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Entrevista Exclusiva

Jugó 5 partidos en River, metió un gol que valió un título y sus piernas dieron molde a la estatua de Labruna: “Siento envidia sana por los que están ahí”

Juan Kaprof dijo en exclusiva con BOLAVIP que conserva el ADN River para salir a ganar donde sea. Hoy milita en la Serie D con un equipo que supo codearse en la máxima categoría del fútbol italiano, porque tal vez hay algo de su historia en la de ese club que quiere volver a ser.

Juan Kaprof, del gol que valió un título a las piernas que forjaron la estatua de Labruna: "Siento envidia sana por los que están ahí"
Juan Kaprof, del gol que valió un título a las piernas que forjaron la estatua de Labruna: "Siento envidia sana por los que están ahí"

Nadie podrá negar que la carrera de cualquier futbolista se fundamenta en sus propias capacidades y en la mejor manera de sacar provecho de las mismas. También en las decisiones que se toman y las consecuencias que provocan. Pero después, tanto para el pibe que la lucha en inferiores como para el consagrado que parece ya tenerlo todo resuelto, aparecen esas circunstancias que escapan al propio control, imprevisibles pero tan determinantes que son capaces de definir cómo se cuenta la historia.

La carrera de Juan Kaprof, que todavía tiene varias páginas en blanco para escribir, cursó cada una de esas variables. Desde el sacrificio para no ser uno más y lograr sobresalir en las divisiones inferiores de un gigante como River a la frustración de sentirse postergado en Primera División por la incesante llegada de nuevas figuras. De la ilusión en cada salida a préstamo para sumar minutos, a la necesidad de una transferencia definitiva que le permitiera poder hacer una diferencia económica.

Creció con la mentalidad ganadora de quien se prepara para salir a la cancha un domingo ante un Estadio Monumental repleto, pero también pateó el fútbol de ascenso, en Argentina y en Europa. Convivió con la Selección Argentina en el Mundial de Brasil 2014, pero también con un presidente que se sentaba en el banco de suplentes en un modesto equipo de la Serie C de Italia. Gritó goles que todavía le recuerdan y también sufrió lesiones que incluso hoy le cuesta sacarse de la cabeza. Eligió siempre seguir jugando y el presente lo encuentra buscando reanimar al Messina, que supo atravesar diez temporadas en la Serie A y que en la actualidad milita la Serie D tras una serie de problemas institucionales. Porque tal vez hay algo de su historia en la de ese club que quiere volver a ser.

Foto de Messina Calcio.

Foto de Messina Calcio.

-¿Cómo se dio tu llegada a Messina?

-Venía de terminar la temporada con Quilmes en octubre, porque no habíamos entrado al Reducido. Ya llevaba tres meses inactivo y en enero me habló Morris (Pagniello), el vicepresidente de acá de Messina que tiene un grupo que se llama Racing City Group, con varios equipos en Europa y Asia. Me dijo ‘está la posibilidad de que sumes continuidad acá en la Serie D’. Messina obviamente es un equipo conocido, pero por problemas financieros está en la Serie D. Surgió así, de un día para otro. Me gustó la idea porque necesitaba jugar, agarrar ritmo. Ahora vamos a esperar en mayo, ojalá logrando el primer objetivo que es mantener la categoría, ver si sumamos otro año acá en el club, porque me gustó la ciudad, o si vamos a otro lugar.

-¿Entonces apareció como un destino de emergencia y se convirtió en un lugar en el que te gustaría quedarte?

-A nivel deportivo, uno siempre quiere estar en otras categorías. Viene de jugar en Primera División y en eso por ahí la cabeza te juega en contra, porque no dejás de ver que estás perteneciendo a la cuarta categoría del fútbol italiano. Después, a nivel profesional, me gustó la ciudad, me gustó el club que es un club grande pero está jugando la Serie D, entonces me llevó a empezar de nuevo, sin pensar de dónde vengo, ni en los años anteriores, para ver si se puede llevar a lo más alto a este club tan lindo como es Messina.

-¿Pero la competencia en sí no te lleva a dejar de pensar dónde estás y enfocarte solo en cumplir los objetivos del momento?

