Su teléfono empezó a sonar como nunca. Desde Suiza intentaba explicarles a los periodistas argentinos que no tenía idea si era él o no. Porque, además, su personaje de la serie de TV se llamaba Fernando y no Raúl, y todavía no había podido ver los capítulos como para saber a ciencia cierta si estaba inspirado en él. Ahora sí los vio, y se lo cuenta a BOLAVIP desde su casa en Locarno.
“Yo sabía que había salido hacía una semana la serie de Carlitos. Y pensé: ‘Bueno, ya la voy a ver’. Y a las dos, tres semanas, me empezaron a llamar. Y les digo: ‘Miren que yo acá no la pude ver todavía, la tengo que ver en YouTube, en capítulos, ver lo que va saliendo. Si no la veo, no puedo decir. Y después, cuando empecé a ver los capítulos… Muchos decían que ese Fernando era Fernando Gago, pero no. Después, a través de un periodista que llegó a él, le preguntó y él me nombró a mí. Pero ya más o menos todo lo que venía viendo en la serie era lo que yo había vivido con él. Entonces digo: soy yo, porque nosotros éramos los dos únicos de Boca que estábamos en esa Selección“.

Osella con la Copa del Mundo en Suiza. Foto IG.
Raúl Osella atiende el teléfono desde su casa en Suiza donde está instalado hace varios años, antes jugando al fútbol, ahora trabajando y disfrutando de la vida del otro lado del mundo. Esa tranquilidad que allá por el 2019 se vio interrumpida por una catarata de llamados telefónicos. Hoy, a la distancia, se divierte recordando cómo de un día para el otro recordaron a ese marcador de punta que apenas jugó un partido oficial en Boca pero que gracias a la serie de Netflix de Carlitos Tevez (Apache, 2019) se volvió famoso.
“Sí, yo me reconocí. Aunque no es mi nombre, pero en la serie el único nombre real, el verdadero, es el de Carlitos, y los otros nombres son ficticios. Pero todas las cosas que se van dando, sí. Cuando Carlos va comer a la casa de ‘Fernando’, él vino a comer a mi casa, a Morteros, viajamos un fin de semana… Yo me acuerdo de todo”.
Es que habían pasado muchos años desde que no tenía contacto con Tevez, su amigo de Boca, el que conoció durante un amistoso cuando desde Córdoba se había ido a probar al club y lo habían fichado. Aquellos años de pibes, donde forjaron esa relación y compartieron experiencias y vivencias y que, a la hora de contar su vida para una ficción, Tevez eligió para repasar su vida.
“A Carlitos lo conocí antes, en el transcurso en que yo me probé en Boca, que fue en el 1996 creo. Yo fui con una categoría que era la Infantil, la PreNovena, y estaban Ramón Maddoni y Osvaldo Coloccini, que eran los entrenadores. En ese grupo estaba Carlitos, eran todos chicos de Buenos Aires que venían jugando en las infantiles, y nos fuimos a Brasil, a un torneo. Y ahí lo conocí, ya quedé muy contento con él y después cuando yo ya fui a la pensión, ahí empezó la relación más cercana”.
-Y ahí ya pasaste a jugar en Boca y ser su compañero en Inferiores…
-Después de ese torneo de Brasil, a algunos ya nos dijeron ‘miren que ya se van a quedar acá en Boca’. Yo ya había hablado a Carlos, le había preguntado. ‘¿Vos estás?’. Sí, sí, yo estoy. ‘Ah, bueno, entonces nos vamos a ver’. Y quedó así. Luego volví a Buenos Aires, me fui a Córdoba y al mes, mes y medio vuelvo a la pensión… Yo pensé que él estaba ahí. Yo entré y todos los chicos que llegaban con bolsos, eran de otra categoría y yo no conocía a nadie. Y cuando vamos a entrenar, lo veo y me tira “Uy Raúl, qué hacés”. Y ahí empezamos a hablar y como que entramos muy en afinidad.

Osella y Carlitos cuando de reencontraron en Italia. Foto Archivo.
