Volvió sólo por un rato y porque le quedaba cerca de su casa. Lo confiesa sin pudor Renzo Olivo tras ser eliminado del ATP Challenger TCA en Palermo, al caer ante Pedro Sakamoto por 6-4, 1-0 y abandono debido a un espasmo lumbar. Después de seis meses alejado de los courts por decisión personal, pensó que estaba listo para volver al menos en el país, pero el cuerpo le dijo que no.
“Hoy no me aguantó, uno se da cuenta lo que requiere el deporte cuando empieza a jugar partidos, la verdad es que pequé de pensar que por ahí estaba listo. La intensidad del partido no me lo permitió”, dijo en una entrevista con la AAT. “Como era en casa y justo se me iba el ranking protegido vine, quizás era un poco pronto para lo que venía entrenando, la idea era jugar uno o dos partidos pensando en Rosario para agarrar un poco de ritmo”, reconoció.

Renzo Olivo fue parte del equipo de Copa Davis 2016. Foto Renzo Olivo.
“Tenía ganas de jugar ya que hace muchos meses que estoy inactivo”, contó. En julio del 2025 anunció que se iba a tomar un respiro. “Yo me enamoré del tenis y no de la vida del tenis”, dijo en aquel momento. Siempre, en cada nota durante toda su trayectoria, reconoció que era muy familiero y que le costaba horrores estar lejos de Rosario, de sus tres hermanos, de su papá Antonio y su mamá Miriam.
Pero además le pesaron sus años lejos de casa: Renzo comenzó a jugar desde muy chico y a los 12 se alejó por primera vez de su hogar. “A los 12 me fui a Francia solo por cuatro años y fue durísimo, desarraigarme a esa edad me costó mucho y como que después quería estar tiempo en casa del que no estuve cuando era chico”. A esa edad, aún compartiendo camada con Diego Schwartzman, Andrea Collarini o Facundo Argüello, era número 1 del país en single y dobles.
Nunca le gustó mucho hablar de aquella experiencia siendo un adolescente para integrar el equipo de jugadores de la academia de Patrick Mouratoglou, en las afueras de París. No sabía el idioma y los primeros seis meses fueron tremendos para alguien de su edad.
En su carrera, sumó tres títulos Challengers (Santos y Buenos Aires 2016; San Benedetto 2019) y alcanzó el puesto 78 del ranking ATP en el 2017. Además, fue parte del equipo que Daniel Orsanic citó para jugar la inolvidable Copa Davis del 2016, en la que Argentina se consagró campeona por primera vez.
“Fue uno de los momentos más importantes de mi carrera, en el momento uno no lo disfruta mucho pero hoy mirándolo para atrás me cae la ficha, y pienso en ese viaje y le doy ese valor. Cuando me llamaron para jugar lo primero que dije fue si, no me importó nada y como argentino es sumamente especial, es el logro máximo para nosotros que somos tan pasionales. Yo fui parte del inicio, me siento parte porque fui perte del equipo, me hubiese gustado aportar un poco más”.

El mensaje que escribió en julio del 2025.
Ese año fue de grandes resultados (segunda ronda de Australia llegando desde la qualy, cuartos de final de Quito, las semifinales de Hamburgo, dos challengers). Al año siguiente alcanzó su mejor ranking y una victoria más que resonante al francés Jo-Wilfried Tsonga, por entonces 11 del mundo, nada menos que en el Philippe Chatrier, en Roland Garros.
Sin embargo, ese año cayó al puesto 144°, perdió la sonrisa y las ganas. En el 2018 estuvo por debajo del 500°. Lesiones, molestias, calambres. “Llegó un momento en el que no sabía cómo seguir. Estuve unas semanas apartado del tenis porque tenía una frustración muy grande. Me preparaba para un torneo y cuando estaba por jugar, me pasaba algo”, contó en aquel entonces, sin tampoco dar más detalles de cuestiones personales que lo afectaron.
“No voy a soltar el tenis. Estoy con fuego para seguir”, había dicho. El 2019 fue un año fuerte dentro del circuito de torneos Challenger. Y en el 2020 se animó a volver al circuito: primero en Córdoba, llegó a semifinales en Santiago y lo intentó en Roland Garros, superando dos partidos de qualy.
En los años siguientes alcanzó finales de Challengers en Ostrava (2021) y San Luis Potosí (2022); semis en Del Tronto, Salvador de Bahía y Concepción (2022), Lima y Piracicaba (2023), Temuco y Santa Cruz (2024) y hasta se metió en el cuadro principal de Indian Wells. Tras obtener el título ITF en el M25 de Orlando y caer en tres primeras rondas consecutivas después, anunció el parate.
“Hemos tenido lindos momentos y me dejaste cosas muy lindas, pero sería muy hipócrita decir que fueron más los lindos que los feos”, escribió sobre el tenis en ese entonces.
Volver o no volver
“Mi problema hoy en día es viajar”, reconoce. Por eso es que jugó en Buenos Aires y lo hará en Rosario, pero no quiere alejarse mucho más de su casa. Descansó en Pinamar, aprovechó a jugar al golf y ante la pregunta de si le dieron ganas de volver, dudó bastante en la respuesta…

Con Thiago Tirante jugando dobles. Foto Archivo.
“Ehhhhhhh, no sé, como que tenés esas ganas de competir, el día a día se me hace difícil, saber que me tengo que romper el traste entrenando hoy en día se me hace muy difícil, y viajar tambien. Tengo ganas de competir pero no del esfuerzo que requiere, no estoy dispuesto hoy en día mentalmente a negociarlo”, le respondió a Guillermina Naya, exjugadora de la Billie Jean King Cup y quien viene sorteando lesiones hace bastante tiempo.
“Para un nene no está bueno el mensaje, pero por otro lado está bueno saber con lo que se va a encontrar. Yo de chico jugaba al tenis porque me gustaba y venía de una familia cero tenis, no sabÍa con lo que me iba a encontrar, no sabía que se viajaba tanto. Yo era un apasionado del tenis y cuando empecé a viajar dije ‘uy, yo no elegí esto’. Te va pasando, es duro el trajín”, admite.
En esos seis meses de parate, reconoce que su vida a los 33 años cambió por completo: “El hecho de haber estado estable era algo que estaba buscando, se me fue el stress de los viajes, de entrenar, de organizar, nunca lo había vivido y fueron cinco meses desestresado y me volvió el stress ahora cuando vine a jugar acá. Lo había perdido y dije ‘uy no sé si quiero este stress de nuevo’. Jugaremos Rosario y después veremos qué pasa”.