-Hoy, siendo más grande, ya esas cosas las vas hablando con la psicóloga, con los distintos coaching que tuve a lo largo de mi carrera, y las vas manejando. Me costó mucho pensar cuando me iba de River, de clubes como Liga de Quito, el ‘mirá si hubiese hecho esto o tal otra cosa’. Cuando viene acá, sabía que venía a la Serie D de Italia. Uno en Argentina no lo ve, pero acá hay muchos clubes profesionales. Acá dejé de pensar en esas cosas. Estoy jugando en donde estoy jugando y lo tengo que representar de la mejor manera, sin importar la división, ni de dónde vengo. Trato de vivir el presente y en el presente toca lograr que el club se mantenga en Primera División.

Foto de Messina Calcio.

Foto de Messina Calcio.

-¿En qué cosas te das cuenta que, más allá de sus circunstancias, el club es de otra categoría?

-Ya de por sí el estadio es el mismo que se usaba en Serie A, entonces tiene una capacidad muy grande. Hoy en la Serie D no lo llena, pero obviamente lo explotaba cuando estaba en Primera. Cuando vas a jugar a otros estadios te das cuenta. A nivel hinchada pasa algo parecido, porque a donde vayas a jugar, lleva su gente. Ahora estamos peleando en los puestos de abajo porque el club tuvo un problema financiero el año pasado y le descontaron 14 puntos. No veníamos bien a nivel partidos, veníamos de cinco sin ganar, y la hinchada ya nos vino a apurar como en Primera División de Argentina. Esas cosas no pasan en otros equipos de la categoría. Acá te hacen saber que tenés que ascender porque sos Messina. Después, a nivel ropa tenemos adidas… Son esas pequeñas cosas que el jugador las ve.

-¿Cómo vive el hincha italiano un tercer Mundial consecutivo al que su selección no clasifica?

-Previo al Repechaje ante Bosnia, ellos estaban confiados que iban a ganar, que iban a clasificar. Después te cambia todo en un segundo, cuando les expulsaron a Bastoni, quedaron afuera y acá con bronca. Cuando volvimos a entrenar ellos hablaban diciendo que había que cambiar todo. Estaban enojados. Pero creo que estando en Argentina hubiese sido un desastre y en lo que percibí acá en Messina dentro de todo estaba todo normal. No se vive igual.

-¿Esa crisis del fútbol italiano se percibe en todas las divisiones, en cuestiones institucionales, o está exclusivamente ligada a esas frustraciones de la selección?

-Yo llegué hace tres meses y sinceramente estoy en la Serie D. Hay muchas cosas que no percibo acá. Me gustaría preguntarle a Gio Simeone cómo es en la Serie A, si es como en Argentina que hay todos esos quilombos con el tema del VAR, Chiqui Tapia, todo lo que se habla. Pero acá en Serie D es normal que haya muchos quilombos, como en el ascenso de Argentina. En muchos casos no le pagan a los jugadores, tienen demandas, te sacan puntos que en algún punto está bueno porque te exigen una regularidad para que no haya problemas financieros.

-¿Mantenés el vínculo con Gio?

-Con Gio hablo. Desde que llegué acá a Messina no lo quise joder. Yo no lo veo hace más de 11 años, porque cuando va a Argentina no lo veo, ahora vine para acá y estamos lejos. Siempre hubo un intercambio por Instagram, por WhatsApp. Él cambia cada dos por tres el número. Pero si yo tengo que viajar a algún lugar y veo que está cerca, le mando un mensaje y seguramente, con la humildad que tiene, lo contesta y me encantaría verlo. Por ahora no se dio la posibilidad de cruzarnos.

Por conocerlo, ¿crees que volvería a jugar en River?

-Yo creo que sí. Gio es muy inteligente y hay que ver el momento, cómo está, cómo se siente, si tiene ganas de seguir compitiendo a nivel internacional o ya volver. Siempre, desde chico, jugó por amor al fútbol. Es un Simeone, nunca lo hizo por lo económico. Eso claramente se ve cuando juega. Si no vuelve va a ser porque quiere seguir compitiendo a nivel europeo. Pero también puede volver por esa espina que le quedó de no haber jugado muchos partidos en River. Para mí, eso puede ser un factor determinante y ese deseo hacer que vuelva.

