Mucho antes de estrenarse en Las Vegas con una inobjetable victoria en decisión unánime ante el hasta entonces invicto peleador mexicano Isaac Lucero, que le valió conquistar los cinturones NABO de la OMB e Intercontinental de la AMB, Ismael Flores descubrió el boxeo por curiosidad. Tenía 13 años cuando quiso ver qué tal se le daba en ese deporte que habían comenzado a practicar sus hermanos mayores en Campo Grande, Misiones, y lo confirmó con dos títulos provinciales, un campeonato regional y un subcampeonato nacional como amateur.
Después de 60 combates, decidió viajar a Buenos Aires para convertirse en profesional, pero las cosas no salieron como esperaba y optó por seguir sumando millas hasta llegar a España, donde se encontró con un equipo que confió en él desde el primer día, le dio trabajo y alojamiento, hasta que se convenció de que era allá que se tenía que jugar el tiro, gratis si hacía falta, con tal de hacerse notar. No solo se hizo de un nombre en Barcelona, sino que también se ganó el mote de El Terrible. Se enamoró de su mejor amiga. Tuvo la suerte de que fue mutuo. Conoció a Maravilla Martínez y construyó una marca de 17 victorias, una derrota y un empate hasta que le sonó el teléfono con la propuesta de tomar una pelea en la emblemática T-Mobile Arena, sin tiempo de preparación pero con demasiado por ganar.
-¿Qué sentiste al recibir el llamado para pelear en Las Vegas y cómo fue tener que preparar la pelea contra Isaac Lucero en tan poco tiempo?
-Fue espectacular. Nosotros veníamos visualizando todo. Estábamos en el Top 10 del ranking mundial y sabíamos que esto iba a pasar, que podía pasar. Te estaría mintiendo si te digo que estábamos cien por ciento seguro, pero sabíamos que podía llegar la oportunidad, fuera con Isaac Lucero o con el primero o el segundo del ranking. Muchas veces pasa que a último momento se cae un rival o incluso que intentan agarrarte desprevenido. Por eso con el equipo estábamos trabajando mucho. Desde mucho antes de la llamada yo tenía visto a Isaac Lucero en su última pelea. Sabía por dónde iba, entonces se me hizo un poco más fácil, una vez que recibí la llamada, decir automáticamente que sí. El destino me lo estaba preparando, Dios dijo que era para mí y nos vino como anillo al dedo.

Ismael Flores se lució en la cartelera que estelarizaron David Benavídez y Zurdo Ramírez.
-¿Te sentó cómodo el hecho de llegar sin cartel de favorito?
-Yo sabía que sin contrato, sin promotora fuerte en esos lares, no iba a llegar como el favorito. Cuando vi las noticias de la pelea me sentí muy bien, pero luego me enojé muchísimo con el tema de las apuestas, no voy a negarlo. Me molestó bastante ver la diferencia. Estaba en el sauna, aclimatando el cuerpo, y le dije a mi pareja que eso lo iba a terminar pagando Isaac Lucero. Así fue. Sabía que teníamos que hacer un grandísimo trabajo, porque el es un boxeador muy fuerte. Pero trabajando con inteligencia, sabíamos que él se iba a frustrar muchísimo, que iba a bajar muchísimo. Fue el trabajo que fuimos a hacer.
-En la previa hubo comparaciones con Maravilla Martínez, por haber hecho los dos carrera en España. Pero en la pelea también encontré similitudes. De hecho, verte bajar la guardia ya teniendo la pelea encaminada me hizo acordar del ‘salí de ahí’ de la pelea contra Chávez…
-Es increíble que te haya recordado eso, porque yo a esa pelea la vi muchas veces. Creo que es la pelea que más veces vi. Ahora que dices lo de “salí de ahí, Maravilla”, es lo que me decía mi equipo en el cuarto round, que saliera, porque yo estaba muy confiado, sabiendo que me tenía que pegar con un bate para tirarme. Sabía que era mi oportunidad, que toda mi gente me estaba mirando y que era un escalón que tenía que subir sea como sea. Lo hice saber cuando él buscó salir un poco más rápido en el quinto asalto, un poco más fuerte como para imponer ritmo. Yo en ese momento seguí con el mismo ritmo, si él tiraba dos manos yo tiraba tres, cuatro. No sentí en ningún momento en cansancio. Eran tantas las ganas de ganar que no me di ni cuenta que ya estábamos en el último round. Quería ganar, sentirme cómodo y disfrutar. Él no sea había enfrentado con el volumen de golpes que le tiramos nosotros.

