Pujato es un homenaje a Lionel Scaloni en toda su extensión. En el pueblo santafesino de 4 mil habitantes, ubicado a solo 40 kilómetros de Rosario, todo hace referencia al entrenador que llevó a la Selección Argentina a disputar dos finales consecutivas de Mundial.
Allí descansan los murales que lo honran y una calle que lleva su nombre desde la conquista en Qatar. Y allí también decidió regresar luego de la caravana que lo recibió en Buenos Aires y de pasar una primera noche en Ezeiza, a la casa familiar que habitan sus padres y que servirá para bajar unas cuantas marchas después de ocho partidos de ritmo vertiginoso y una segunda coronación que se frustró en la prórroga, ante España.
Bolavip visitó Pujato el mismo domingo de la final del Mundial 2026 y pudo corroborar que el pueblo latió al ritmo del DT durante cada uno de los 120 minutos y monedas que duró la definición. Todavía estaba en el aire la satisfacción del triunfo agónico ante Inglaterra, así como la reivindicación de la soberanía sobre Malvinas.
El punto de reunión para quienes eligieron no quedarse a ver los partidos en sus casas fue un bar de camioneros, otro de los grandes orgullos de un pueblo que es Capital Nacional del Transporte de Carga. Ahí también hubo un último festejo, incluso después de la derrota ante España, con la melancolía por el último del Leo rosarino y el deseo de que todavía haya otro más para el vecino.
“Obviamente se merece todos los homenajes posibles, pero ya hay una calle, ya hay dos murales… Él no quiere más murales, dijo que no quiere más nada. Entonces, yo creo que el mejor homenaje para él es venir a Pujato, como viene siempre, y estar acá con su gente”, dijo Cristian Córdoba, periodista del Canal 2 de Pujato.
Ese regreso se dio casi de inmediato, un día después de la llegada de la Selección Argentina al país, y la revolución en el pueblo fue incluso mayor que el domingo de la final. “Ni en mis mejores sueños hubiera pensado llegar hasta acá. Es mérito de los jugadores y del apoyo del cuerpo técnico”, dijo el DT poco después de emocionarse hasta las lágrimas ante el grito de “Leo no se va”.