-¿Cómo es esa espina para un jugador formado en River? ¿Queda para siempre?

-A mí personalmente no se me va. Me encantaría decirte ‘ya está, ya se me fue esa espina’. Hoy lo veo muy lejos porque mi carrera se fue alejando, pero lo vi muy de cerca. Es esa envidia linda que te genera ver a Seba Driussi, que fue compañero mío y me encanta ver que hace goles. Y así con otros jugadores que uno vio de chico y sabía las ganas que tenían de estar ahí. Es esa envidia que decís ‘qué lindo sería estar ahí’. Pero ya siendo más grande, entendí que no todos tienen esa posibilidad.

-Te dirigió Ramón Díaz y te dirigió Gallardo. ¿Con qué te quedás de cada uno de ellos?

-Con Ramón debuté. Uno por ahí de más chico no se da cuenta de los laburos y todas esas cosas. Yo ahora estoy haciendo el curso de técnico también y me gusta observar, ver los trabajos. Lo que recuerdo de Ramón es que era muy ganador, como Gallardo. Claramente los dos tienen ese ADN de River. De Ramón me gustaba mucho cómo manejaba a nivel grupal la relación técnico jugador. Te divertías seriamente. El jugador por ahí laburaba más tranquilo en la semana, pero después el día de partido dejaban la vida. Por eso también ese año salimos campeones. Marcelo labura más a nivel semana, más específico, te cagaba a pedos, buscaba que siguieras creciendo, que no te quedes. No te dejaba desconectarte ni un segundo. Más allá que debuté con Ramón, esa intensidad me gustaba más con Marcelo. A nivel presión nos dio eso que valió conseguir tantos títulos. Cuando volvió lamentablemente no pudo tener esa suerte o el plantel no pudo entender ese concepto. Pero me quedo con esas cosas de cada uno.

Del inicio de la Era Gallardo tenés ese gol en la final de la Supercopa Euroamericana que todavía se recuerda…

-Bueno, con eso hay algo que no sé si mucha gente lo sabe. La estatua de Labruna que está afuera (del Monumental), Carlos Grillo (dirigente que fue principal impulsor) le dijo al escultor para que me hiciera a mí el molde de las piernas. Entonces, justo la posición como está el taco de Labruna, fue mi primer gol en River en el Monumental, la misma forma que tiro el taco y hago el gol contra el Sevilla. Viste cómo es la vida. Ese gol quedó marcado y la gente me lo recuerda. Lamentablemente no hacen ese título oficial. Se buscó que se haga, pero de momento no. Es algo increíble para mí.

-Sería como volver a ganar algo con River…

-Obvio, porque uno queda en la historia. Más allá que en el Museo está mi nombre, porque están los jugadores que debutaron, y ese trofeo con mi nombre… El día de mañana que se pudiera contar como oficial, que se cuente mi gol, sería hermoso. Cuando se reactivó lo de buscar hacerlo oficial, se revivió todo. Subían el video, la gente me saludaba, me agradecía. Es un mimo que hace bien. La confianza hace disfrutar de cosas que uno a veces pierde.

-En tus primeros años en Primera, hiciste la lógica de cualquier jugador surgido del club. ¿Te arrepentís de alguna elección o sentís que te faltó algo en alguna de esas salidas a préstamo?

-Yo me voy de River con el equipo peleando semifinal de Copa Libertadores. Sabía que había tenido un año en el que había jugado cinco partidos y metido dos goles. Ya lo veía complicado el poder jugar porque vino Saviola, vino Alario, Tabaré Viudez, Bertolo… En ese momento decidí irme al Metz, que me había venido a buscar el mercado anterior y decidí quedarme. Dije es el momento, acertado o no, que no lo voy a saber nunca, era irme a Francia. Sentí que fue un muy buen año a nivel profesional, porque fui a un club con el que ascendimos a la Ligue 1, un club conocido. Cuando vuelvo, River había salido campeón de la Libertadores, iba a poder seguir potenciando el plantel y claramente dije ‘voy a tener que volver a irme a préstamo’.