El Terrible hizo gala de su boxeo en Las Vegas.
-Ya asegurada la victoria, después que leen las tarjetas, se te vio arrodillarte a rezar y atrás apareció tu entrenador que te dijo ‘vos vas a ser campeón del mundo’. ¿Lo registraste?
-Sí, me di cuenta. Y me lo dice siempre. A la hora de hacer manoplas, de levantarme a las cinco de la mañana… Desde la derrota que tuve (en 2023 por decisión unánime ante Jorge Fortea), siempre me lo recalca. Sabe con las ganas que trabajamos y lo mucho que queremos, tanto él como yo, conseguirlo. Al final, uno también lo hace por toda esa gente que pone un granito de arena para que uno esté donde está. Te tienes que sentir seguro, respaldado por toda esa gente. Y fue muy bonito vivirlo ahí.
-¿Y vos estás convencido?
-Sí. Yo digo que voy a ser campeón del mundo en las 154 libras y después voy a ir subiendo. Tengo muchísimas ganas. Dios me ha creado con la genética perfecta para ser boxeador. Ya se ha visto en el pesaje. Ni yo puedo explicar cómo mi peso reacciona en todo momento, tanto para subir de peso, bajar de peso… Cómo reacciona es una locura. Cada día me lo propongo y me lo creo un poco más. Puede pasar o no, pero siento que tango muchas más posibilidades de serlo que de no serlo.
-Mencionas las 154 libras, pero le pelea se anunció en 160…
-Sí. Al final no lo salí a decir porque nadie me había hecho esa pregunta. Cuando me levanto a dar el peso, que estaba programado para las 9 de la mañana del día viernes, a las 8 yo estaba en 69 kilos. Ya estábamos dando las 154 libras. Lo que pasa es que el manager de Isaac Lucero llamó a mi entrenador diciendo que él no daba ese peso, sino que estaba para las 160. Me propusieron no pelear y que se cancelara o que yo pelee en las 154 libras y el en 160, acordando que si él ganaba no se llevaba los cinturones, pero si yo ganaba sí. Yo fui por la segunda opción, pero me dijeron que no se iba a poder transmitir por pay per view. Entonces la mejor opción era que yo subiera también a 160 libras, así la televisión la aprobaba. Yo hice el trato de que aunque subiera a pelear en 160 libras para que se haga y se transmita la pelea en pay per view, me tenían que ranquear en 154, porque no me interesaba todavía estar en el peso mediano. De todos modos, ahora también tengo un título en las 160.

Flores apuesta a conquistar el peso súper wélter.
-¿Y no te tuvo que dar parte de su bolsa por no cumplir el peso pactado?
-Si, casi siempre hay sanción e indemnización. Se hizo en nuestra pelea también. Así que salió todo bastante bien.
-Fundora, Xander Zayas, Josh Kelly, Vergil Ortíz… Hay monstruos camino al título mundial.
-Está brutal. Están todos los peleadores top de la actualidad, por eso nos queremos mover acá. En 160 también son buenos, por algo son campeones mundiales.
-Y después de semejante presentación en Las Vegas, ¿ya sonó el teléfono con propuestas?
-Si, ya sonó con algo muy importante. Lo que pasa es que ahora buscan tirarte abajo. Hubo dos llamados, para ir a San Francisco y para ir a Nigeria. Pero ninguna de las dos propuestas nos interesó para el camino que estamos buscando seguir ahora.

El misionero dejó sin invicto al mexicano Isaac Lucero.
-¿Qué sería querer tirarte abajo?
-Que las promotoras siempre buscan hacerte creer que no eres nada, que no le has ganado a nadie. Juegan con eso para darte un contrato y decirte que nadie más te va a ofrecer algo igual porque no vendés. Ahí es dónde tienes que tener la cabeza fría y confiar en lo que tú eres, porque prácticamente quieren hacerte un contrato con el diablo. Es complicado. Hay muchísimas cosas detrás de un contrato.
-Mike Tyson, Canelo Álvarez, Oscar De La Hoya. También Chino Maidana y Puma Martínez. Todos ellos estuvieron en la T-Mobile Arena la noche de tu pelea. ¿Pudiste cruzar alguna palabra?
-No me encontré con nadie. Crucé algunas palabras solo con Pumita Martínez, pero es complicado. Ellos están por su camino, no nos conocemos, aunque entre argentinos nos tenemos que apoyar. Yo a la hora de rezar, de hablar con Dios, siempre digo que si me da éxito pero me quita la humildad, prefiero no tenerlo. Es lo que le pasa a muchos. No digo que hayan perdido la humildad, pero se sienten superiores a todos. Ni con Chino Maidana ni con Canelo hablé absolutamente nada.
-¿Pero el Puma te deseó suerte por lo menos?
-Sí. Yo creo que no sabía ni que peleaba. Me acerqué, le pregunté por su camino y como si nada. Sentí como que lo estaba molestando y automáticamente decidí no decir más nada. Yo le escribí a él en sus inicios, porque entre deportistas nos tenemos que apoyar. Hoy en día ya ni ve los mensajes. Son cositas. Le deseo siempre el bien. Es un boxeador espectacular.
-¿Tuviste repercusiones desde Campo Grande?
-Pusieron una pantalla gigante en el pueblo para que todos puedan ir a ver la pelea. He sentido mucho el cariño de toda la gente, no solo de Campo Grande sino de todo el país. He recibido muchísimos mensajes y se sintió el apoyo de todos.
La decisión de viajar a España que le cambió la vida
-¿Por qué decidiste que tu carrera profesional empezara en España?
-Tenía ganas de hacerme profesional en Argentina, mi idea era no salir del país salvo para competir. Pero estuve un año en Buenos Aires donde no tuve la oportunidad y se me dio venir a España. Me quedé porque las circunstancias un poco me obligaron. El tema del dinero, porque solo tenía boleto de ida. Después me agarró la pandemia. Estuve dos años bastante jodido, trabajando muy poco. Tuve la suerte de que el entrenador (Ángel Ramírez) y su hijo me brindaron la casa, me dieron trabajo y un plato de comida todos los días. Si no, se me hubiese hecho bastante complicado. En 2021 debuté como profesional gratis, porque nadie me conocía. Negociamos con una promotora para debutar sin cobrar ni un peso. Ganamos por nocaut en el segundo asalto y así empezó todo.