“Y después lo que más nos unió era porque jugábamos juntos en Boca e íbamos a la Selección juntos. En un momento, creo que era toda la Novena de Boca que estaba en la Selección. Y después fueron descartando y los únicos que quedamos fuimos Carlitos y yo. Los dos de Boca íbamos al hotel juntos, viajábamos juntos, nos sentábamos juntos. Todo juntos. Y después cuando llegó el Sudamericano fuimos los dos. Después del Sudamericano, yo me operé de pubalgia, él se operó de la hernia y volvimos juntos también a la Selección para el Mundial. Fue todo, todo juntos”. En aquel Mundial, además, finalizaron terceros.
-Ese era el Carlitos más puro, antes de pegar el gran salto a Boca y al exterior…
-Si, con la inocencia que teníamos, muy chicos, era el Carlitos del barrio. Nosotros no nos íbamos dando cuenta de lo que iba a pasar. Íbamos a la Selección, vivíamos el día a día. El fútbol te va llevando así, uno que está dentro no se da cuenta lo que va viviendo, vas viviendo las cosas. Pero sí, el Carlitos que todos conocen, humilde, como todo chico de barrio.
-Pero ya se le notaban algunas cositas…
-Hacía diferencias ya, mucha. Tenía compañeros que hacían diferencia, pero a lo que era Carlos, mucha diferencia por demás. Es más, hasta cuando hemos jugado con la Sub17, hicimos un partido, o mitad de tiempo, con la Mayor. Y vos lo veías y los encaraba, encaraba a Ayala, a Samuel, como si me estuviese encarando a mí. Todos como que se miraban y se sorprendían de lo que era el pibe y tenía 17 años. Era una bestialidad con la fuerza que ya demostraba en esa época.
-¿Siguieron en contacto?
-Carlos después de que se fue a Brasil, más tarde se fue para Inglaterra… Tuvimos contacto cuando él vino para Juventus, pero que él haya contando esas cosas y que me nombre a mí en la serie ¡muy loco! Que se acuerde él, después de todas las cosas que vivió, todas las cosas que ganó, los mundiales y todo, que se acuerde de esas cosas puntuales que hemos vivido cuando teníamos 17 años, 15 años… En ese momento vivíamos las cosas igual los dos. Es más, después de 10 ó 15 años, cuando él vuelve a la Juventus, a Turín, yo estaba acá en Suiza, en Locarno, y un amigo le manda un mail a la Juventus contándole que soy yo, Raúl, que me quería poner vuelta en contacto con Carlitos, y le manda un teléfono. Y ese email se lo pasan a Carlitos y al otro día Carlos me llama personalmente a mí. Yo veía el número y era de Italia, ¿quién será? Lo dejé sonar un par de veces. Y cuando atiendo era él. “¿Qué pasa que no atendés el teléfono, estás agrandado?”, me dice él a mí. Y ahí empezamos a hablar, nos vimos un par de veces. Él conoció a mi familia, a mi hijo, y revivimos un poco lo que habíamos vivido antes.

En la serie era “Fernando”, pero Carlitos hablaba de su amigo Raúl. Foto IG.
-¿Fue raro verte en TV?
-Sí, un poco raro fue. Decía “ah, mirá, yo hice eso con Carlos, vivimos esa etapa con Carlos. Uh, mirá, me acuerdo que habíamos hecho esto”. Era tal cual, más o menos, lo que yo había vivido a los 17 años. Y fue algo raro. Fue algo raro, pero lindo, porque me recuerda el lindo el momento que hemos vivido juntos.
-¿Te acordabas de todas esas situaciones de la serie?
-Uff… No, no me recuerdo todas. Pero sí que estábamos en la Selección, que estábamos juntos. Lo que pasó es cuando fallece el amigo de él de Fuerte Apache sí, porque estábamos en Trinidad y Tobago, que era el Mundial y yo estaba con él en la habitación. Y después de comer yo vuelvo a la habitación y vi que no volvía, no volvía, no volvía y el padre que estaba ahí, Segundo, le comenta esto que había fallecido.
Una de las historias por las que se identificó con el personaje de Fernando ocurrió en la Selección, una noche en la que Raúl y Tevez se escabulleron en la cocina del predio de Ezeiza para llevarse helados: Osella se cruzó con Miguel Angel Tojo y con Hugo Tocalli, y les dijo que Carlitos estaba en la habitación. No hubo más testigos y por eso es que el exBoca se reconoció en la serie.