-Pero esta vez elegiste el fútbol argentino…

-Fui a Defensa y Justicia para que me vieran más de cerca. Ese era siempre mi objetivo. Sentí que hice un buen año, por ahí no la rompí como le pasó a Enzo Fernández que fue y a los seis meses salió campeón, pero a nivel personal me fue muy bien. Sí sentí que hice mal cuando me fui a Atlético Tucumán. Le erré por jugar Copa Libertadores. No me fijé en el técnico, ni cómo juega. Estaba el Ruso Zielniski, que es un gran técnico pero a nivel juego por ahí no era lo que necesitaba en ese momento. El había visto algo en mí que cuando llegué no se lo podía dar, que era jugar de volante por izquierda. Fue un año en el que no jugué ni un partido de titular y siento que lo perdí. Era importante porque venía bien de Defensa, necesitaba mostrar… Recuperé en Arsenal, que fue el año en el que mejor me sentí en Primera. No me gusta decir mala suerte, pero justo vino la pandemia…

Juan Kaprof jugando para Defensa y Justicia ante Boca.

Juan Kaprof jugando para Defensa y Justicia ante Boca.

-Me acuerdo que te habías cotizado ahí…

-Justo ahí tenía la oportunidad de irme a Fortaleza y por no querer irme seis meses, porque estaba cansado de ese ir y venir, dije que no esperando un club que me compre, que me venga a buscar por dos o tres años. No aparecía y ya te empieza agarrar la desesperación de agarrar cualquier cosa. Me pasó queriendo ir a América de Cali. Me mandaron la oferta, pero al final no era lo que decían. Quisieron hacerme ahí una tramolla y no se dio. Me terminé yendo a la Serie C y ahí le erré.

-¿Fue económico el motivo?

-Fue un poco por lo económico, porque el futbolista hace la plata cuando lo compran y yo me iba a préstamo a todos los clubes. Fue en busca de sacar ese provecho y también porque me habían dicho que yendo a esta división los dirigentes de la Serie A te ven más que en una Primera División de Argentina en equipos como Arsenal, Defensa, que era en los que yo estaba jugando. Siendo más chico dije son cuatro meses, no conozco a nadie. Voy, meto cinco goles porque venía con la confianza de Arsenal, y en seis meses me voy a la Serie A. Estaba muy ilusionado con eso. Pero ahí sí me pesó lo mental. Me encontré con cosas a las que no venía acostumbrado, un vestuario que parecía que estaba otra vez en el baby fútbol, una cancha sintética. Iba a jugar y por ahí se metía el presidente en el medio del banco de suplentes. Todo cero profesional. Y en vez de decir ya está, me banco esto cuatro meses, llegaba a mi casa y le decía a mi representante ‘dónde me trajiste… Venía de Arsenal, me iba a ir a Fortaleza, me iba a ir a América de Cali e hiciste todo mal’. Eso me generó mucho estrés. Tuve dos lesiones de isquiotibiales y casi no jugué. Ahí es donde siento que no puede aprovechar momentos importantes.

Kaprof recuperó confianza y goles en su paso por Arsenal.

Kaprof recuperó confianza y goles en su paso por Arsenal.

-Y en medio de lo peor, aparece un gigante como Liga de Quito…

-A mí automáticamente me cambió la cabeza. Liga jugaba Libertadores y me dije ‘este es mi año, empiezo de cero’. Obviamente el club hermoso, grande, como River pero en Ecuador. Ese año también tuve la mala suerte de tener esos desgarros que nunca había tenido en mi carrera. Había llegado, metido un gol contra Deportivo Cuenca. Después íbamos a jugar contra Barcelona y me lesioné. Mi cabeza ya empezó a pensar en lo que pasó en Italia, que no me pude recuperar. Me apuré, jugué un partido, dos partidos y volví a lesionarme. Acá empezaron, como es normal estando en un equipo grande, a decir ‘Kaprof para qué vino, no se recupera más’. El equipo no andaba bien, entonces siempre era un problema. Yo todo el tiempo me apuré para jugar y a los seis meses tuve que hacerme un estudio porque no sabía qué me pasaba. Uno siempre pensando en el isquio y al final era un problema por dos hernias que había tenido y nunca me había dado cuenta. Eso hacía que tirara el isquiotibial y me moleste la cicatriz. Y yo agregando fuerza, fuerza, no me iba a recuperar nunca. Me di cuenta cuando estaba en Argentina y no pude aprovechar ese período en Liga.

