Estamos ante una debacle histórica. No hay otra forma de definir el rotundo fracaso de la Selección de Uruguay en este Mundial 2026. Quedarse afuera en la primera ronda compartiendo grupo con Cabo Verde y Arabia Saudita es, sin lugar a dudas, el punto final para el ciclo de Marcelo Bielsa al mando de la Celeste. Y lo más grave de todo es que la eliminación lleva su firma en cada una de las decisiones que tomó.
Uruguay tenía todo para clasificar. Con resguardar el cero en el último partido, avanzaba como segundo del grupo y se metía en los 16avos de final. Pero las locuras tácticas y el quiebre total con el plantel terminaron de sentenciar una historia que pintaba para ser protagonista y terminó en papelón.
El ciclo de Bielsa tuvo una constante: Sergio Rochet fue el arquero titular durante todas las Eliminatorias y el proceso previo. Sin embargo, en un giro incomprensible justo antes de la Copa del Mundo, el “Loco” decidió patear el tablero y devolverle la titularidad a un veterano Fernando Muslera.
Esa decisión le costó el Mundial a Uruguay. La acumulación de errores de Muslera fue lapidaria: se comió un gol contra Arabia Saudita, fue responsable en los dos tantos frente a Cabo Verde y volvió a fallar contra España. La insistencia en cambiar lo que funcionaba terminó dinamitando las chances del equipo.
Si faltaba una imagen para ilustrar el desastre, fue el momento exacto del último encuentro en el que Bielsa decidió sacar a Federico Valverde. El mediocampista del Real Madrid, capitán, referente y motor del equipo, tuvo que taparse la boca con la camiseta para ocultar los insultos dirigidos al entrenador en plena transmisión en vivo.
Esta eliminación marca un triste récord para Bielsa: es la segunda vez en su carrera que se despide de un Mundial en primera ronda. Sin embargo, este fracaso es muchísimo peor que el de Corea-Japón 2002 con Argentina. En aquella oportunidad, las figuras de la Selección (Ariel Ortega, Juan Sebastián Verón, Roberto Ayala, Gabriel Batistuta) lo respaldaron públicamente y hablaban maravillas de él.
Hoy, la realidad es diametralmente opuesta: se va de Uruguay peleado con los jugadores, enfrentado con los dirigentes, distanciado de los periodistas y repudiado por los hinchas. Se peleó con absolutamente todos.
A la luz de los resultados, el debate vuelve a instalarse con más fuerza que nunca. Durante años se ha intentado poner a Marcelo Bielsa en la misma mesa que a entrenadores campeones del mundo como César Luis Menotti o Carlos Salvador Bilardo.
Lo ocurrido en este Mundial demuestra que esa comparación le queda inmensamente grande. Un técnico sobrevalorado que, preso de su propia terquedad, dejó a una selección uruguaya con muchísimo potencial afuera en la primera de cambio.
Como dice el refrán, la desgracia de unos es la fortuna de otros. Uruguay debía empatar a cero para meterse como segundo y enfrentar a la Selección Argentina el próximo viernes en Miami. Al no poder ganarle ni a Arabia Saudita ni a Cabo Verde, Bielsa nos sacó un peso enorme de encima.
En lugar de un durísimo y desgastante Clásico Rioplatense a todo o nada, el equipo de Lionel Scaloni se enfrentará a la sorprendente Cabo Verde. Un escenario ideal que nos permite a los argentinos empezar a palpitar, con mucha más tranquilidad, el pase a los octavos de final.





