de Scott Skiles, el mejor entrenador que tuve en la NBA, entendí mi rol: no era una estrella, pero sí alguien que podía aportar muchísimo. Y Houston lo disfruté muchísimo. Ya tenía 30 años, cambiar al Oeste y jugar con talentos como James Harden o Jeremy Lin hacía las cosas fáciles. Me divertí un montón, aunque después sufrí la lesión. Lo viví desde muchos puntos de vista: jugando, de titular, suplente, lesionado, fuera del roster… vivís muchas facetas de la mejor liga del mundo.

Cabeza, en los Raptors, marca hombre a hombre a Kobe Bryant (Getty)

Cabeza, en los Raptors, marca hombre a hombre a Kobe Bryant (Getty)

-Recién nombraste a James Harden y hace poco en Instagram lo elegiste como el mejor compañero que tuviste en la NBA. También habías dicho que Manu Ginóbili fue el rival más difícil. Si ponés en la balanza a Manu -rival y compañero de Selección- y a Harden -compañero en la NBA-, ¿a quién elegís?

Yo lo elijo siempre a Manu. Es único e irrepetible. Tal vez Manu haya sido incluso un espejo para James en cierto punto. Pasa que James es una máquina de hacer puntos y jugar el uno contra uno; tenía una variedad de movimientos tremenda. Lleva 17 años al tope, siempre vigente, es un animal. Pero Manu es irrepetible por su procedencia y lo que ha logrado. Lo viví en Italia, en la Selección, en la NBA y hoy fuera de la cancha como amigo. Manu tiene una cabeza que muy pocos tienen en el deporte. Haber luchado tantas batallas juntos hace que vaya a la guerra siempre con él. Ambos me hicieron mejor jugador, pero al “Narigón” lo elijo siempre porque jugamos mucho más tiempo juntos.

-¿Cómo ves a la Selección de hoy con Pablo Prigioni al mando, y a Facu Campazzo como capitán, con quien compartiste plantel cuando vos eras la experiencia y él era el joven?

-El sistema de ventanas FIBA hace que la Selección sea muy difícil de jugar. Da lástima que los jugadores no puedan juntarse dos meses antes a prepararse bien como se hacía antes. Es muy difícil para Pablo (y antes para Néstor García) evaluar y trabajar cuando los jugadores llegan tocados o un día antes del partido. Facu, Gaby Deck, Brussino, Laprovittola… ellos fueron parte de esa “vieja época” y saben de qué se trata la mística; son el nexo para los que siguen. Yo soy hincha de la Selección y quiero que siempre le vaya bien. Me enoja cuando se le pega tan duro, porque realmente es muy difícil producir en el contexto actual de las ventanas.

-Última y te libero: ¿Creés que hoy hay un Cabeza Delfino en la NBA? ¿Quién sería?

-Uy, que difícil. Nunca lo pensé, pero te cuento una anécdota. El año pasado fui a Milwaukee con mi familia a ver un partido de los Bucks. Mi señora, que sabe poco de básquet, me preguntó mirando a los jugadores: “¿Quién serías vos acá en este equipo?”. Yo miro los cuerpos y le digo: “Bueno, podría ser Kyle Kuzma”. Mi hijo de 13 años, que está a full con los datos, me mira y me dice: “Papá, Kuzma mide 2.06m… te saca 10 centímetros”. Ahí me di cuenta que le erré feo, ja. Han cambiado mucho los tiempos y los físicos. Capaz que la meto más que Kuzma de tres puntos, que pobre anda más o menos ahí, pero físicamente se han desarrollado un montón. La dinámica es apabullante y casi no hay lugar al emparejamiento con el básquet de mi época.

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