Como dice el tango: la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser. Esto le pasa a Neymar a los 34 años.
La verdad, después de verlo 90 minutos en cancha a Neymar, debo decir que Carlo Ancelotti, el sabio italiano, tiene razón: no está para jugar el Mundial 2026 con Brasil.
Conserva la clase, la calidad, algún taquito, alguna pisadita, alguna gambeta, pero ya el cuero no le da. El físico no le responde. Ya no tiene la velocidad que supo tener antes, en Santos, en Barcelona o en PSG.
La jugada que lo demuestra es la última del primer tiempo en la cancha de San Lorenzo: se iba solo de 9, tenía que encarar, pero no pudo poner quinta ni sexta, remató de afuera y se fue desviada.
San Lorenzo fue superior y debió ganarle a Santos. Me gustó el primer tiempo del equipo de Gustavo Álverez: nueva idea, más juego, buen pie, toque, pero le faltó contundencia.
El Ciclón se encontró con un gran arquero: Gabriel Brazão. Y, en el segundo tiempo, ya no llegó tanto para ganar y llevarse tres puntos importantes.
Pero yo vine a ver a Neymar, vine a sacar mi conclusión, mi sentencia. Y esa es que el astro brasileño, lamentablemente, el Mundial lo va a ver por televisión.





