Primera consecuencia de la salida de Marcelo Gallardo de River Plate: el pueblo Millonario le soltó la mano al equipo.

Si, en Mendoza, la provincia más identificada con River, por naturaleza, no vendieron ni siquiera 5.000 entradas de las 15.000 que le había dado Independiente Rivadavia.

Otra cosa: toda la semana hablando de Marcos Acuña para que el Huevo juegue de esta manera, para que no ataque una vez en serio, para que nunca sea desequilibrante, para que no sea el jugador de la Selección Argentina que River fue a buscar.

Definitivamente, River se comió un verdadero garrón con Acuña. Y qué garrón se sigue comiendo River con Acuña, al que le paga un contrato europeo para que rinda menos que un pibe de las inferiores.

A River, en Mendoza, lo salvó Santiago Beltrán. El pibe, que ataja un fenómeno, lo salvó de otra derrota.

El plantel va a necesitar un gran Chacho Coudet para levantar a un equipo que, la verdad, no parece que sea River.

Así como en su momento, River volvió a ser River, este River no es River.