En España también encontró el amor.
-¿Quiénes fueron tus primeros referentes?
-Cuando estaba en Argentina no veía boxeo profesional, absolutamente nada. Había que pelear cada fin de semana y cuando no había intentaba separar, estar con amigos y mirar otras cosas, como fútbol, para no reventar la cabeza. Cuando vine a España empecé a ver con más atención a Maravilla Martínez, Canelo, Golovkin. Me gusta mucho Golovkin, la verdad. Y con Maravilla Martínez me identifica la vida que tuvo.
-Viviendo él también en España, ¿nunca hablaron?
-Sí. De casualidad, en 2021 o 2022, me llamaron para hacer sparring con él. La última Noche de Leyendas que estuvo acá en España me invitó a su vestuario y pude estar ahí con él. Hemos cruzado muchos mensajes y tenemos una relación bonita. Aunque yo sé que está con muchísimo trabajo y no soy un pesado de estar molestando a cada rato.
-Dijiste que mirabas más fútbol que boxeo. ¿Sos futbolero?
-Era muchísimo más futbolero cuando estaba en Argentina. Acá no tanto. Muchas veces me han invitado para ir al Camp Nou (a ver al Barcelona) y no he ido. La obsesión de entrenar me fue apagando un poco el fútbol. Sí que ahora que empieza el Mundial ya le dije a mi pareja que me gustaría verlo todo.
-Hay un problema ahí, porque ella va por España…
-Yo le digo que no tienen nada que hacer contra nosotros. Ella no es mucho del fútbol. Pero en España están pensando que pueden ser campeones. En el gimnasio donde yo estoy, siempre me dicen lo mismo. Yo les digo que lo mismo decían hace cuatro años y perdieron contra Marruecos. Ahí se les corta el rollo.
-Tu pareja se ve muy involucrada en cada pelea. ¿Qué papel juega en tu carrera?
-Es espectacular. Siempre le digo que hacemos un grandísimo equipo. Hace cuatro años que estoy con ella y a la única pelea que faltó fue mi debut. Pero más allá que esté o no en una pelea, es lo que hace antes y después. Está en los entrenamientos, intenta siempre mantenerme enfocado, es mi motivación. Cuando no tengo ganas de entrenar por la mañana, porque te pasa, ella está ahí tirándote la buena. Juega un papel fundamental. Ella está acompañándome en el sueño de ser campeón mundial.
-¿Se conocieron por el boxeo?
–Ella empezó con su padre en el gimnasio y nos conocimos ahí. Siguió por Instagram. Era muy amable, muy agradable y empezamos siendo amigos. Estuvimos así un año y medio. Todos decían que íbamos a terminar juntos menos nosotros, porque éramos muy amigos. El destino nos llevó y terminamos juntos. Su padre hacía boxeo y ella también iba a entrenar. Cuando nos pusimos de novios lo empezó a tomar más serio. Hizo cinco peleas en amateur pero ya después no peleó más. Se pone muy nerviosa, porque yo me tengo tanta confianza, tanta seguridad en mí mismo, que lo disfruto. No es que estoy sobrando al rival, pero ahí arriba juego mi papel. Si yo siento que bajando las manos puedo frustrar a mi rival, lo voy a seguir haciendo. Al final uno juega sus cartas para salir ganador de ahí arriba.
-Aclará que no bajas la guardia para ponerla nerviosa…
-¡No! Yo sé que ella la pasa muy mal. Pero yo le digo que disfrute, porque la carrera del boxeador profesional es muy corta y tenemos que disfrutar cada proceso. Esas cosas se acabarán y solo quedarán los recuerdos de haberlo disfrutado.