“Quedó como una anécdota famosa pero fue una travesura de chicos. Me acuerdo, me viene a la imagen a la mente, que era en el predio viejo de la AFA. Era de noche, una travesura de chicos nada más”.
Dice que hace mucho que no habla. No le gusta molestar. “Siento que si uno llama es porque necesita algo. Pero yo soy de Morteros, en Córdoba y él está en Talleres, voy a ver si cuando vuelva a la Argentina, tengo la posibilidad de irme para Córdoba capital y encontrarnos. Desde que él estaba acá en Juventus que no lo vi más. No tuve más contacto. Y pasó un montón de tiempo”.
-¿Cómo lo ves como entrenador?
-Bien, la verdad es que me sorprende porque cada cosa que agarra, la agarra en situaciones que no están bien y las saca adelante. En Independiente agarró lo que nadie quería agarrar y lo sacó adelante. En Central también, que estaba en un momento jodido, lo sacó adelante. Ahora con Talleres también. Lo veo bien, lo veo bien. Y como declara también. En las conferencias de prensa está muy seguro de lo que él quiere y lo que pretende. Y como juega también, porque es la mentalidad que él tiene, a lo mejor él quisiera hacer otro sistema u otra forma de jugar, pero él se tiene que acomodar a lo que tiene. Y ahora en Talleres, como él declaraba, le faltaba el gol, faltan delanteros, pero se la está rebuscando y están obteniendo resultados.

Aquel Juvenil donde también estaban Mascherano y Zabaleta. En el plantel también estaba Maxi López, Marcos Aguirre y Rubens Sambueza. Foto archivo.
Boca, Suiza y Messi
Osella vive en Suiza y su amor por el país comenzó cuando estaba en Boca… pero en las Inferiores. En esa época, bajo la órbita de Jorge Griffa (fallecido en enero del 2024), Boca contaba con un selectivo que viajaba por el mundo participando de torneos a los cuales invitaban al club a participar. Fueron años de viajar por el mundo representando al club y Osella lo recuerda a la perfección.
“Me acuerdo que una vez estuvimos como un mes. Creo que eran 28 días que vinimos acá. Estuvimos en Italia, en Suiza, y fuimos a uno o dos partidos en Alemania. En esos 28 días creo que jugamos 22 partidos. Me acuerdo que terminamos un campeonato en Italia, fuimos al vestuario, nos duchamos, buscamos los bolsos en el hotel, viajamos, era acá cerca, habíamos pasado para Suiza, dormimos en el hotel y al otro día empezaba el campeonato en Suiza”.
“No sé si era normal o no, pero me acuerdo que en esa época se viajaba mucho. En Argentina se seguía jugando todavía, porque quedaban tipo el remanente. Ese selectivo venía para acá y las categorías allá seguían jugando. Venían a Bellinzona, muchos años, a jugar en la época de Pascuas, el torneo de Zurich, creo que Boca sigue viniendo, es un campeonato que hace la FIFA con todos los clubes”. Boca le hizo conocer el mundo viajando por todos lados. Y casualidades o no, terminó viviendo en uno de esos países.

Aquel Boca con muchos debutantes. Osella, con el 41 al lado de Caffa. Foto Archivo.
Sin embargo, la etapa en Primera duró poco. Jugó apenas un partido, aquel famoso 7-2 en el 2003 cuando Boca fue al Gigante de Arroyito con un equipo repleto de suplentes porque los titulares se quedaron en Buenos Aires celebrando la obtención de la Copa Libertadores. Además de Osella jugaron Matías Silvestre, Gustavo Eberto, Mauro Boselli, Juan Pablo Caffa y como “refuerzo” Héctor Bracamonte.
“Bianchi decidió ese día que los jugadores celebren en la Bombonera. Y los Juveniles viajamos a Rosario a jugar. Yo ese viernes me iba a ir a mi casa, porque llovió y no se jugaban las Inferiores. Me estaba yendo y me dicen ‘no, mirá que mañana entrenás con Primera y el domingo jugás contra Rosario Central‘. Fue todo de un día para otro, yo nunca había entrenado en Primera, nunca había ido a Reserva, nada. Debuté sin haber entrenado, nada. Y éramos todos de diferentes categorías, había jugadores que eran 83, 84, había algunos que ya habían estado en el plantel de Reserva, como creo que estaba Bracamonte, Fabbro, Barbosa, que ya habían estado en el plantel de Primera, ya tenían alguna idea de jugar en Reserva. Nosotros salimos al estadio y vimos esa hinchada y dijimos ‘qué hacemos acá'”.