Las páginas por escribirse

-¿Cómo vivís el fútbol hoy?

-Hoy en día lo vivo de otra manera a nivel cuidados. Obviamente uno siendo más grande sabe que empiezan algunos dolores. Mentalmente, si te tengo que decir, disfrutaba mucho más antes. Ahora por ahí me vienen malos pensamientos, o cualquier preocupación, cualquier dolor por ahí me trae malos recuerdos. Lo trabajo con la psicóloga, porque te das cuenta que es más lo que uno piensa que lo que por ahí tiene. Después, nunca perdí esa ambición que gracias a Dios me la dio River, de querer ganar todos los partidos, de querer ir para adelante, de no querer ni empatar en los entrenamientos. Eso gracias a Dios no lo perdí y hace que siga disfrutando y encontrando los objetivos o los deseos por cumplir. Cuando vine acá no lo vi como ir a la Serie D, sino como intentar que el club cumpla el objetivo de mantenerse y a partir de ahí ver y buscar un objetivo personal para crecer en lo deportivo.

-¿Tenés un ideal en mente para la continuidad de la carrera?

-Hoy, si te tengo que decir, quiero ver si el club se mantiene en la categoría y a partir de ahí ver qué es lo que quieren. Si no quieren apostar a subir de categoría, por ahí sí preferiría irme a otro lado, para mejorar a nivel competición. Pienso en crecer con este club como ideal. Pero me agarrás después del torneo y me decís ‘Juan, te quedás en la Serie D o vas a una Primera División de otro país’. Y sí. Me encantaría volver a Argentina y jugar en Primera. No lo cambio por nada. Pero justo cuando terminé el torneo con Quilmes veía muy lejos la posibilidad de un equipo de Primera. Me costó conseguir club después de Rumania, que estuve seis meses sin jugar por querer mantenerme en una Primera División y no querer bajar de categoría. Después te ponés a pensar y se fijan cuántos minutos, cuántos partidos jugaste y cómo te fue más que dónde fue. Es importante la categoría donde estás, pero más importante es estar activo.

Sparring en Brasli 2014

-Entre las experiencias inolvidables que hiciste en tu carrera, imagino que el recuerdo de convivir con la Selección Argentina en Brasil es difícil de igualar…

-Fue hermoso. Ese año, poder compartir con esas figuras, hoy lo valorás el doble. Ahí no te dabas cuenta dónde estabas. Para mí era algo normal y decía ‘bueno, en cuatro años soy yo el que va a jugar el Mundial’. Lo veía de ese manera. A veces la realidad te cambia constantemente. Ese año vivimos cosas increíbles. Hablábamos de Gio, que también fue para allá, y más allá de los entrenamientos vivimos cosas que hoy las veo muy lejos. Entrenabas al lado de ellos y no veías tanta diferencia. Jugabas con ellos a un toque, a dos toques, viajábamos en avión con ellos, cenábamos con ellos y lo normalizábamos. Una lástima que no se pudo ganar la Copa, porque habían hecho un Mundial increíble.

-¿Ya se veía al Messi líder o solo al Messi crack?

Nosotros lo veíamos líder por la manera de agarrar la pelota y hacerse cargo del equipo a nivel cancha. Después en el día a día nosotros no teníamos tanto ese contacto. Ellos estaban en un piso arriba y nosotros abajo. Nos juntábamos para ir a comer o viajar en el avión… Poder charlar o tener una conversación larga nunca se dio. Tampoco yo soy una persona caradura, siempre respetaba esa distancia. Hoy te puedo decir que me hubiera encantado haberme animado y tener 30 minutos para hablar con ellos, porque seguramente hubiesen accedido. Eran todas personas recontra abiertas.

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