El padre del Messías, el hombre que tomó las decisiones que forjaron su carrera, el compañero, protector, consejero. El que lo cuidó desde que decidió irse a Europa, le negoció los mejores contratos, lo abrazó en cada gol y lo levantó en cada derrota. Y un golpe durísimo en un momento feliz: Jorge Horacio Messi falleció este sábado 8 de agosto luego de un delicado cuadro de salud.

Leo con sus padres Celia y Jorge. Foto Archivo.
El hombre podría haber elegido ser tapa de revistas y sin embargo prefirió siempre que fuera su hijo -nada menos que el mejor jugador de todos los tiempos- quien se llevara los flashes. Jorge Messi eligió acompañar a Lionel desde el silencio, manejar su carrera sin estridencias ni grandes declaraciones, ni siquiera en los pocos pero intensos momentos polémicos que vivió la Pulga, cuidarlo de los detractores a su manera, creando ese fuerte en el que el 10 pudo manejarse siempre cómodo y feliz.
Nacido en Rosario, se recibió de técnico químico y luego fue empleado de Acindar, una fábrica metalúrgica. El hombre de 68 años se casó con Celia María Cuccittini, con quien tuvo cuatro hijos: Rodrigo, Matías, Lionel y María Sol. El dinero no sobraba, había que pagar alquiler y al mismo tiempo el tratamiento hormonal que necesitaba Leo se iba a llevar gran parte del sueldo de Jorge. “La obra social sólo me reconoció el tratamiento durante dos años, el tercero ya era muy difícil…”, contó en una extensa entrevista con la revista alemana Kicker, una de las pocas que dio.
Leo había jugado en Grandoli -adonde lo había llevado su abuela Doña Celia-, donde Salvador Aparicio les pidió permiso para ponerlo en cancha. Matías y Rodrigo, sus hermanos mayores, ya jugaban allí y también en Newell’s, donde soñaba jugar Leo también. Corría recién el año 1994.
El mismo Jorge luego fue uno de los entrenadores de la categoría 87 y vio con sus propios ojos cómo su hijo marcaba la diferencia con el resto: “En ese equipo no digo todo, pero prácticamente todo lo bueno lo hacía él: los goles, las situaciones peligrosas, quien marcaba la diferencia fue él, quien sobresalía también fue él. Bueno, soy el padre, es mi hijo, no lo digo por eso, sino porque fue así”.
Ya en Newell’s, Jorge lo acompañaba en cada partido, pero ya mostrando un perfil ultra bajo. Ni siquiera cuando le tocó hacer jueguitos en la cancha el día que presentaron a Diego Maradona en el Coloso. Leo se lo tomó con tranquilidad, la misma que le transmitía el propio Jorge, aunque reconoció que con los años esa calma se convirtió en intensidad extrema para ver jugar a su hijo, al punto de tener que ver los partidos en soledad…
Cuando la Pulga tenía 13 años, sentados en familia decidieron armar las valijas: “Todos nos preguntamos: ‘¿Qué hacemos?’. Pensábamos en Italia, pero después surgió lo de España y el Barça. De opinar opinamos todos… nos sentamos en una mesa y decidimos juntos, toda la familia, los chicos también. Si mi hijo no hubiese necesitado ese tratamiento hormonal, no hubiésemos tenido tanta presión de buscar un club que lo pagara, que fue lo que al final nos llevó al Barça”, contó Jorge en aquella entrevista.

La familia Messi. Foto Archivo.
En Newell’s le habían prometido hacerse cargo, pero nunca sucedió. Tras el primer viaje a Barcelona a fines del 2000, Jorge decidió llevarlo a una prueba a River, para ver si provocaba una reacción en Rosario. Pero fue Carles Rexach, entrenador del Barcelona, el que se sintió presionado con tomar una decisión sobre el chico que la rompía toda y prometía ser la gran estrella que luego fue.
“Yo exigía al Barça que me dijesen qué hacíamos. Porque estaba con la incertidumbre en mi trabajo, Leo tenía sólo un permiso escolar determinado, no podía faltar más y no sabíamos qué pensaba el Barça. Tenía que arreglar un montón de cosas, por eso les exigí que me dijesen algo porque de lo contrario se cortaba todo”. Así de importante fue Jorge.
Jorge y Leo se fueron a España mientras en la empresa habían prometido esperarlo para ver cómo les iba en el Viejo Continente: en Acindar siempre hablaron muy bien de Peluca -así le decían-, y lo definían como trabajador, predispuesto y buen compañero. De alguien habrá sacado Leo esas mismas virtudes…
Aquella decisión terminó siendo la más importante de su vida, la de su familia y sobre todo de la carrera de Leo. “La suerte fue en el momento cuando se cambió la política del ‘uno a uno’ entre el peso y el dólar. Porque en 2002 volvieron mi esposa y los otros hijos a Argentina y yo me quedé con Leo en Barcelona. Con una mitad del sueldo español vivimos nosotros en Barcelona, y la otra mitad la mandábamos a Argentina. Pero recién después de la devaluación, mi señora y los otros hijos podían vivir bien de esa mitad que le mandamos. Eso sí fue la suerte”, explicó sobre aquellos años.
Pese al cambio de vida, Jorge siempre prefirió mantener ese hermetismo respecto a su vida, sus movimientos, sus viajes para estar cerca del capitán. Y siempre intentó ser ese lugar de reparo y respiro para Leo, aconsejándolo, guiándolo no sólo en su rol de representante y manager. Cuando le preguntaron si lo retaba, contestó con sinceridad.
“Si, claro. Y él nunca me dijo ‘yo ya tengo 25 años, soy mayor y el mejor futbolista del mundo’. Como le comenté, le dije a Lionel algunas cosas después del partido contra el Madrid. Sigo siendo el mismo como padre y que cuando fue su entrenador en Grandoli”.
De postear poco en las redes sociales, contadas apariciones públicas y mínimas entrevistas. Así se manejó siempre Jorge, con un hermetismo que sólo permitía ver lo que ellos mismos decidían. Una protección intensa para cuidar la intimidad de Leo y los suyos. Por eso, cuando decidía hablar, había que escuchar con atención.
Como aquella vez que, confirmada la salida de Leo de Barcelona tras el burofax, y en medio de un millón de rumores, su padre apareció en el aeropuerto de El Prat, mostrando su enojo y confirmando con apenas un “si” que el París Saint Germain era el próximo destino de la Pulga.
Siempre se encargó mucho más de desmentir episodios que de confirmarlos, cuidando a Leo de los rumores y las especulaciones. Pero además es el encargado, junto con su empresa, de manejar los negocios de su hijo: sus inversiones, gastos, contratos publicitarios y demás. También fue parte del acuerdo con el Inter Miami, con el que tiene una extensión de contrato hasta el 2028.
Para cerrar aquella entrevista, contó una charla con Celia, mamá de Leo. La Pulga apenas tenía 25 años en aquel momento, le faltaba mucho por jugar, por ganar, por disfrutar. “Le dije que el día que Leo no juegue más, creo que se me va a caer una ilusión y no voy a ver más al fútbol. Yo amo mucho todo lo del fútbol e imaginarme que Leo algún día no juegue más me impacta. Ni me lo quiero imaginar”.
Hoy a Leo le toca vivir sus días más duros, lejos de todo pero con el corazón al lado del hombre que lo guió y lo acompañó desde siempre.






