Luego del empate sin goles entre España y Cabo Verde que abrió el Grupo H, Uruguay inicia su camino en el Mundial 2026 este lunes desde las 19 en Miami frente a Arabia Saudita. En ese marco, más allá de lo estrictamente futbolístico, hay una escena que vuelve a repetirse y que ya se transformó en una marca registrada de la Celeste.
Una vez que termina de sonar el Himno Nacional uruguayo en la previa de cada partido, tanto jugadores como hinchas continúan cantándolo a capela, en una especie de ritual de comunión que se repite en cada presentación mundialista. Lejos de ser una puesta en escena, se trata de una tradición que nació de manera casi accidental y que con el tiempo se convirtió en símbolo de identidad.
El origen de esta costumbre se remonta a un partido de Eliminatorias entre Brasil y Uruguay, cuando una falla en la megafonía interrumpió la reproducción del himno en plena ceremonia. Ante ese imprevisto, los futbolistas y la parcialidad uruguaya decidieron terminarlo por su cuenta, cantándolo a viva voz como forma de respuesta colectiva. Desde entonces, la escena se repite como un gesto de orgullo y pertenencia.
Con el paso del tiempo, el ritual se consolidó como parte de la “mística celeste”. El himno uruguayo, uno de los más extensos del mundo en su versión completa, suele ser recortado por cuestiones televisivas durante la previa, lo que alimenta aún más esta práctica de completarlo después del pitazo inicial o en el cierre de la ceremonia. Así, entre la historia, la emoción y la identidad, Uruguay transforma cada partido en una expresión colectiva que trasciende lo deportivo.





