Noche mágica en el Estadio Monumental de River, que es la Casa Blanca del fútbol argentino. Había mucha mala vibra, mucha mala onda en los medios con respecto al partido de la Selección Argentina contra Burkina Faso, pero yo la pasé bárbaro.
Cantar “El que no salta es un inglés”, ver a los pibes. Me encanta. Me hace feliz. Yo lo disfruté mucho. Ver a juveniles como Nico Paz, que es un fenómeno que se está deslomando para ser el nuevo 10 de La Albiceleste, es fantástico.
También ver jugadores que van a Europa y se convierten en otros futbolistas, como Santi Castro, que en un par de minutos metió un bombazo en el travesaño y un zurdazo que le tapó el arquero. Ver el primer gol de Mastantuono en la Selección Argentina, ver al pibe Flores, ver a un Giay que se animó. Todo eso es genial.
También sigue siendo lindo ver a los consagrados. Ver la voracidad que tiene Lautaro Martínez, ver otro gol de Julián Álvarez, ver la clase que dio Enzo Fernández tocando todo en la mitad de la cancha, ver a Facundo Medina, que es un toro, ver la ovación a Dibu Martínez.
La verdad, esta Selección ya es parte de la historia del fútbol argentino. Entonces, verla en una noche en el Monumental, yo siento que para los jugadores es como unas vacaciones pagas.
Sí, los jugadores vienen al país, están con sus familias, están en el predio de Ezeiza, están con sus compañeros, el club les paga el sueldo y son unas vacaciones.
Por supuesto que los partidos se los toman en serio, pero son como unas vacaciones pagas. Y ver a este equipo siempre es lindo, siempre es motivante porque juegan en serio, como dijo Scaloni.
Así que, la verdad, buena vibra. Es La Scaloneta, eh. Es la Selección campeona del mundo que, para mí, junto a España, Francia e Inglaterra, sigue siendo una de las cuatro mejores del mundo.




