Se termina la gira americana de la Fórmula 1 y el cierre no podría ser en un escenario más épico: el histórico circuito de Interlagos, en San Pablo. Una pista que garantiza sobrepasos, velocidad a fondo y la siempre latente amenaza de lluvia que le pone un picante extra a la definición. Pero para Franco Colapinto, este fin de semana trasciende lo deportivo: es su carrera de casa.
A falta de un Gran Premio en Buenos Aires, la marea de hinchas argentinos que viaja a Brasil convertirá a Franco en el piloto más local de la parrilla, incluso a la par de Bortoleto o el debutante Camara.
Esto representa un arma de doble filo: por un lado, el empuje anímico y el amor incondicional del público; por el otro, una agenda colapsada de compromisos con patrocinadores, activaciones, medios e invitados. El mayor desafío del argentino será mantener la claridad mental para dividir sus tiempos y enfocarse en sacar el máximo potencial del auto cuando baje la visera.
La Fórmula 1 se vive en Disney+
Alpine da vuelta la página y sueña con una carrera loca
En cuanto a los despachos, hubo una decisión fuerte: Alpine no apelará la sanción que dejó a Colapinto sin puntos en México. El plazo venció y, al no haber pruebas nuevas y contundentes para presentar ante la FIA, el equipo decidió que lo hecho, hecho está. Hay que dejar de ver fantasmas y enfocarse en lo que viene.
Desde lo técnico, Interlagos es un circuito que le cae como anillo al dedo a Alpine. El monoplaza suele ir bien en las rectas largas y curvas de media o alta velocidad, sufriendo menos que en aquellos trazados donde la exigencia de tracción castiga los neumáticos traseros.
Sabiendo que el quinto puesto en el campeonato de constructores parece casi inalcanzable, la escudería necesita que el domingo pasen cosas: lluvia, banderas amarillas, autos de seguridad o choques en la punta. Si Franco logra clasificar bien, cuidar las gomas (se prevén dos paradas) y aprovechar su tremenda destreza en las largadas, un top 10 es más que posible.
Espacio Checo Pérez: qué pasa en Cadillac y los rumores de venta
Mientras Checo Pérez demuestra en pista por qué es el líder absoluto de Cadillac, dándole una paliza a Valtteri Bottas a lo largo de todo el año, el equipo atraviesa un sismo institucional. La franquicia está a la venta por 3.000 millones de dólares. ¿El motivo? El empresario dueño de la pata privada de la escudería (asociada con General Motors) enfrenta graves problemas judiciales en Estados Unidos por un sistema de préstamos ilegales.
Para solventar sus deudas, este magnate ya tuvo que vender a Los Angeles Lakers por 12.500 millones de dólares y desprenderse de su 9% de acciones en el Chelsea. Ahora, la Fórmula 1 es su próximo activo a liquidar.
En medio de esta incertidumbre, lo único claro es el interés por sumar a Colton Herta: el estadounidense volverá a subirse al auto en la Práctica 1 con el objetivo de superar los 100 kilómetros (22 vueltas) para sumar el último punto que le falta para obtener la Superlicencia. Todo indica que puede ser el compañero de Checo en la próxima temporada.
Ferrari: una guerra civil con talento de sobra
En la parte alta del campeonato, con Andrea Kimi Antonelli ya celebrando su título y Max Verstappen rindiendo a gran nivel con Red Bull, el gran drama se vive en Maranello. Ferrari tiene un auto ganador, pero atraviesa una crisis de poder feroz.
La guerra interna entre Charles Leclerc y Lewis Hamilton ya pasó de las palabras a los hechos, costándole a la escudería un 1-2 seguro en México tras el choque entre ambos. Esta situación está obligando a Fred Vasseur y a todo el cuerpo de ingenieros a tomar partido por uno de los dos pilotos, resquebrajando el clima interno.
Con un McLaren que parece haberse estancado en sus actualizaciones y la salida confirmada de Esteban Ocon de Haas para lo que resta del año, Ferrari tiene pista libre para dominar, siempre y cuando sus propios pilotos no se conviertan en su peor enemigo.