-Nunca habías jugado en un estadio…
-Nunca habíamos vivido esa sensación. No, no, fue algo increíble. La experiencia esa, a pesar del resultado, no me lo olvido más. Uno sueña siempre con que el debut sea de otra forma, ¿no? Te vas metiendo de suplente, vas viviendo el ambiente de partido, al otro partido te ponen los últimos 15 minutos, te van llevando de a poco. Es más, nosotros cuando volvíamos dijimos “pasó lo que pasó, no es que vinimos acá a perder 7-2, pero las cosas se dieron así, disfrutemos de este momento, agachemos la cabeza y metámosle para adelante”. Me hubiera gustado tener otra posibilidad más, tener algunos partidos más en Primera para decir “no me quedo solo con ese partido”. Pero se dieron así las cosas.

Osella en Suiza. Foto IG.
No hubo más chances de jugar en Boca. Fue al banco en un partido de verano, en plena pretemporada. Y cuando Bianchi se va del club, y llega Miguel Angel Brindisi, aparece su primera chance de irse. Aún hoy duda si fue la decisión correcta. “Yo sin saber, dije que sí, me voy, y está bien, se logró el campeonato allá en Rosario con Tiro Federal, el ascenso a Primera. Pero siempre me quedó la espina de si habré tomado bien la decisión de irme de Boca. Era muy chico, tenía 20 años. Un pibe era. Son experiencias que uno vive“.
Ese famoso embudo en el que los jugadores que suben de las Inferiores se encuentran con los refuerzos que llegan antes de cada campeonato y la sensación de que ya no habrá chances de jugar con la azul y oro. Dice que se fue demasiado rápido de Boca y después, una vez que asciende con Tiro, sin tener tampoco demasiados partidos, decide irse justo cuando las puertas para jugar se volvían a abrir. Estuvo un tiempo en Italia, en el Galbiatese Oggiono hasta que pisó Suiza otra vez, como cuando era un Juvenil de Boca.
Llegó al Locarno y ahí todo empezó a cambiar. Tuvo alguna chance de llegar al Grasshopper, pero decidió quedarse, quizá por aquella experiencia previa de haberse ido demasiado rápido de otros lugares. Se transformó en su lugar en el mundo: hace nueve años que vive ahí, sus hijos son suizos y él desde hace años que trabaja en una empresa, algo que empezó cuando todavía era jugador.
“Cuando me vengo del Locarno, me llaman de este club de acá, como era amateur, me dijeron acá tenés que trabajar y jugar. El presidente del tenía una fábrica, una empresa, empecé a trabajar ahí y jugaba. Y ahí estuve ocho años hasta que dejé de jugar, a los 37, 38″.
La empresa, una de las más grandes del mundo, fabrica máquinas de café. En su sector se dedican específicamente a las máquinas de Starbucks, la cafetería que está en todo el mundo. “Vos vas a tomar un café a Starbucks en cualquier lugar del mundo y esas máquinas las hicimos nosotros acá. Estoy en ese sector hace tres años, me formé, me capacité y ahora estoy en la parte final del proceso, en el testeo para que todo esté correcto y ya enviarla adonde la pidan. La enchufo, la chequeo con la computadora, mido la temperatura, todo eso”.
Igual, dice, no es tan fanático del café. Aunque ahora en Suiza está la moda de que todo tenga gusto a mate: bebidas frescas, chocolate con gusto a mate. El, como buen cordobés, dice que prefiere el mate amargo. Porque mantiene las costumbres y no por nada en su trabajo todos lo conocen como Messi. El no anda contando por ahí que jugaba al fútbol, que jugó en Boca, pero ya lo bautizaron. No se llama Raúl, es Messi Osella. Así lo anotan en las planillas, así le dicen todos. Así el se sigue sintiendo argentino del otro lado del mundo.




